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Crítica de Ártico

Ante ejercicios de género y estilo como Ártico uno debe poner en standby su sentido de la novedad. No hay apenas en el debut de Joe Penna elementos que den una vuelta radical a los survivals ni a la aventura como celebración del movimiento y la actividad. Es una película pequeña (no modesta, pero sí consciente de lo que ofrece) y que se pretende experiencia visceral más que reexaminación cerebral de los códigos. Y sí, contiene inteligencia, pero por lo que apuesta es por lo emocional. Y por ello desnuda de artificio todos sus planteamientos y parte de unas premisas cuyos elementos están economizados al máximo: un hombre, aviador siniestrado, que se ha quedado varado en el Ártico, donde espera una salvación mientras lucha con temperaturas inhumanamente bajas. Planteamiento que podría dar pie a un melodrama expansivo al estilo de Náufrago (o peor, ¡Viven!), pero que termina derivando en una historia de supervivencia mayormente intimista.

Nuestro protagonista sólo tiene una acompañante, una piloto que acudía en su rescate y termina compartiendo el destino fatal. Sin embargo, está malherida y ambos apenas comparten un par de frases. No se rompe el mood, la austeridad expositiva se hace extensiva a los diálogos, escasísimos. Porque aquí lo que importa es la opresión de la soledad, la inclemencia climática y la amenaza de la naturaleza en su más cruda manifestación. Como en los relatos clásicos de aventuras. Y es que si esto parecía comenzar como una suerte de experimento narrativo más bien autoral cercano al de la excelente Cuando todo está perdido pronto deriva en eso, una odisea de supervivencia que fácilmente podría haber firmado Peter Weir. Y que maneja sus dispositivos, bastante tradicionales, de manera solvente.

En otras palabras, no hay mucha sorpresa en el guión de Ártico. Sus giros no se desvían del manual, el arco de transformación del protagonista es el esperable y la sucesión de situaciones de riesgo está dispuesta con la seguridad de que van a funcionar, porque se ciñen a una fórmula probada. Pero las virtudes de la película están en sus pequeños detalles y su elegancia expositiva (al respecto sus diez primeros minutos son ejemplares), en la sabiduría con la que trabaja los sentimientos y la relación de sus dos personajes, intensa, silenciosa y sincera (aunque esto no aprueba el test de Bechdel ni en septiembre). En el trabajo atmosférico, marcado por la perenne ventisca y por una fotografía que da relevancia al paisaje sin caer en el exhibicionismo. Y también, obviamente, en el apartado interpretativo, monopolizado por un Mads Mikkelsen que hace de esto su particular one man show sin, a pesar de ello, vampirizar en su favor el interés innegable que contienen las imágenes.

Ártico es, en fin, el fósil completo de un mamut conservado en frío desde hace miles de años: esquelético y pelado, definitivamente inmóvil pero sólido e imponente.

 

Trailer de Ártico

https://www.youtube.com/watch?v=yWid7uZvzto

 

 

Valoración de La Casa
  • Xavi Roldan
3.5

En pocas palabras

Mads Mikkelsen se embarca en una aventura ártica opresiva que emociona a pesar de la disposición más o menos previsible de sus reconocibles elementos.

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