Crítica de Brothers (Hermanos)
Se da la circunstancia de que durante las próximas semanas vamos a conocer en nuestro país el estreno de tres producciones norteamericanas que se aproximan a los recientes conflictos armados en Oriente Medio y Próximo desde perspectivas alejadas de los preceptos tradicionales del cine bélico: «The Messenger«, sobre los oficiales encargados de informar de las defunciones de los soldados en campo de guerra a sus familiares, «The Hurt Locker«, sobre un grupo de artificieros en suelo Iraquí y esta «Brothers (Hermanos)».
«Brothers», séptima película del irlandés Jim Sheridan (suyas son «Mi pie izquierdo», «En el nombre del padre» o «The boxer») es el drama de una familia cuyo hijo mayor (Sam, Tobey Maguire) es un entregado oficial del ejército americano en Afganistán, mientras que su hermano (Tommy, Jake Gyllenhaal) es un bala perdida que acaba de salir de la cárcel y ha deshecho casi todos los lazos afectivos con su entorno cercano.
En cualquier caso, Maguire lleva sobre sus hombros al personaje sobre el cual reposan el gran tema final de la película: la culpa, el remordimiento y la incapacidad para vivir con ellos. Cierto suceso con una tubería metálica cambia la vida de Sam en Afganistán, lo rompe por dentro y termina por convertirlo en un muerto andante, incapaz de coexistir consigo mismo y mucho menos con su entorno. En relación a ello es estupendo el plano del bebé sentado en el suelo mirando a Sam, que a millas de distancia le devuelve la mirada en plano contrapicado abrumado por sus actos y por cómo que estos condicionan la vida del niño. Es difícil explicarlo sin soltar spoilers por doquier, pero quien haya visto la película probablemente sepa de lo que hablo.
Además de todo esto no puede faltar el mensaje desesperanzado sobre las consecuencias humanas del conflicto bélico: se marchan personas, vuelven despojos; consumidos por la locura, la incapacidad para re-adaptarse a la vida cotidiana (de ello había también en «The Hurt Locker») o, como en este caso, la desconfianza brutal. Hay en «Brothers» una desmitificación del veterano, una visión trágica dada por esa carnicería psicológica sufrida, que se contrapone a la figura clásica del soldado como héroe de guerra. La misma visión crítica que floreció tras Vietnam y que le supuso al cine yanki la pérdida de golpe de varios puntos de inocencia.
Pero todo esto al final sólo son buenas intenciones cuando el tono de la película no termina de acompañar. En este caso, la profundidad de las sensaciones que se pretende crear en el espectador se ve dificultada por lo efectista de sus giros argumentales. Las escenas en Afganistán resultan maniqueas en su sensacionalismo, y terminan siendo excesivas y deslavazadas. Paralelamente, en Estados Unidos el proceso de «suplantación» de Sam por Tommy se lleva de manera natural y fluida, aunque irónicamente le falta algo de contundencia, un «algo» que avale la relación entre sus protagonistas.
Y sin embargo, en el momento en que el triángulo amoroso queda establecido, los hechos se precipitan de nuevo hacia los lugares comunes del dramón más burro: la escena del cumpleaños de la niña es casi telenovelesco, y el clímax final en el porche de los Cahill exageradamente teatral. En ambos casos ahí está el bueno de Tobey Maguire, apoyado por el resto del reparto, para salvar la papeleta.
Si el otro día decíamos que «Una educación» podría ser el reverso melodramático de «Sabrina», esta lo sería de «Mi mujer favorita»… solo que donde aquella terminaba siendo una divertida comedia de enredo esta se plantea funcionar como una radiografía de los sentimientos humanos más oscuros y sus diversos traumas, y en lo hinchado de sus aspiraciones cinematográficas es donde falla una película que, por lo demás, podría haber quedado bastante apañada.
5’5/10
Vaya, pues parece que el efectismo excesivo ha echado por tierra las buenas sensaciones que, recuerdo, mostraba la original. Aquella también tenía sus trampas, pero estaban bastante más ocultas… intentaré ver esta de los hermanos Maguire a.s.a.p.!
Ay, que te había dejado colgado…
Pues sí, no es una película del todo despreciable, pero ya te digo que está un poco pasada de rosca hollywoodiense. Con su momento de monumental bronca en la cocina y su clímax que… bueno, ya lo verás.
Lo más destacable es que por fin alguien se ha dado cuenta y ha reunido a los dos actores para hacer de… hermanos! Hellooooo!
Por cierto, yo tampoco ni me había dado cuenta de la errata aquella de los estrenos… (eso sí, has perdido una oportunidad de oro para hacer lo de "La Cosa de los Errores", jejeje)
Uhhh, en mi caso esta película me fascinó, la trama se hizo un poco hollywoodense como dices, pero las actuaciones de los dos hombres son espléndidas, sobretodo el post trauma de Sam.
Lo único que no me gustó fue el sabor patriótico que le siguen dando los estadounidenses a los hombres de guerra, siguen excusando las guerras.
yo le hubiese puesto un 8, pero bueno, cada quien con sus críticas, jaja.