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Crítica de Bobby Z

Tim Kearney (Paul Walker) es un antiguo marine, ahora encarcelado, al que un agente de la DEA (Laurence Fishburne) hace una oferta: podrá obtener la libertad si se hace pasar por Bobby Z, un capo de la droga recientemente fallecido. Las cosas no sale como estaban planeadas, y Kearney tendrá que huir con el hijo de Bobby Z, un chaval de 12 años…
En ocasiones las distribuidoras cinematográficas sorprenden a todo el mundo anunciando los estrenos en gran pantalla de películas (directas a vídeo en su país de origen) de dudosa calidad, mientras condenan a otras de atractivo indudablemente superior a esperar su turno tragando polvo o se estreno en pequeña pantalla (por citar un par de ejemplos recientes: «The Fall», «El Diario de los Muertos», «Dewey Cox» o «Zombies Party»).
Pues bien, este es el caso de «Bobby Z», telefilm puro y duro maquillado de gran producción por la presencia (sorprendente) de un reparto a simple vista mucho mejor de lo que debería esperarse. Curiosamente, pese a ellos la película no ha engañado a (casi) nadie y no ha llegado a los cines ni de su país de origen, EEUU, ni del resto del mundo, salvo Japón y, cómo no, España, donde al parecer se estrenará el próximo viernes, 29 de Agosto.

Encontrar alguna virtud a este juego de dobles personalidades de tres al cuarto se antoja realmente complicado. Nada en ella logra suscitar la más mínima reacción en el espectador, salvo tal vez los primeros minutos, donde una mezcla de estilos a medio camino entre los hermanos Coen y Guy Ritchie mienten vilmente prometiendo un espectáculo desinflado rápidamente en los compases inmediatos.
Porque de hecho, lo que al principio parece ser un atractivo ejemplo más de ese cine irreverente y frenético (tan característico en directores como el segundo antes mencionado), se revela en verdad como un triste ejercicio desganado de simple acción sin garra ni ritmo, sumamente previsible y torpemente realizado en todos y cada uno de sus apartados.

A estas alturas no sorprenden demasiado las limitadas dotes para la actuación del protagonista absoluto del film, Paul Walker; lo que sí asusta es que sin embargo sea precisamente él lo más reseñable de la misma. Ni Fishburne, ni Jason Lewis («Sexo en Nueva York»), Keith Carradine («Dexter»), Olivia Wilde («House»), o el encasillado Joaquim de Almeida (su personaje es el mismo que interpretó en «24») parecen tener muy claros los motivos por los que se han metido en la película, y se limitan a pasear sus cariacontecidos rostros por las pantallas esperando con ansia el finiquito.
A todos ellos se le suma un guión a cuatro manos (sic) de lo más soso y anodino, que se permite el lujo de dar gato por liebre prometiendo una película de humor negro y violencia más o menos cafre (las escenas iniciales de la cárcel), para acabar en la corrección más absoluta e infantilizada, casi un cuento de hadas de moralina y mensaje paterno-filial realmente sonrojante. Todos sus personajes se muestran desaprovechados y arquetípicos, algo que por otra parte va perfectamente a juego con las situaciones de acción y enredo que pueblan casi cada minuto de la cinta, como decía antes completamente previsibles y faltas de gracia o carisma.

Y para rematar la faena, el director del asunto, John Herzfeld (que recordemos es el autor de «2 Días en el Valle» y «15 Minutos») se muestra asombrosamente patoso en las escenas de acción, resultando éstas confusas y acartonadas pese a su simplicidad. Así, las interesantes coreografías que llevan a cabo alguna que otra vez los actores pierden todo su brillo convirtiéndose en un batiburrillo casi amateur y de evidentes carencias no solo en la grabación de las mismas sino en el montaje posterior. De todas ellas, la que se lleva la palma es la pelea final entre Walker y cinco de los sabuesos de su enemigo, de vergüenza ajena hasta para el más desentendido.

Con todo, al final sí que es cierto que pueden desenterrarse un par de elementos positivos. El primero de ellos es que en más de una ocasión nadie parece tomarse en serio a sí mismo, lo cual lleva a conversaciones entre personajes con algún que otro guiño gracioso (uno o dos, tampoco nos ilusionemos). El segundo, obviamente, radica en la belleza de la femme fatale (por así llamarla) del relato, una Olivia Wilde a la que habrá que seguir más de cerca…

Evitar a toda costa. Simplemente ofensivo que exijan dinero por un telefilm ya de por sí de bajísima calidad.
2/10

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4 comentarios en “Crítica de Bobby Z”

  1. Pues a mí 15 minutos me parece una gran peli y Lawrence Fishburne un gran actor, aunque no aguanto demasiado a Paul Walker. Aun así, no hace falta mucho más que ver la portada para darse cuenta de que ésta no es ninguna joya… o si?

  2. no, si a mí también, por eso la cito (bueno, gran peli tampoco, pero sí buena, notable incluso).
    También creo que me gusta Fishburne, aunque no es ésta la primera vez que me decepciona…
    Y hay más portadas de la peli, pero no sé, creo que de todas esta es la menos fea, a falta de ver el cartel definitivo en castellano, claro!

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