burning

Crítica de Burning

En contraste directo con la tendencia más o menos generalizada en el cine oriental contemporáneo, Lee Chang-Dong parece tomarse las cosas a su propio ritmo. Al contrario que su compatriota, el muy hiperactivo Hong Sangsoo, el director de Secret Sunshine ha decidido dejar pasar casi una década desde que nos aplastara el corazón por última vez: fue en 2010 con la soberbia Poesía. Desde entonces, sequía. Y cito a Sangsoo por ser el otro gran exponente actual del cine norcoreano de autor, pero lo cierto es que las propuestas de uno y otro no podrían estar más alejadas entre sí: si Sangsoo hace del costumbrismo más lo-fi un arrebato casi punk, Chang-Dong, especialmente en esta Burning, se revela definitivamente como un autor expansivo y sensorial. Un narrador que pone el agua a hervir a fuego lento pero que deja que termine borboteando. Y que perfila su exposición con un mimo formal que casi parece obsesivo.

Es esta la historia de una relación a tres bandas entre un tipo cualquiera, desarreglado aspirante a escritor, una chica magmática en pleno descubrimiento de la vida y un repelente pijo, encantador y encantado de conocerse, de sonrisa inquietante y costumbres dudosas. Los dos primeros trazan una relación afectivo-sexual no muy clara, pero que parece tener algún tipo de futuro… hasta que el tercero entra en escena. Y a continuación las piezas sufren otro cambio más -que me reservaré por el bien de la sorpresa- y su disposición en la partida queda sentenciada definitivamente.

Chang-Dong da alas al material del que parte, un relato breve de Haruki Murakami que no teme magnificar en su beneficio, y edifica un thriller que vibra a nivel subcutáneo, casi imperceptiblemente. Burning parece un drama, y lo es. Tampoco renuncia a ciertas vetas de comedia negra. Pero en el fondo todo el Truffaut y el Antonioni que pueda esconderse tras la relación y devenir de los tres protagonistas termina dando pie a mucho Chabrol y mucha Highsmith: estudio de personajes, cuitas de la burguesía lidiando con sus propios asuntos delictivos y los celos como principal motor del mundo.

El resultado es una película enigmática y absorbente, marcada por un trabajo expositivo y narrativo tremendamente sexy, que escruta a los personajes sin por ello rebajar el poder de seducción. Resulta visual y sonoramente cautivadora sin la constante necesidad de epatar, aun rozando el umbral en algunos momentos concretos (esa escena aliñada por la trompeta de Miles Davis podría haber terminado en desastre, pero resulta en un prodigio plástico). Y logra secuestrar la atención gracias a un guión mucho más diabólico de lo que podría parecer a primera vista, en el que las tensiones afectivas, el choque de clases, la manía, el sexo y muchísima mierda soterrada marcan la agenda de las relaciones interpersonales.

 

Trailer de Burning

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
4

En pocas palabras

El retorno de Lee Chang-Dong tras ocho años de ausencia se salda con un viaje turbulento a los confines del afecto a través de un thriller lírico y magnético.

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