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Crítica de Bliss (2021)

Mike Cahill parece un tipo frustrado. Desde que se arrancó en el cine de ficción, su filmografía se basa en un denominador común: la potencial existencia de una vida mejor, ya sea en forma de toda una segunda Tierra en la que cada uno de nosotros tiene un reflejo potencialmente más feliz (Otra Tierra), o incluso cuestiones trascendentales que se planteen toda nuestra existencia (Orígenes). En el caso de la que ahora nos ocupa, Bliss, la obsesión continúa: Owen Wilson se topa con Salma Hayek en otro de los días de mierda de su vida (recientemente divorciado, con un trabajo mediocre, enganchado a medicamentos y soñando constantemente con unas circunstancias mejores), y esta le mete una idea loca en la cabeza. Están viviendo en una simulación a lo Matrix (o Twitter, o Instagram…) y su vida real es mucho mejor. La diferencia, pues, está en el discurso: ¿y si lo que tenemos ya es bueno, sólo que no lo valoramos lo suficiente? (Habría que preguntarle al director y guionista si opina lo mismo en tiempos de Covid…)

De una manera u otra, lo cierto es que la habilidad de Mike Cahill por sacar al espectador de terrenos conocidos sigue intacta. Por vía de sus cuentos de ciencia ficción urbana (o así), sigue siendo capaz de plantearnos una serie de virguerías científicas que son verdaderos caramelos, pero que van dando paso a cuestiones existencialistas sesudas y abiertas a disparidad de opiniones e interpretaciones (puede que todo lo que ocurra aquí sea una mucho más oscura parábola sobre las adicciones, ya sea a drogas más que a los mundos virtuales que generan las redes sociales, si es que estas no son una droga de por sí; elementos hay de sobra para tomársela así). En definitiva, Bliss pone en movimiento neuronas, y en vista de que en esta ocasión altera los cimientos del cine de realidades alternativas, durante buena parte del metraje toca no parpadear, so pena de perderse algún detalle que pueda resultar importante.

Nada de qué preocuparse: conforme las piezas van colocándose, no hay nada que se pase de frenada. Bliss no deja de ser un high-concept la mar de majo, pero resuelto de manera sumamente accesible. De hecho, si de algo peca el guion es de optar en determinados momentos reveladores de la trama, por un exceso de explicaciones. Incluso a nivel formal, Cahill no da pie a pérdida, optando por tonalidades netamente dispares en función de dónde estén sus personajes. Porque el objetivo no es sumir al espectador en un galimatías fantacientífico, sino hacerle reflexionar sobre la pregunta con que se abre la función y cuya respuesta existe solamente en la chotera de quien asista a ella.

Es justamente la simpleza con la que se va resolviendo todo (dobles lecturas al margen), la que en el cómputo global pasa factura: todo lo que tiene de guay la idea inicial, tan sólo pone en evidencia un trabajo mucho más exaustivo en darle forma cinematográfica, dejando en segudo plano factores quizá más importantes para la narración cinematográfica. Oh, nada, minucias: construcción de personajes, desarrollo de sus arcos dramáticos… Tan empeñada está Bliss por atinar con la ciencia ficción, que lo humano se queda corto. Meras pinceladas que no van más allá de la superficie para explicar las motivaciones de los dos personajes principales (sorprende que, pese a ello, Hayek y Wilson sean capaces de generar química), no digamos los secundarios, y uno de ellos juega un papel trasncendental… A lo mejor a Cahill no le importaban demasiado las cuestiones más mundanas. A lo mejor Bliss ha sufrido más de lo esperado en la sala de montaje (apenas dura una hora y cuarenta).

Al final lo que queda es una película que convencerá a quienes gusten de potentes ideas de corte fantástico. Así como a quienes un concepto les baste para montarse su película allí donde el propio metraje no exista. Como nueva muesca de sci-fi indie con mensaje, otra diana para Cahill. Ahora bien, quien busque una experiencia más completa, se quedará a medio camino con una propuesta tan sorprendente en su argumento como totalmente vacía en su emoción. Confieso: yo soy de los que se conforman y de qué manera. Para mí, el cine comercial actual anda tan falto de ideas que un concepto fresco y que me active las neuronas me compensa todo tipo de carencia sentimental, ya me construyo yo esa parte, gracias. Pero avisados quedáis.

Trailer de Bliss, con Owen Wilson y Salma Hayek

Bliss – Universo expandido

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Crítica de Bliss
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué ver Bliss

Mike Cahill sigue a lo suyo con otra película de ciencia ficción que tarda poco en invitar al espectador a reflexionar sobre su existencia. Una gran idea que se queda corta en lo emocional, pero da elementos de sobra para satisfacer a amantes del género tanto como a neófitos que anden faltos de ideas frescas.

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