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Crítica de Bloodsucking Bastards

Imaginad que The Office, en lugar de parar a tiempo, hubiera seguido unos años más en activo, ya con personajes en ficción y guionistas actores que les daban vida totalmente quemados, y con la serie en plan gracioso, sí, pero con su mordiente definitivamente perdida. Y ahora añadidle vampiros. Algo así es Bloodsucking Bastards, pero con una gran diferencia con respecto a la serie de Ricky Gervais y compañía: ésta fue plenamente consciente de su estado vital en prácticamente todo momento, mientras que la película de, ojo, Dr. God (así firma el director, Brian James O’Connell), se cree mucho más inteligente y graciosa de lo que en verdad es. De modo que una comedia de serie B que debería haber sido de lo más inofensiva… cae mal, por así decirlo. Sus aires de superioridad son demasiado evidentes como para pasarlos por alto, una altivez que la hace adoptar dejes de sátira social en lugar de limitarse a una mera broma, cuando carece de medios para ello. Porque ni es tan brillante su guion, ni transmiten más de lo justo sus actores, ni Dios le sabe imprimir el ritmo o el tono propios de una película con mayores asporaciones que el mero entretenimiento de sobremesa.

El resultado es un desigual pasarratos que jamás se define ni posiciona: en ocasiones es una mofa básica de la situación laboral (empleados desmotivados, falta de comunicación, tareas no del todo claras, oficina deprimente… recordaría, en este sentido, a la mucho más lograda -por no incluir vampiros- Trabajo basura), en otras tira de humor idiota, en otras en cambio pretende ser mordaz… y claro, también quiere ser una comedia de terror: cuando un nuevo jefe (un Pedro Pascal –Juego de tronos– esforzado) llega al despacho, lo hace envuelto de situaciones extrañas que, para asombro de un protagonista (apagadísimo Fran Kranz, cuyo potencial pareció quedarse en The Cabin in the Woods) que parece el plagio descafeinado del Jim de la serie antes citada, se traducen en una mejora de la eficiencia de trabajo de sus compañeros.

No se puede negar que Bloodsucking Bastards cuente aquí y allá con fogonazos de originalidad: algunas situaciones sí resultan genuinamente curiosas, y en otras la crítica cumple su cometido. Pero por lo general, Dr. God (co-escribe el libreto junto a Ryan Mitts, por cierto) peca de haberse situado un escalón por encima de espectador y película, enemistándose con ambos. La guerra contra el primero la pierde en seguida: difícil será que genere risotadas, si acaso alguna sonrisa inesperada. Contra la segunda ocurre paulatinamente: se le va yendo de las manos de manera irrefrenable, perdiendo el oremus en lo cómico y en lo terrorífico, y quedando en un sosainas batiburrillo en tierra de nadie, de olvido automático.

4/10

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