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31 rob zombie critica

Crítica de 31

Zapatero, a tus zapatos. Y no necesariamente porque se lo hayan pedido, que de hecho, ocurrió todo lo contrario: cuando a Rob Zombie le dio por subir un escalón, por dar el do de pecho (si es que se puede hablar de semejante concepto) y elevar su discurso, el resultado fue una muy aplaudida The Lords of Salem… que un servidor odió por los motivos que, ahora, parecen haber llevado al director a dirigir 31. No se lo pidieron, pero a él, como a su público, le va mantenerse en un peldaño inferior, en una serie B trufada de exploit, gore y polvo. El mismo lugar desde el que puede dar rienda suelta a sus, ejem, inquietudes formales, y ese al que le viene sacando punta desde La casa de los 1000 cadáveres. Un universo por el que se le ama o se le odia, pero en el que se le deja hacer lo que quiera. En este caso, un remake de su recién mentada opera prima, con infinidad de caprichos visuales en su gran mayoría discutibles, de excusa argumental para perder la fe en el cine y una serie de personajes que confunden pasarse de rosca con resultar meramente desagradables, momentos de mejor voluntad que resultados… en fin, un subproducto con todas las de la ley, con ínfulas pero sin ningún deseo por disimular su caspa. Un terreno en el que todo vale.

Así las cosas, no se puede negar que 31 sea una película fallida: es una auto-imitación descafeinada que nada aporta a un género de lo más sobado: un grupo de personajes es apresado y metido en una mansión/laberinto plagada de asesinos, pruebas y trampas mortales, y uno a uno van cayendo. La estructura es la de siempre y, si acaso, lo que varía es una serie de personajes a cuál más estrafalario: un enano suramericano nazi, entre otras lindezas. No hay nada más, y de hecho ni siquiera puede rescatarse la moraleja, pintada a brochazos y refrito del que quizá sea el tema más habitual en el género, a ver si os suena: son ricachones aburridos, que se maquillan y se ponen ostentosas pelucas, quienes organizan todo el tinglado y hacen apuestas sobre quién morirá primero (no es spoiler, tranquilos!).

Sí tiene algo de encanto en su condición de tiro por la culata, y es un espíritu punk, rebelde, o simplemente tocacojones. Ya es. 31 tiene mucha gracia si se toma como respuesta al sinfín de saws y sagas infantiles/juveniles que últimamente pueblan la cartelera y agrandan la herida del cine de género. Antes, niñas y niños, el terror era así: guarro, fallido, con más promesas que resoluciones. Pero también libre, con personalidad (por cuestionable que sea) y sin concesiones a las ñoñerías a las que Jennifer Lawrence nos tiene acostumbrados. Ver lo último de Zombie implica sudar y apestar a falta alarmante de ducha, tragar polvo y saborear sangre. Implica ver planos feístas, escenas elaboradas seguramente bajo el efecto de vaya-usted-a-saber, una historia que ya conocemos y seguramente más decepciones que alegrías. Como la serie B de verdad, de hace 30 años. Vale, es eso, o ver Los juegos del hambre con el habitual universo de freaks de Zombie, Malcolm McDowell y, por supuesto, Shery Moon Zombie incluidos. En ambos casos, yo compro.

 

Trailer de 31

https://www.youtube.com/watch?v=1oZfkSzViFM

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2.5

En pocas palabras

Rob Zombie vuelve al terreno conocido: el del exabrupto. No le sale bien, pero al menos recupera su personalidad… Algo es algo.

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