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Crítica de Amigas con solera

Siempre he defendido, defiendo, y defenderé las películas que son una mera excusa para que un grupo de actrices y actores, que al parecer se llevan la mar de bien fuera del escenario, se peguen un viaje de tres pares de narices y nos lo restrieguen por la cara. La gente suele odiarlas, pero yo les encuentro un plus de honestidad que les sirve de carta blanca, como si dijeran: mirad, esto lo estamos haciendo para aprovechar unas vacaciones pagadas, ni siquiera nos vamos a molestar por hacer un buen producto con ello. Caso de Todo incluido, o de Amigas con solera, con la que Amy Poehler ha fletado un avión y se ha llevado a Maya Rudolph, Paula Pell y a Cherry Jones entre otras (y por supuesto a Tina Fey) de ruta enológica con una cámara y algo parecido a un guión bajo el brazo.

Nada, excusa pura y dura, y la propia película se ríe de ello: al cabo de nada de empezar este viaje de amigas organizado para celebrar los cincuenta de una de ellas, la más controladora del grupo (casualmente, la directora de la película, la propia Poehler) ve cómo la agenda de actividades que había preparado, vuela por la ventana ante el total desinterés del resto por seguir sus instrucciones. ¿Coincidencia? No lo creo… Declaración de intenciones como la copa de un pino, más bien, que induce al espectador a un estado de, más que decepción (que también, ojo) de relajación. Aquí se viene a lo que se viene y punto, si no se contagia uno de dicho espíritu, que apague la tele.

La pena es que esta vez, la ocasión la pintaban calva: el talento que reúne Amigas con solera podia haber dado pie a una nueva comedia sensación como lo fue La boda de mi major amiga en su día. Y apenas logra despertar un par de risotadas. O podría incluso haber ido más lejos: aquí y allá saltan conatos de reivindicación ya no del feminismo, sino de la generación madura en detrimento de la instagrammer. Pero queda en agua de borrajas. Con un poquito de esfuerzo por encubrir el crimen (las vacaciones pagadas, vaya), podríamos estar hablando de un hito para Netflix, plataforma que financia el viaje. Pero hablamos de utopías, rara es la vez en que un producto así convence en lo artístico y de hecho, aquí el que más se lo curra es el que se lleva el gato al agua: un secundarísimo Jason Schwartzman que, en ficción al menos, es el más sobrio de todo el reparto. Ni la cámara parece tener a nadie detrás en más de una ocasión (atención a esa selección de canciones durante la primera noche de farra).

Bueno, vale, quedamos en que es olvidable. Decepcionante. Pero sabiendo a lo que nos atenemos… disfrutar de fiestas ajenas a mí siempre me ha parecido disfrutable.

 

Trailer de Amigas con solera

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2.5

En pocas palabras

Nada que aportar, ni nada especialmente divertido. Pero el hecho de que nos restrieguen por la cara las vacaciones que se han pegado Poehler, Fey y compañía a costa de Netflix no tiene precio.

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