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Crítica de Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald

En la nueva entrega del imaginario de J.K. Rowling nos trasladamos a París y su reimaginación mágica para conocer en profundidad al nuevo villano de la saga: Johnny Depp. Tras su insulsa introducción, David Yates y la escritora de Harry Potter vuelven a unir fuerzas para arrasar con los bolsillos de nuevas generaciones. El problema viene cuando descubrimos que esta secuela no tiene muy claras sus intenciones y termina siendo una película escalón bastante atropellada.

Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald es una película de transición entre la propuesta ligera y llena de merchandising de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, y las futuras secuelas presumiblemente oscuras. Porque parece que la saga no sabe qué hacer con su endeble protagonista, que queda relegado a ser un mero espectador de tramas que le superan en todos los sentidos. Newt Scamander (Eddie Redmayne) no es el héroe que esta saga necesita. Tampoco es J.K. Rowling la guionista ideal. La escritora británica sigue teniendo buenas ideas y el sello Harry Potter sigue presente en cada trama, pero las labores de estructurar una película le quedan grandes. En esta secuela no paran de ocurrir cosas, pero la sensación final es la de un batiburrillo que necesita de un maestro de orquesta experimentado que ponga orden. Más notable es el trabajo de David Yates que en esta, su sexta entrega, aún demuestra tener ganas de exprimir las posibilidades estilísticas de este rico mundo.

Gran parte de la magia de la saga Harry Potter se encontraba en ver a un grupo de adolescentes escapar de una vida ordinaria, para adentrarse en un mundo extraordinario. En esta precuela los protagonistas son adultos en un mundo acorde a ello. Sólo hace falta ver cómo unos breves flashbacks a Hogwarts hacen que la sala entera suspire con anhelo. El mundo que habita Grindelwald está mucho más anclado a la realidad y eso resta mucha emoción. Johnny Depp pone cara al villano que titula esta película, en una interpretación más comedida de lo habitual pero poco memorable. El look devora la interpretación. Lejos de equipararse con la icónica figura de Voldemort, Grindelwald es un personaje que evoca nazismo, fake news y un poquito de Trump. Incluso asistimos a un mitin político en el clímax de la cinta. Encontramos, en el villano, el mismo problema que en la saga: falta foco.

La saga necesita una mano firme que dé forma a este cúmulo de ideas y reinvenciones de lo que se cerró muy bien con las ocho películas de Harry Potter. El afán de Warner y los implicados corre el riesgo de arrasar con una reputación, por un puñado de millones de dólares. Con ¿tres? secuelas por delante hay tiempo de darle identidad y sentido a una precuela que todavía no sabe muy bien quién es.

 

Trailer de Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald

 

 

Valoración de La Casa
  • Iñaki Arriaga
2

En pocas palabras

La nueva entrega del universo Harry Potter peca de formar parte de un plan mayor y pierde su identidad y estructura por el camino. Que alguien coja el volante.

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