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Crítica de Beginning (2020)

En un único y largo plano fijo, distendido primero, cada vez más tenso y finalmente insoportable, la debutante georgiana Dea Kulumbegashvili nos planta en toda la cara un montón de intenciones. Por un lado temáticas, porque en esa introducción ya se plantean algunas de las cuestiones más relevantes, y varias de las cosas que aparecen ahí son casi premonitorias del propio desenlace de la película. Por otro lado formales, porque justo ese va a ser el modus operandi expresivo de la cinta, una sucesión de planos fijos dilatadísimos en el tiempo. Por último, porque empezar una carrera en el largometraje de este modo es, más allá de juicios de valor, todo un golpe autoral sobre la mesa. Beginning es, en muchos sentidos, un plato de dificilísima deglución y más dura digestión.

Voy a insistir en ello. No es una película fácil. Ni amable. Ni mucho menos optimista. Es el viaje de una mujer hacia la desesperación, el de Yana (deslumbrante Ia Sukhitashvili) hacia la búsqueda de su propia persona en un país y una comunidad asfixiantes. No sólo la sociedad georgiana sino también el submundo de las comunidades de testigos de jehová, de cuyo líder es esposa, además de receptora de desprecios y vejaciones diversas. Todo empieza -me guardo de revelar detalles importantes de la trama aun estar casi al principio de la historia- cuando el marido tiene que ausentarse durante un tiempo. En ese momento Yana experimenta por primera vez una soledad física -hasta ahora sólo había sido psicológica- y su vida empieza a ser pasto de depredadores.

Suena mal, muy mal. Y aunque Beginning no es una película explícitamente agresiva, en tanto que no espectaculariza el acto violento en sí mismo, sí que resulta desasosegante en su representación de la agresión, la deshumanización machista y el ejercicio de poder sobre la mujer. Sin embargo, la postura formal de Kulumbegashvili es calculadamente distante, radiográfica. Evita arrojar discursos maximalistas y regodearse en imágenes escabrosas (la secuencia más dura está rodada en un plano general a varios metros de distancia). Al contrario, su frialdad distante resulta aún más dolorosa, construyendo esos planos fijos a partir de minuciosas composiciones con movimientos internos -cuando los hay- extraordinariamente coreografiados, sin música y sin (casi) artificios narrativos. Un estatismo que nos obliga a presenciar momentos de violencia sostenida, de paulatino derrumbe psicológico y de búsqueda desesperada de una propia identidad y un lugar en el aquí y el ahora.

Es una puesta en escena que nos puede remitir al minimalismo expositivo de Kaurismaki, aunque despojado de cualquier atisbo de su humor. O a la deconstrucción de la figura de la mujer en entornos domésticos de Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles. Y aunque como estos referentes Beginning resulta en una propuesta radical, bella y terrible, también puede ser mucho más divisiva. Puede resultar excesivamente sutil o definitivamente discursiva según cómo se enfoquen sus planteamientos. Puede conmover sinceramente o (y) ser clasificada dentro de ese llamado «cine de la crueldad» que, en este caso, se serviría de la violencia sobre el cuerpo femenino para trazar un drama miserabilista. Se puede rebatir este enfoque con una cierta objetividad (la directora es una mujer joven que ha nacido y vivido casi toda su vida en una sociedad tan patriarcal como la georgiana), pero es cierto que Beginning puede ir más allá de lo objetivo, hasta una subjetividad difícil de eludir. Es una película durísima se mire por donde se mire: si no se entra en ella directamente se es expulsado, si se conecta con la propuesta de Kulumbegashvili, la violencia de sus escenas se hace difícil de soportar.

Pero planteamientos expositivos al margen es indudable e indiscutible que una película como esta es necesaria como puesta en cuestión de algunos asuntos relacionados con el fanatismo religioso y la intolerancia. Y especialmente como testigo despiadado de una realidad que siempre merece ser expuesta, la de las mujeres sin voz, silenciadas, ignoradas o directamente abusadas en ciertas sociedades occidentales en descomposición moral, que a menudo hacen oídos sordos o fomentan la cultura de la culpabilización.

Entrevista a la directora de Beginning en San Sebastián

Reseña de Beginning
  • Xavi Roldan
4

En pocas palabras

Muchos verán Beginning como un descarnado y volcánico retrato de una mujer desamparada en una sociedad machista. Otros como un ejercicio arty excesivamente intelectualizado y moralmente exhibicionista. Ambos tendrán parte de razón, pero sea como sea, el debut largo de la georgiana Dea Kulumbegashvili remueve y desmonta.

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