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Crítica de Antidisturbios

Puesto que no corren tiempos muy flamencos, ni está el horno de la revuelta social para muchos bollos, ni conviene caldear los ánimos de los que sufren brutalidad y estamos en una época delicada para armar ficciones en torno al papel de las fuerzas de seguridad de este país… puesto que todo eso es así en el fondo parecía más necesario que nunca que Rodrigo Sorogoyen, o quien fuera, usara su dedo más puñetero para hurgar la llaga más sangrante. Y menos mal que ha sido Sorogoyen, por otro lado, porque nadie como él -lo dejó patente en Que Dios nos perdone y en especial en El reino-, para embotellar el hedor de las cloacas del estado y descorchárnoslo en toda la cara. Su serie Antidisturbios no es un thriller de acción, aunque es tan tenso como cualquier ficción del mejor Michael Mann. Y no es un drama de despachos, aunque resulta tan esclarecedor del trabajo policial encubierto como The Wire. Es una radiografía humana de la que no escapa nadie, sea por su condición de verdugos como por su vocación de ratas de laboratorio ignorantes de serlo.

El piloto parte de una situación desgraciadamente reconocible. Un equipo de la policía intenta gestionar un desahucio. De entrada no usan la fuerza, pero se muestran inflexibles. La situación se desmadra y, ante la impasividad de un juez que debía haber destinado más furgones a la operación, los agentes se ven sobrepasados. El ambiente se calienta y la cosa termina en agresión policial y posterior tragedia. Se dan inicio los mecanismos legales, de primeras aparentemente favorables a los policías, pero un grupo de asuntos internos -con la agente Laia Urquijo como principal instigadora- se pone en marcha para destapar un entramado de negligencias, abusos y decisiones interesadas.

Los cinco capítulos restantes relajan ese primer impacto directo, pero sirven para construir y desplegar una trama de precisión relojera. Todo encaja en Antidisturbios. Todo. Desde un punto de vista de retrato de personajes resulta tan descriptiva como absorbente. Realista y milimétricamente ficcionada al mismo tiempo. Todos sus personajes experimentan un virado hacia el infierno y vuelta, un vaivén entre los dos lados, el luminoso y el oscuro, que los conducen en un viaje del que no salen como entraron. Sorogoyen (más su coguionista y cocreadora Isabel Peña) saben sustentar en los personajes todo el potencial moral y emocional de la trama y aunque a ratos se van hacia lo maximalista al final uno siempre se siente ligado, para bien o para mal, con sus personajes. Especialmente con su rotunda protagonista, la agente de asuntos internos que interpreta, con desarmante convicción cuasihierática, una brutal Vicky Luengo. Su personaje -agarrado con garras a su descripción desde el minuto uno en una secuencia de apertura absolutamente memorable- resulta tan resuelta y obcecada como vulnerable y, en fin, contradictoria.

No está sola, por supuesto. Raúl Arévalo, Álex García, Hovik Keuchkerian y Roberto Álamo representan la parte más canina en este duelo a colmillo entre los funcionarios sacrificados de asuntos internos y ese escuadrón kamikaze que poco a poco también se revelan víctimas de algo mayor y más maloliente. Y no soy ajeno a polémicas, ojo. A pesar de ser intransigente con las fuerzas del -ejem- orden, Sorogoyen y Peña no caen en el reduccionismo del ACAB callejero. Al contrario, humanizan a los policías. Los describen como personas con problemas y preocupaciones, con vidas propias  e ilusiones. Pero no hacen un ejercicio de blanqueamiento de sus actos. Simplemente los bajan a la tierra, los despojan de su condición monstruosa para que el espectador pueda juzgarlos desde los parámetros de lo mundano. Si no son monstruos son personas. Y si son personas son capaces de redimirse pero también de seguir ejecutando los actos más humanamente despreciables.

En su caso, abuso de poder y brutalidad. Pero eso es sólo la cara visible de todo el asunto. La trama de Antidisturbios sirve como olla a presión donde cocer a lo bestia un puñado de temas de hiriente actualidad e indiscutible presencia subterránea detrás de muchas de las calamidades sociales que se suceden casi día a día. El racismo institucional, la corrupción más profunda, la manipulación de los medios de comunicación, las mafias. Los trapicheos, mangoneos y amiguismos en la esfera política. La obsesión por conseguir una meta a toda costa o simplemente salvar el culo. La necesaria lucha de las mujeres -en este caso una tridimensional, con sus fortalezas y sus flaquezas- por destacarse como profesionales en un entorno eminentemente patriarcal.

Tanta puntería descriptiva y tanto magma narrativo tenían que encontrar un buen sustento formal. Y obviamente la realización de Sorogoyen (reemplazado en un par de episodios por un Borja Soler igual de solvente) se muestra siempre tensa, nervuda, cercana a los personajes y exhibicionista en su muy justa medida: construye la escena de manera fría y seca pero siempre sugerente y, en algunos momentos -caso de algún que otro plano secuencia- gozosamente vistosa. El entramado formal termina de completarse con una banda sonora electrónica que añade oscuridad ambient, fatalidad electrónica y una muy bien gestionada épica tremendista.

