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Crítica de Boomerang X (PC, Nintendo Switch)

¿Qué se puede esperar de un videojuego llamado Boomerang X? De primeras, que probablemente va a haber en él un uso abusivo de tan australiano artilugio. De segundas, un producto un poco heavy metal. En realidad la X puede remitir a la forma del boomerang en cuestión, arma letal que empuña en todo momento el avatar del jugador. Pero me sigue sirviendo lo del heavy, porque esto es tan doom metal como el propio reboot del Doom: un shooter en primera persona muchísimo menos sangriento pero igual de frenético. Una similar oda al movimiento permanente, un no parar taquicárdico que pide skills al límite, reflejos de guepardo cocainómano y un juego de índices y pulgares que sólo se consigue cuando uno entra en “la zona”: ese estado de hiperconciencia en el que desaparece todo lo demás y sólo existe lo que ocurre en la pantalla, el momento en el que de repente el caos se ordena ante los ojos del jugador y se convierte en una concatenación de reglas y sistemas perfectamente comprensibles.

Veis por dónde voy. Las reglas son simples: el jugador visita una serie de estancias estancas, arenas interconectadas por cuatro frases del NPC de turno que pretende articular una suerte de lore que importa entre poco y nada. La chicha está en esas arenas, que es donde se libran las batallas campales peleando contra oleadas de enemigos de todo tipo, cada uno de su padre y de su madre, condicionado por sus propias mecánicas de ataque y sus puntos débiles. La principal herramienta del jugador es ese arma de ida y vuelta que puede vagar por el recinto, buscando a su receptor -y despedazando a su camino- mientras este se mueve. Eso y un puñado de habilidades extra: un poder devastador que se va acumulando con un multiplicador y, especialmente, la capacidad de teleportarse en un nanosegundo al lugar donde ha lanzado el boomerang. Con ello sabido, el resto es mayhem, cargarse a cada enemigo como sea necesario y superar la batalla campal hasta la siguiente, presumiblemente más difícil o con algún condicionante ambiental.

La cosa podría recordar en su pacing y su gamefeel a Devil Daggers, aunque es mucho más bonito. Tiene una estética deliciosa de aires nipones, una resolución low poly con textura que aplaca cualquier posibilidad de festín de ultraviolencia fotorrealista y una banda sonora siempre al galope. Boomerang X no es gore, es sólo frenético y muy, muy bonito. También demencialmente difícil, especialmente deudor de esos arcades que pedían una combinación de reflejos, timing, movimiento constante y memoria muscular. Es un caramelo refrescante que quiere endulzar y saber cítrico -muy intenso- a la vez. Un FPS vertiginoso que pide speedrun a gritos, desarrollado por DANG y distribuido por una Devolver Digital que vuelve a demostrar, una vez más, que donde ponen el ojo ponen, bueno, el boomerang.

Gameplay de Boomerang X

Boomerang X: Frenético hit videojueguil
  • Xavi Roldan
3.5

Por qué jugar a Boomerang X

Velocidad, puntería, decisiones siempre al milisegundo y una estética más que bonita hacen de Boomerang X un FPS indie notable. Un juego que sirve para acumular estrés y descargarlo al mismo tiempo.

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