Contracted: Phase II: Crítica

Contracted: Phase II

Pues así estamos: hey, ha salido una película hecha con dos duros que está mínimamente bien. Nada del otro mundo, tan sólo por encima de la tremebunda media. Qué bien, eso que nos llevamos, piensa el más inocente. Qué bien, forcemos secuela, dice el gerifalte cinematográfico. Así que nada, marchando un encargo, y a embolsarse cuatro duros (no muchos más) mediante explotación del mercado doméstico. Por el camino se pierden director y guionista de la original, y se borran de un plumazo los valores que aquélla pudiera tener, pero, ¿qué más da? Más o menos independiente, con mayor o menor presupuesto, la industria del séptimo arte funciona igual para todos. Ya digo, Contracted tampoco es que fuera ninguna maravilla, pero se trataba de un proyecto que tiró para delante Eric England (director y guionista) con la voluntad de sacarse de la manga una película de terror de serie B consciente de sus límites y con ganas de contar algo. Un argumento cerrado pese a los cabos que dejaba voluntariamente por atar, y que son los que han servido de excusa para que aparezca ahora Contracted: Phase II, dirigida por el debutante Josh Forbes, escrita por el debutante Craig Walendziak, y lo suficientemente desastrosa como para alterar cualquier recuerdo positivo que pudiera uno albergar de la phase I

¿Su problema principal? Que no tiene ningún sentido. Así como la primera quería ser una juguetona alegoría tanto sobre el riesgo del sexo sin precauciones, como sobre la mujer y los cambios físicos y mentales de su juventud, aquí el protagonista es masculino (Matt Mercer) y ya se sabe que el hombre, panza al margen, de cambios pocos. Erradicado el factor de la diferenciación, queda una burda fotocopia sobre un contagio zombie, y como la cosa a estas alturas ya no da para un largometraje, se incluye con calzador una investigación policial sobre un contagiador profesional, que siembra el pánico por las calles. Lo importante es llenar minutos, sin preocuparse por desarrollos de personajes, o por hilvanar cierta estructura para que la película no vaya de un lado para otro como pollo sin cabeza (igual que sus personajes y las decisiones absurdas que van tomando). Desde luego que no ayuda el aburrimiento supino de Mercer, incapaz de transmitir sensación alguna hacia el espectador. Pero es la indefinición del film en sí, la que lo condena a la defenestración.

Contracted: Phase II

Su argumento no acaba de decantarse entre el autoremake (los tres días de los efectos del contagio) y la caza a un malote que es la imitación barata de CSI: revela fotos en sótanos, y graba audios amenazantes, tortura a sus víctimas, es calvo… Por su parte, el tono ya no es tan paródico y, pese a que a veces recurra a un humor que nunca funciona, parece buscar una mayor relevancia que desde luego no necesita. En conjunto, se le restan enteros al entretenimiento: no hay nada que no hayamos visto ya en la anterior entrega, todo se desarrolla con una lentitud mayor y a base de pasajes cuya condición de relleno apesta desde la distancia. Hay un par de escenas especialmente aprensivas en lo visual, pero llegan demasiado tarde, han sido precedidas de un sinfín de desagradables efectos audiovisuales (desenfoques, sonidos chirriantes, como único recurso para hacer evidente el sufrimiento del protagonista) y preceden a una conclusión que es un desastre en toda regla.

La inoperancia de Forbes tras la cámara se hace aún más palpable cuando la cosa se supone que se anima, aunque sea mediante la vergüenza ajena (y es que hablando de inoperancias, la del guion no tiene nombre), y sólo consigue empeorar una Contracted: Phase II que hasta ese momento ha sido fea, aburrida (y dura hora y cuarto), torpe y repetitiva. En sus últimos minutos, es directamente insultante: opta por no resolver nada, tan preocupada está por seguir estirando el chicle abriendo descaradamente la puerta a secuelas que en teoría irán sobre otro malo malísimo dispuesto a sembrar el caos… ¿Pero esto no iba de una chica que experimentaba algunos cambios? Adiós a la identidad, a la esencia, y de paso al buen gusto cinematográfico.

1/10

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