Antidisturbios es, en fin, uno de los mejores productos televisivos que se han facturado en este país en los últimos tiempos, punto. Un despiadado acercamiento a los dispositivos que controlan los mecanismos sociales y, al final, una historia emocionante, un drama humano sobre lo que ocurre cuando los peones reciben poder y al resto sólo nos queda sentarnos a observar qué hacen con él.

Trailer de Antidisturbios

Raseña de Antidisturbios
  • Xavi Roldan
4.5

Por qué tienes que ver Antidisturbios

A Rodrigo Sorogyen parece no afectarle un cambio de formato: ni siquiera en un planteamiento televisivo serializado se diluye su potencia descriptiva, su poderío visual y su capacidad para retratar las zonas más oscuras del aparato institucional.

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7 comentarios en “Crítica de Antidisturbios”

  1. Magníífica crítica, Bluto! Me vi la serie en dos sentadas y subscribo palabra por palabra, muy bien construída tanto la trama como los personajes, me enganchó desde el minuto 0. Sin duda de lo mejor que he visto este año junto con “El colapso”.

  2. Carlos Giacomelli

    Hola! Te contesto yo en nombre de Xavi/Bluto, que es el autor de la crítica, jejeje. Me he tomado, de hecho, la libertad de cambiar el nombre en tu comentario! Pero sí, me sumo al jolgorio, vaya serie! Los personajes evolucionan en seguida para ser al mismo tiempo reconocibles arquetipos y tipxs totalmente creíbles a la vez. Engancha desde el primer minuto y… bueno, ese plano secuencia… madre mía.

    Con El colapso sin embargo me quedé un poco a medias. Guay en esencia y muchos de sus capítulos, pero otros me parecieron bastante flojos y en general me quedé con ganas de más. Guay también, pero… más.

    Gracias por pasar y comentar!!

  3. Ostras! Le he llamado Capi a Bluts?? Shame on me! Pa echarme de la congregación casera a la de ya! ;)
    Pues si, la serie es brutal, no le pongo ni un pero de hecho la he visto dos veces (la segunda con mi hijo mayor que estudia técnicas audiovisuales y ha flipado mucho!) La escena de la cena es una auténtica maravilla!
    En cuanto, a «El colapso», estoy contigo en que hay capítulos más flojitos, pero hay un par de ellos que me parecen para enmarcar y el concepto total me ha gustado mucho.
    Pero vamos, que la serie del año es «Antidisturbios» y me atrevería a decir que una de las mejores que se han rodado en este pais.

    Abrazos para vosotros!

  4. Carlos Giacomelli

    Jajaja, teniendo en cuenta que es el primer comentario que recibimos desde… eh… sss… como para echarte estamos xD
    Esa escena es la que decía, sí. Me dejó flipadísimo, y sí, buena idea la de ponérsela a alguien que estudia audiovisuales… tanto esta como todo lo de Sorogoyen en verdad. Ese tío es brutal.
    Me falta por ver Patria, pero sí, de momento Antidisturbios es que, diría, es de lo mejor que he visto este año en general, sin poner etiquetas de «para ser española» ni nada por el estilo. Y joder, qué valor tiene, amén de toda la factura técnica.

  5. Conque poniendo en mi boca palabras que no he dicho, eh, Caps? Vale, yo también las suscribo, qué demoños, y también suscribo la sucribación de Elasti, y esto es ya un festival del metasuscribe que ni Nolan en sus peores trips.
    Como sea, Elasti ha dicho tímidamente que es posiblemente la mejor serie de la historia de la televisión española… y a eso también +1 por mi parte. Se me ocurren algunas cosas quintaesenciales (las «Historias para no dormir» de Ibáñez-Serrador o «La huella del crimen», que tampoco era muy serie-serie)… pero nada tan perfecto en casi todos sus aspectos, artísticamente enfocado y técnicamente depurado como esta.
    Y otra cosa que añado a vuestro «tremendo plano secuencia», que ya apunté en la crítica y que sé que Barry comparte conmigo: la escena inicial, la que abre la serie, es de antología.

    Oye, qué plasersito hablar por aquí, tú… Hemos vuelto a 2012 o qué??

  6. Carlos Giacomelli

    Cierto, la primera escena es brutal! Más quisieran muchos describir personajes de esta manera, joder

  7. Si, si… La primera escena te deja desde el principio clarísima la personalidad de la protagonista.

    A propos, «Patria» me dejó un poco desinflada… No es que esté mal, eh? Pero es que tenía bastantes expectativas a las que no se acerca ni de lejos (bajo mi humilde punto de vista). Supongo que si además has leido la novela (que me gustó bastante) hay poco margen para la sorpresa.

    Un gustazo hablar por aquí, desde luego, se echa de menos!!!

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