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Crítica de 2020 (documental de Hernán Zin)

La urgencia ha querido que Hernán Zin estrene en tiempo récord su nuevo documental-arma arrojadiza, titulado 2020. Urgencia por echar toda la luz, esa que algunos se empeñan en oscurecer, sobre lo que ha pasado en España en general y Madrid en particular, desde que a finales de febrero del propio 2020 empezaran a darse positivos por Covid. Una situación dramática que se ha vivido, se sigue viviendo, y probablemente se vivirá, mientras auténticas y auténticos idiotas sigan teniendo potestad de decisión (y mientras otros imbéciles echen más agua al fuego). La península ibérica ha sido una de las geografías que peor ha gestionado la pandemia, por la falta de infraestructuras, de economía, de conocimiento… pero también porque mequetrefes con demasiado poder han ido negando la evidencia y escurriendo el bulto todo lo que han podido, y más. Vamos, que todo lo que Ayuso ha hecho ver que no iba con ella, es lo que muestra Zin metiéndose, con su cámara en mano, en hospitales, residencias y cementerios.

El documental 2020 se centra en la primera mitad del año, en la primera ola. Siguiendo a un/a médico/a, un/a familiar, un/a paciente o un bombero, Zin va enarbolando la historia de la pandemia a través de las vivencias de cada una de estas personas, sin cortarse demasiado a la hora de invadir su privacidad. Y es que sólo entrando en la sala en la que Rubén lleva más de cincuenta días ingresado, se pueden ver las condiciones en las que se encuentra el hospital entero. Sólo compartiendo un día de trabajo de un equipo médico o de bomberos, es como se descubre la realidad por la que han pasado día tras día tras día, desde que empezó todo. Diga lo que diga el/la político/a de turno desde la comodidad de su casa.

Esta serie de documentos otorga un valor incalculable a la película. No es que revele nada que no sepamos ya (quienes creamos en la veracidad de la pandemia al menos), pero por vez primera contemplamos, la mayoría, la realidad desde primera línea. Y ya decía que Zin no escatima en impactantes imágenes con pacientes en las últimas, o directamente gestión de cadáveres. Pelos de punta, reflexión obligatoria, y ganas de no salir de casa hasta 2022 por lo menos. Si todas y cada una de las historias que se recogen en 2020 tuvieran este objetivo, estaríamos hablando de una película que debería pasarse íntegra y en todas las cadenas, cada santa noche a la vez y en prime time.

Pero hablaba al principio de las prisas, que han influido en la gestación del documental y afectado a un resultado que casi se diría falto de un repaso final. La película de Hernán Zin se descompensa, alternando documentos retratados con gran frialdad y pulso firme, declaraciones que hielan la sangre y momentos de genuino impacto, con otros que lo buscan a la desesperada: escenas que luchan por forzar lágrimas, ralentíes, banda sonora pasada de vueltas e incluso diálogos forzados… recursos tramposos con los que se intenta reforzar un puñado de entrevistas muy tristes, sí, pero de valor informativo cuestionable. Más tiempo en la sala de montaje, y muy probablemente ni siquiera hubieran pasado el corte.

Ese exceso de morbo lacrimógeno resta enteros a una película, en todo caso, sumamente valiosa para esclarecer toda duda respecto a los que lo han hecho bien, y los que lo han hecho mal o no han hecho nada. Por mostrar a los verdaderos héroes de todo esto, y hacernos partícipes de su lucha diaria por salvar vidas en una situación de total descontrol y carencias de todo tipo. Situación de la que acabaremos saliendo, como vendría a decir ese pequeño haz de luz en el epílogo de 2020. Pero dicha conclusión, cargada de luces y sombras, nos avisa también de que nos va a pasar factura, que nos seguirá afectando una larga temporada. Y que sí, saldremos de esta, pero bordeando el desastre y sólo si nos dejamos de gilipolleces. Así que, ¿nos callamos ya la boca, Bosé?

Reseña de 2020
  • Carlos Giacomelli
4

En pocas palabras

Documental sobre la pandemia y la heroica actuación de médicos o bomberos, para hacer frente a la total carencia de información y recursos con que ha sido gestionada desde el comienzo. A Hernán Zin no le tiembla el pulso al mostrar la realidad de los hospitales y las residencias de Madrid. Una pena que aquí y allá dé paso a innecesarias escenas lacrimógenas que poco tienen que aportar más que condicionar emocionalmente. Pero en cualquier caso, helará la sangre de más de un espectador

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