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Crítica de Beast

No será que no hemos dado poco la brasa con esto, tanto nosotros como infinidad de personas. Que a veces no importa el qué, sino el cómo. Que ya se ha etiquetado toda clase de argumento habido y por haber, y han salido nueve grandes tipos de entramado, no hay nada nuevo que contar. Beast sigue a una adolescente en su búsqueda por encajar en algún sitio. De entrada, sorpresa ninguna. El debut en largos de Michael Pearce (dirección y guión) incide en las dificultades por las que se puede pasar en ese delicado salto de la niñez a la madurez. Descubrimiento de nuevas experiencias, aumento de responsabilidades, surgimiento de una voz interior que quiere ser escuchada… Y conocimiento de chico, dificultades para que chico encaje con la familia, madre que se pasa de estricta… Todo es terreno conocido y, a su vez, campo libre para correr como se guste. Se sabe la partida, se conoce la línea de meta, falta por ver el recorrido, y así es donde la propuesta de Pearce se descubre como una gratísima sorpresa: siendo lo mismo de siempre, su Beast convence.

Sí, porque de entrada, opta por jugar al contraste. Escenas preciosas, luminosas y pobladas de gente de bien, se alternan con inesperadas sombras que rompen la armonía: una playa, música coral, una muerte. Una fiesta de cumpleaños, un anuncio feliz, una herida buscada. Normal que se nos descoloque desde los primeros compases. Algo que busca Pearce, y para lo que incide también con guiños al cine de género, dejándonos a medo camino entre, pongamos, la serie Heridas abiertas y Carrie, o la reciente Thelma. Aunque por ahí leía alguna crítica que equiparaba a su protagonista, una excelente Jessie Buckley por cierto, a la Sissy Spacek de Malas tierras. Pues también, si ya decíamos que en el cine está todo inventado y sus temáticas son universales. Beast guarda, de hecho, una oscura relación con el crimen, por el que tanto ella como él (no menos atinado Johnny Flynn) parecen estar irremediablemente atraídos. Lo mismo venía a decir Malick, ¿acaso normal cuando se es rechazado una y otra vez?

Para ir desflorando a la protagonista de la función, Beast dosifica la información para que el espectador pueda interiorizarla sin que le mareen los saltos entre la vertiente emocional y la parte más narrativa (que incluye una trama policíaca). Se combinan bien, Pearce demuestra sutileza y sangre fría y no tiene ningún interés por precipitarse. Lo que se traduce en que además de vívida, su película es sumamente incómoda al impedir que nos adelantemos a los acontecimientos hasta que el propio film así lo disponga. Poco a poco, nos mete pues en la piel de la protagonista, nos sume en un coming-of-age dificilito, y de paso nos hacer dudar de todo y de todos. Y partiendo de un argumento manido hasta la saciedad.

Es posible que Beast no sorprenda ni rompa molde alguno. Pero la habilidad con la que, a estas alturas de partido, sume al espectador en un drama personal tan nimio en apariencia como enorme en su impacto emocional; su capacidad por hacernos comprar incluso sus pasajes más distorsionados (ese final de fiesta algo pasado de rosca); en definitiva, su inteligencia para conseguir llevarnos por donde quiere, la hacen despuntar y de qué manera. Con un ritmo parco en exabruptos, su crescendo emocional consecuente, y la crudeza que destila (las relaciones familiares hielan la sangre), la película demuestra que el cómo puede valer más que el qué. Y que cuando lo hace, es más que probable que se lleve el gato al agua.

 

Trailer de Beast

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
3.5

En pocas palabras

Un coming-of-age como tantos otros, pero explicado con frescura mediante un batiburrillo de géneros que consigue helar la sangre en más de una ocasión.

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