Conexión Marsella: Crítica (La French)

Conexión Marsella

Cuando un servidor vio esta película, la que estaba en boca de todos era La isla mínima. Por lo que este servidor estableció un mínimo paralelismo entre aquélla y Conexión Marsella, o La French, o The Connection. French. Connection. Sí, más pistas imposible: la película de Cédric Jimenez (primera en solitario) es The French Connection desde el otro lado del globo. Y la comparativa a la que me refería antes: se parecen tanto como un huevo a una castaña, pero en ambos casos se ve perfectamente qué objetivo y referentes (formales y argumentales) sostienen el cotarro, y aun así, funcionan. Porque en su momento, vaya si funcionaba Conexión Marsella.

El problema es que ha pasado un año y medio desde entonces y ahora toca equiparar el thriller galo con otras dos películas: Black Mass y El clan. Porque, lamentablemente, toca volver a hablar de una película que entretiene pero no alimenta, un cúmulo de fotocopias bien hechas, de calidad, un dechado en su género… pero sin el menor ápice de originalidad. Es injusto, pero es el problema al que se enfrentan cintas que tardan años en estrenarse. Tocará evadirse de la cartelera actual y extraer las bondades que en su día sí le vimos, pero es de esperar que el espectador que acabe de ver las dos propuestas recién mentadas, salga de Conexión Marsella algo desesperado.

Los mecanismos del film son sencillos: la eterna lucha del bien contra el mal personificados en dos actores en estado de gracia (Jean Dujardin y Gilles Lellouche) y ubicados en un marco real, como es el del desmesurado contrabando de droga que tenía lugar en Francia a mediados de los 70, llegando a afectar a los Estados Unidos. Es de suponer, en otras palabras, que al tiempo que Gene Hackman combatía a los traficantes por allí, el de The Artist trataba de frenarlos en las costas marsellesas. Después entran en juego otras piezas, con la vampirización de él por el trabajo a la cabeza, junto a las ambigüedades morales de uno y otro (y de la relación que los une), etcétera. Pero en esencia, estamos ante un thriller repeinado pero con músculo, complicado pero sólo en apariencia (y por tanto alargado en exceso, todo hay que decirlo), y formalmente impecable. Pero ya visto.

Es su mayor lastre: Jimenez es incapaz de darse a descubrir como director con ideas, sumergido en un sinfín de recursos formales robados con descaro a Scorseses, De Palmas y demás, mientras la banda sonora acompaña recopilando reconocibles hits de antaño. Falta frescura y sobran excesos (ese travelling circular alrededor de la mujer se lleva la palma) que no conducen a ningún sitio. Pero eso sí, como mínimo la sensación de gran cine no desaparece en ningún momento, ayudada por la excelente ambientación que se gasta, la interpretación y caracterización de sus protagonistas, y todos los detalles técnicos que influyen en el montaje final de un film. No cabe duda de que Conexión Marsella ha sido un esfuerzo titánico y quizá sea justamente por ello que no arriesgue lo más mínimo.

Dicho lo cual, volvamos al presente, momentos de saturación por falta de ideas: en entretenimiento barre de un plumazo al mucho más soso thriller con Johnny Depp de protagonista; como tamaño vence a la gran esperanza argentina para los Oscar; pero cruza la meta mucho más tarde que ambas. ¿Solución? Allá cada espectador y su paciencia. Yo la disfruté enormemente, aun consciente de que no me estaba aportando absolutamente nada.

6,5

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