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Crítica de Ánimas

Antes que nada, hay que ponerse en situación, que si no, nada de esto tiene sentido: estamos ante una película de presupuesto justo, perpetrado por un tándem de cineastas (Laura Alvea y José F. Ortuño) que aún deben acabar de labrarse su camino, y protagonizado por un reparto joven con un par de excepciones poco menos que anecdóticas (Ángela Molina, Luis Bermejo). Todo esto hay que interiorizarlo antes de ver Ánimas, para tratar de definir con mayor atino posible las exigencias que debe cumplir para que se la valore correctamente. A saber: guión e ideas. Luego llegan los añadidos: pretensiones (falta de ellas, mejor dicho), acierto con el público al que más va dirigida, especial brillantez en algún aspecto inesperado.

Aquí el público al que se apunta es eminentemente joven, pre-universitario de hecho. Y se le endosa una película de género, a priori, que en verdad le hará devanar los sesos. Metáforas más o menos explícitas relacionadas con las interioridades y las dificultades propias de la edad (máxime si se acompañan de traumas de infancia), que se van desarrollando con habilidad desde diversos frentes: una trama que va mostrando sus cartas poco a poco, y un juego de luces y sombras (y montaje) que acaba siendo el verdadero protagonista de la función. Ahí están, pues: guión e ideas. Dos exigencias a las que Ánimas responde con inesperado atino, tras unos inicios que indicaban todo lo contrario.

Luego, se puede hablar de interpretaciones justitas (no tanto por Clare Durant, como por un mas endeble Iván Pellicer). De jugar erróneamente con el terror (no consigue asustar… pero es que tampoco lo necesitaba). O de un exceso de explicaciones en un tercer acto que se va desinflando conforme se alarga y alarga, ¿quizá para llegar a la hora y veinte de duración? Todo ello sería meter a Ánimas en guerras que ni le incumben: quizá el público al que se dirige agradezca esa simplificación final. Quizá responda mejor a unos sustos que son los de siempre, a unas escenas videocliperas (la escena de la madre, la del final) que se pasan de frenada. De lo que no hay demasiada duda, es que será más que probable que ese público potencial descubra que en esto del cine se pueden contar las historias de mil maneras, y aprovechar más recursos de los que se acostumbra a ver en, no sé, 3 metros sobre el cielo. Qué demonios, ¡en su día, a mí El arte de morir no me enseñó nada parecido!

Los que ya llevemos más años consumiendo cine nos encontraremos con una película desigual, que se cree un pelín más complicada y menos previsible de lo que en realidad; y que nos lo pone tan fácil, como para no deber si quiera pensar en los referentes a los que recurre, ya que nos los sirve en bandeja. Pero también con un solvente popurrí de géneros y estilos, con una ideal visual estimulante, y en general, con una película que se sirve de un punto de morbo más elevado que de costumbre. Vamos, más chicha de la que cabía esperar. En peores plazas hemos toreado, desde luego.

 

Making of de Ánimas

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
3.5

En pocas palabras

Película pensada para el público joven que, sin embargo, esconde algún que otro detalle de interés. Hay ideas, hay intenciones, y el resultado se ve beneficiado por ello.

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