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Crítica de Aisha

Hay algo mágico en Aisha, y eso que se trata de un drama con todas las de la ley. La nueva propuesta del irlandés Frank Berry centra su diana en el sistema de inmigración de su tierra (aunque bien podría ser el de muchos otros países) y saca a relucir todas sus carencias por medio de la historia de un personaje, quien da nombre a la película, que las sufre en sus propias carnes. Aisha, joven nigeriana que tuvo que huir de su país, trata de abrirse camino en Irlanda entre centros de alojamiento y trabajos con los que poder, al menos, sobrevivir (y cuidar de los suyos, dejados atrás). Lleva un par de años así y, además, debiendo lidiar con la burocracia para conseguir que sea admitida en el país de manera oficial. Lo cual se antoja más difícil de lo que debió ser su viaje de un continente a otro.

Berry, director y guionista del film, no se corta un pelo y le pone a Aisha todas las trabas que tan lamentable sistema de ¿ayuda? pueda meter en su vida. E incluso algún extra de drama personal. La aproximación del cineasta es muy interesante: seca y sin embellecimientos, su denuncia se aproxima al documental. Pero carga tanto las tintas que se pasa de frenada. Hay un extra de miserabilismo en Aisha que le acaba suponiendo un tiro al pie, al provocar la desconexión, por extenuación, del espectador con lo que ocurre en pantalla. Una pena, porque se desnivela en demasía una balanza que, de haberse mantenido equilibrada en todo momento, hubiera supuesto una de las grandes alegrías de la temporada cinematográfica.

Y es que mientras la luz al final del túnel se va desvaneciendo en lo pragmático, va floreciendo en paralelo la relación de Aisha con Conor, securata de uno de los centros de alojamiento. Y esas gotas de luz, esos brochazos de esperanza, suponen los momentos más álgidos de la película, ya sea porque el director demuestra una sutileza exquisita para retratar el progreso de la relación; porque el planteamiento formal es pequeñito e íntimo, tanto como para que casi nos haga sentir parte de la misma; porque ante tanta penuria, los pasajes con algo más de distensión y esperanza se antojan necesarios; o, y sobre todo, por la exquisita interpretación de Letitia Wright y Josh O’Connor, tándem cuya empatía y naturalidad (sinceridad, incluso) tardan poco en traspasar los límites de la pantalla. Se trata de una relación a la que no se puede aplicar etiqueta alguna, pues cuesta vislumbrar sus fronteras entre la amistad, la atracción y el amor. De hecho, la propia Aisha hace de todo por ocultarlas, en un dechado de contención y una muy sutil gestión de la información.

Y el caso es que cada pasito hacia delante del dúo protagonista se traduce en una sonrisa de oreja a oreja. Si todo el calvario legal y personal de Aisha apuntaba a un Precious versión irlandés, esa inesperada y desbordante humanidad y credibilidad de sus protagonistas tuerce hacia horizontes mucho más estimulantes. Y tanto es así que, ante el momento quizá más oscuro que le toca vivir a Aisha en lo burocrático (que equivale al mayor riesgo de rechazo, por exceso, por nuestra parte), se contrapone uno sencillo pero luminoso en su relación con Conor. Y esos pocos segundos de pausa nos bastan para emocionarnos de manera sumamente intensa. Nos descubrimos sonriendo y abrazando la esperanza que tan intensamente transmiten los actores.

Ojalá hubiera optado Berry por dar alguna puntada más a tan estimulante relación, en lugar de enfurruñarse tanto en su crítica, necesaria por supuesto, pero lo suficientemente reiterativa como para descompensar el resultado global. Con todo, aun de manera incompleta, logra obrar magia y que las sonrisas de los brillantes Wright y O’Connor se estampen en nuestro recuerdo. Casi más, incluso, que los igualmente vívidos pasajes de soledad, de asomo al abismo y de grito silencioso que brinda la actriz principal cuando la película le cede todos los focos. Porque al final, Aisha va de lo que nos une, lo que nos hace humanos. De la amistad, el amor, el apoyo que nos hace salir mejores de cualquier cosa. Por mucho que ni el propio Frank Berry parezca haberlo sabido interpretar. Por eso, mal que le pese al director, de todo el drama al que se asiste durante su visionado, se sale con el corazón algo más calentito. La magia se obra.

Trailer de Aisha

Aisha: sin paz para los inmigrantes
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué ver Aisha

Intenso drama sobre una inmigrante nigeriana y su afán por residir de manera oficial en Irlanda, sumamente bien interpretado por Letitia Wright y Josh O’Connor, quienes compensan con creces los excesos miserabilistas de un director, Frank Berry, solvente y ducho, pero que se centra demasiado en la crítica y el ataque cuando Aisha pedía a gritos un balance mejor entre eso y su parte más humana y cálida.

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En diciembre de 2006 me dio por arrancar mi vida online por vía de un blog: lacasadeloshorrores. Empezó como blog de cine de terror, pero poco a poco se fue abriendo a otros géneros, formatos y autores. Más de una década después, por aquí seguimos, porque al final, ver películas y series es lo que mejor sé hacer (jeh) y me gusta hablar de ello. Como normalmente se tiende a hablar más de fútbol o de prensa rosa, necesito mantener en activo esta web para seguir dando rienda suelta a mis opiniones. Esperando recibir feedback, claro. Una película: Jurassic Park Una serie: Perdidos

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