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Análisis de Dorfromantik (PC)

En alemán Dorfromantik, gracias google, significa algo así como romance de pueblo. Buen resumen para una propuesta que básicamente orbita entorno a eso: al amor por los pueblecitos. Pequeñitos en este caso. Como de maqueta. O mejor aún, de juego de mesa. Porque eso es esta obra de Toukana Interactive, un juego de mesa digital para una persona. Concretamente uno de colocación de losetas (en este caso “hexes”, piezas hexagonales) que fundamenta toda su estrategia en expandir distintos tipos de terreno: casas, bosques, vías ferroviarias, ríos y plantaciones.

La mecánica es muy sencilla: el jugador parte de una pila inicial de losetas que debe ir colocando sobre el tablero por orden de aparición. Si hace coincidir el tipo de terreno de la loseta con el que ya hay colocado en el tablero, este se expandirá. Unos árboles pueden convertirse en un pequeño bosque y de ahí pasar a ser una gran extensión forestal. Un pequeño cauce de agua se transforma en un río para posteriormente prolongarse en una enmarañada red fluvial. De un par de casitas solitarias podemos terminar construyendo un enorme poblado, abarrotado de viviendas. Y así. La cosa está en que el juego nos va proponiendo pequeñas misiones que podemos intentar satisfacer: requisitos numéricos que funcionan como objetivos lúdicos y que, de ser cumplidos, nos desbloquean nuevos elementos paisajísticos (trenes y botes que surcan los canales, molinos, arcos) y permiten que nuestra pila de losetas en reserva se haga mayor, de modo que la partida se dilate y podamos conseguir más puntos.

Pero ojo, ese no es el propósito de Dorfromantik, que antepone lo sensorial a lo instrumental. Lo estético a lo competitivo. No se trata de alcanzar logros. O por lo menos no si eso va a entorpecer el disfrute casi zen que propone Toukana. Aquí no hay tensiones, ni la necesidad de poseer ningún tipo de skill o habilidad motora: las piezas pueden rotar sobre sí mismas y ser colocadas donde convenga, poco más. Sí invita a un cierto planteamiento estratégico y a una reflexión del espacio arquitectónico, la necesidad de armonizar la construcción con el paisaje y la naturaleza expansiva de la vida vegetal, humana y geológica. Pero esas son consideraciones y decisiones que debe tomar el jugador que puede limitarse, si lo prefiere, a extender su territorio de la manera que más le guste, simplemente disfrutando del delicado gamefeel, del arte y la música relajante. Para ello Dorfromantik brinda distintos tipos de juego, desde el clásico hasta uno creativo, libre de objetivos.

Dorfromantik es, en fin, puro slow game. También una de esas obras videolúdicas que colindan con el concepto de juguete. Y especialmente es un auténtico elogio de la tranquilidad y de una minuciosidad que queda reflejada tanto en su bellísima factura técnica como en su implementación mecánica. Un elegante ejemplo de contención, game design minimalista y buen gusto estético que demuestra que a menudo la humildad (ojo, esto nació en una Ludum Dare de la mano de cuatro estudiantes) no está reñida con resultados verdaderamente trascendentes. Fue el año pasado el centro conceptual del magistral Unpacking y nos lo vuelve a recordar esta temporada Dorfromantik: con tan poquitos elementos pero todos ellos tan bien diseñados, ¿quién necesita más?

Trailer de Dorfromantik

Dorfromantik: gozada a fuego lento
  • Xavi Roldan
4

Por qué jugar a Dorfromantik

Toukana Interactive nos invita a la relajación con un juego-juguete aparentemente intrascendente pero que esconde un diseño sólido y elegante, un apartado técnico precioso y un irresistible poder de seducción.

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