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Crítica de Anna (2019)

Luc Besson es uno de esos casos extraños del cine. Extraños como Adam Sandler, quiero decir: normalmente cuesta horrores que un proyecto de película llegue a buen puerto, y sin embargo estos casos tienen una suerte de carta blanca que les permite ir sacando títulos y títulos, de cada vez más difícil justificación.

Con Anna, el de León, el profesional vuelve a la carga con otra de esas propuestas palomiteras tan de su agrado. Ahora versa sobre una espía de origen ruso que navega entre las aguas de la KGB y la CIA a finales de los 80 y principios de los 90, así que la marca de la casa ahí está de entrada: personaje femenino pegando hostias como panes, obsesión por el blockbuster, y por consiguiente la esperable acumulación de clichés del género tanto a nivel argumental como técnico: la última idea original de Besson hay que rebuscarla en los orígenes de su filmografía. De un tiempo a esta parte parece acomplejado, obsesionado con demostrar su valía como autor de cine de palomitas hollywoodiense, como si esto fuera más meritorio que aspirar a ser la voz cantante del cine comercial europeo, a lo que parecía apuntar al principio. Su filmografía, de este modo, se desinfla a ritmos agigantados, y este puede ser el punto mínimo de su carrera, pues algo ha salido especialmente mal esta vez. Mucho peor que en Lucy, por ejemplo.

Ahora, el galo parecería haber querido emular el cine de acción noventero desde sus más desfasados recursos: Anna es gris, sus secuencias de acción son torpes y descafeinadas, muy especialmente una persecución de coches inicial por la que dan ganas de abandonar la sala. Han pasado ya varias décadas, el cine ha evolucionado y ahora, un homenaje a esa época tiene que venir en forma de reinvención, o de acumulación de acontecimientos para que el espectador no se fije demasiado en lo que está viendo. Aquí, ni una cosa ni la otra. La única diferencia a nivel técnico pasa por una nada disimulada grabación con cámaras digitales (¿acaso esperaba Besson ser el nuevo Michael Mann?), y además de su cuestionable factura técnica… Anna es aburrida de narices.

Tarda la vida en entrar en materia después de un prometedor prólogo, y cuando lo hace plantea un agotador (hasta el desespero) y carente de gracia juego de saltos adelante y atrás en el tiempo para explicar sin necesidad alguna todo detalle de este o aquél giro. Todo, para justificar los 15 minutos finales, que tiran del mismo recurso, y acaso hubiera quedado algo gratuito. Pues a lo mejor sí, pero casi que hubiera sido mejor jugársela. 

Con todo, cierto es que su juego de matrioskas final eleva (¡al fin!) un poco las sensaciones prácticamente gélidas que desprendía un film apático casi tanto como la propia Anna en sí, una Sasha Luss incapaz de expresar lo que Scarlett Johansson en la citada Lucy, o Charlize Theron en Atómica, o Milla Jovovich en El quinto elemento. Suerte del pitorreo que se traen Helen Mirren y Cillian Murphy, inexplicablemente partícipes del despropósito pero plenamente conscientes de él, se diría.

Trailer de Anna, de Luc Besson

https://www.youtube.com/watch?v=gO4eebaUkW0

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
1.5

En pocas palabras

Otra demostración de cine caduco y desfasado de Luc Besson, salvado de la total quema por un par de inexplicables fichajes de altura (Helen Mirren y Cillian Murphy) y una acumulación de giros final que reactiva la maquinaria tras una primera hora y media soporífera.

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