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Crítica de El caballero verde (The Green Knight)

Cada cierto tiempo pasa que llega un director con ganas de ponerlo todo patas arriba y estrena, encorsetada en un género vilipendiado por la homogeneización de la industria y su público, una película que se convierte en revolución. Que aunque recorra la misma senda recorrida por propios y extraños, lo haga desde una posición radicalmente distinta que acabe suponiendo, a la postre, un reto para el espectador. Claro que, luego, el espectador probablemente acabe pasando de ella y santas pascuas. Uno de los nombres adscritos a este clan de inconformistas es David Lowery, en especial por A Ghost Story, historia clásica de fantasmas que en ningún momento se desmarca de los lugares comunes del género y que, sin embargo, no dejó a nadie cómodo en su butaca, por un motivo u otro. Ahora repite juagada con El caballero verde (The Green Knight), tomando el género de la épica fantástica desde sus raíces y sacudiéndolo hasta dejarlo tiritando y, por extensión, a un espectador a quien vuelve a poner en un aprieto.

Lo que hace en esta ocasión Lowery es adaptar el romance Sir Gawain y el Caballero Verde, del siglo XIV, que fue editado en condiciones por J.R.R. Tolkien (lo cual tiene todo el sentido del mundo, la verdad). Un hombre quiere ser nombrado caballero, y para mostrar su hombría y su validez como tal, emprende un viaje de leyenda por el que deberá ir superando pruebas y evitar caer en tentaciones que lo echen todo al traste. Como veis, sobre el papel no hay nada nuevo: Lowery adapta una odisea siguiendo los cánones y, de hecho, la estructura de The Green Knight es de lo más sencilla (y se torna aún más evidente al presentarse en forma de capítulos con título propio). Pero se tarda poco en entender que lo que nos queda por delante no va a ser fácil.

Presentada con una exquisitez formal apabullante, la película sitúa a un correctísimo Dev Patel en el epicentro de una vorágine de simbolismo, metáforas y lecturas entrelineadas. Toda prueba a la que se expone parece tener una resolución sencilla: seguir en una dirección, regalar a una persona todo lo que encuentre en un día, respetar el amor de su amada. Pero, claro, todo esconde un quebradero de cabeza mayor en esta empresa del ser humano por demostrar(se) lo que vale. Y de la misma manera que Patel avanza por una senda incierta y en la que es zarandeado por activa y por pasiva, lo hacemos nosotros a total merced de un David Lowery que nos embelesa desde lo formal para noquearnos con su… bueno, con su reto. Y es que El caballero verde acaba siendo una película agotadora cuyo devenir lento, lentísimo, se agradece si pretendemos alcanzar en medida de lo posible todo su esplendor.

Claro que para eso, para llegar al nirvana total que propone su director y guionista, no sólo hay que prestar atención a todo detalle, sino probablemente dedicarle más de un visionado. O quizá la gracia resida en interpretar a tu manera aquellos pasajes dejados, con total voluntad, a medio exponer. Porque si algo queda fuera de toda duda es que Lowery ha hecho lo que ha querido calculando al detalle qué contar y qué no en una película que es más bien una obra de arte.

El problema está en que seguramente, el ritmo pausado de El caballero verde acabe con la paciencia de más de uno (y más con lo fácil que es cambiar de película en las plataformas digitales). Que, como toda perversión de un género aposentado en libro de estilos aceptado por el público mayoritario, genere más rechazo que otra cosa. O que simplemente, su estreno pase desapercibido y acabe cayendo en el olvido, como lo hicieron antes que ella Noé o La ciudad perdida de Z. Sería una pena. Muy pocas son las ocasiones en que una película decide cortar por lo sano. Cada vez es más inusual ver cine arriesgado y más a estas esferas (no deja de ser una «superproducción»). Pero es que además, esta es de las veces en que el riesgo se traduce en éxito, por vía de una película que no se arruga, que es fiel a sí misma en todo momento y hasta la última consecuencia, y eso la hace poseedora de momentos bellísimos, otros absolutamente mágicos, otros acojonantes y otros que te dejan noqueado. Más se piensa en ella y más crece El caballero verde en el recuerdo, más ganas entran de volver a verla y de hacerlo en la pantalla más grande posible. Por todo ello, bien merece sacrificar un poquito de confort, aceptar el desafío. El esfuerzo tiene, desde luego, recompensa.

Trailer de El caballero verde

Guía previa para ver El caballero verde (en inglés)

El cababllero verde: una odisea revolucionaria
  • Carlos Giacomelli
4

Por qué ver El caballero verde

David Lowery vuelve a sacarnos de nuestra zona de confort con una revolución en el seno del cine fantástico, por vía de un The Green Knight que toma todos sus lugares comunes y les añade una pátina tan única como desafiante.

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