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Crítica de Al límite

A ver, por dónde empiezo. Ante todo, recuerdo al internauta que «Al límite» es el retorno de Mel Gibson a la actuación tras varios años destinados a la dirección de películas (y a otros quehaceres menos idílicos) y no sólo, sino que lo hace volviendo al género que históricamente mejor se le ha dado, el de la acción. Además, es la adaptación de una serie británica, que dejó un muy buen sabor de boca allá por el 1985 y de la que ya se habló en su momento por estos lares (concretamente aquí). Y por si fuera poco, el encargado de dirigir todo el cotarro no es otro que Martin Campbell, quien hace algunos años pareció instigar una revolución en el género con su fabuloso «Casino Royale». Con tantos elementos sobre la mesa, y la añadidura de una premisa sumamente prometedora como es la vendetta de un tal Thomas Craven que ve como disparan a bocajarro a su hija (y que no tarda en convertirse en una conspiranoia de cuidado), sería impensable pensar en un fiasco, por lo menos un fiasco absoluto e inapelable que no ofreciese absolutamente nada a lo que aferrarse. Pues bien, eso es, ni más ni menos, esta revisión de «Edge of Darkness», con toda probabilidad uno de los títulos de acción más decepcionantes de los últimos años.
Y eso que, al principio, la cosa parece que va a dar lo que promete. Además del consabido asesinato de la chica, se nos presentan una serie de pistas sobre un entramado mucho más complejo de lo esperado, además de una nada desdeñable secuencia de pelea que parece seguir la línea del 007 de Campbell, para alegría de quienes, como mínimo, buscan en «Al límite» un entretenimiento digno… Lástima que esa pelea sea justamente la que marque el punto final de todo lo bueno que la película puede ofrecer, ya que de ahí en adelante queda algo así como hora y media de auténtico martirio para el espectador.
Desde entonces y sin avisar a nadie, la acción desaparece por completo en pos de un seguido de diálogos y revelaciones tan interesantes sobre el papel como echados al traste a la hora de la verdad, en una producción que pierde totalmente el sentido del ritmo y se contagia de la amuermada interpretación de un Mel Gibson que debería pensar seriamente en dedicarse sólo a la realización. Se busque donde se busque, no hay una conversación que atrape lo más mínimo, un actor que dé alguna prueba de no ser más que un robot desalmado, o un mero gesto del director que demuestre que no se iba a comer durante el rodaje dejando la cámara a su suerte.
De este modo, la trama se va deshilando y su multitud de secretos descubriendo sin que nada importe a un espectador ansioso por que ocurra algo que saque de la total apatía a la cada vez más insoportable película. Pero nada ocurre, nada se sale del letargo general salvo una escuetísima secuencia con sobresalto incluido tan carente de garra como todo lo demás.
Y lo peor está por venir. Sí, porque si bien los dos primeros tercios del metraje son, digámoslo ya, un auténtico peñazo, por lo menos logran mantener cierta coherencia tanto rítmica como argumental, acordes con un devenir de acontecimientos como mínimo atípicos; algo obvio teniendo en cuenta que su base son los primeros episodios de la serie original, a los que trata con respeto y de los que obtiene sus (escasos) logros. Sin embargo, a partir de un determinado suceso el guión de William Monahan y Andrew Bovell se olvida de la fuente original en busca de una resolución que no alargue el metraje del film en demasía, lo cual sería de agradecer de no ser porque lo convierten en una experiencia totalmente bochornosa.
Un clímax ridículo, una conclusión del entramado conspirativo que es de una simplicidad vergonzosa y, peor aún, un epílogo con altas posibilidades de sacar de sus casillas a más de uno acaban suponiendo el broche que más se merecía una producción que jamás debió existir.
Dejándonos en el tintero más despropósitos que añadir a semejante carrusel de dislates (sí, hay mucha más leña por repartir), tan sólo queda un valor que rescatar de «Al límite», como es el empleo de una violencia visual inesperada en sus insuficientes y deficientes escenas de acción. Por lo demás, el retorno de Mel Gibson a la gran pantalla no podía haber sido peor. Si al menos hubieran seguido el consejo de Homer y puesto una escena a cámara rápida, o un perro con mirada sospechosa…
2/10
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6 comentarios en “Crítica de Al límite”

  1. Ufff! Pensaba que había sido el único que se había aburrido con esta película. Eres duro con ese "2" que le pones, pero es que poco más se merece (aunque Mel Gibson y Ray Winstone están muy bien, sí).

  2. Pues mira, a mí ni Gibson ni el otro. Me han parecido tan malos como la peli, y de hecho no sé quién tiene más la culpa de semejante engendro, si Campbell o Gibson, jejeje! y a Winstone lo vi más vivo cuando hacía de Beowulf… por cierto, estabas en el pase?

  3. Totalmente de acuerdo. Lo que prometía tener algo de miga en el terreno de acción se convierte en una historia aburrida. Ya podemos decir que uno de los aciertos de De Niro en los último años fue retirarse de la producción.

    Saludos.

  4. Vaya, no sabía que De Niro se había acercado a semejante engendro. Sí, menos mal que se retiró a tiempo, que el tipo ya no puede dilapidar más su carrera…

    Gracias por pasar!

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