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Crítica de Chico Sombra, de Ben Sears (La Cúpula)

A Ben Sears es como si lo conociéramos pero no. Obviamente quienes tengan la antena más o menos puesta en indie americano, en fanzinismo, incluso en animación, habrán oído hablar de él. El resto, más o menos condicionado por la exposición española de su obra, quizá andarán un poco perdidos, agarrados solamente a su participación en la lisérgica serie de Netflix Midnight Gospel y a este Chico Sombra que ahora edita La Cúpula. Pero ya digo, de algún modo su estilo es tan calentito, tan simpático y tan cool que, por lo que sea, resulta familiar. Y no lo digo en un mal sentido. Chico Sombra primero sorprende. Luego, acoge. Secuestra la atención a lo bruto, con una paleta de colores limitada al amarillo. Chillón. Si no canario, casi. Un único tono que contrapuntea al negro de las tintas, al puntillismo de las sombras y al blanco de las luces. Es una propuesta aparentemente radical que se gana la personalidad por la fuerza, pero que luego recompensa con una calidez naíf del trazo, entrañable y casi se diría marcado por un target que probablemente sea en su mayoría público joven.

Rostros de tebeo infantil y formas gomosas, redonditas, nubes de chuche apelotonadas en paisajes urbanos futuristas… para un contexto algo más ácrata. Chico Sombra es un tebeo de superhéroes, de uno joven, un Nightwing underground que ejerce de guardián callejero de bolsillo. Pero también es una historia semidistópica donde los cuerpos de seguridad -matones bastardos con uniforme de poli- casi dan más miedo que los maleantes, paseándose por las barriadas de una ciudad en la que la gente humilde tiene que sobrevivir como puede. La aventura es dinámica, salpicada de humor y sustentada en personajes fáciles de querer, pero su trasfondo es oscuro. Marcado por los intereses capitalistas, la presencia perenne de las evil corps en la vida socioeconómica y, por qué no, las logias extrañas con turbios intereses de poder.

Chico Sombra es, con todo, un cómic divertido, poco pretencioso y capaz de funcionar como pistoletazo de salida para una saga con futuro. Quizá menos tensado y profundo que el Battling Boy de Paul Pope, por poner un ejemplo, pero sí entrañable y muy majete en las formas, al mismo tiempo que se muestra comprometido con el fondo. Decía que parece que conozcamos de antes a Ben Sears y esa es una de las grandes virtudes de esta su carta de presentación comiquera en nuestro país: la capacidad para, sin cambiarnos la vida, reconfortarnos con una historia de tintes conocidos, referentes familiares… y aun así fresca y excitante.

Chico Sombra: bueno conocido
  • Xavi Roldan
3.5

Por qué leer Chico Sombra

Tebeo de estética cartoon y contenido chispeante, especialmente destinado al público joven, que encontrará una aventura con similares (y elevadas) cantidades de acción y comedia. Pista a seguir

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