Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel

Crítica de Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel

Soberano tostón se marca en esta ocasión la Tautou, que aunque voluntariosa, no da pie con bola desde que cautivó con su sonrisa de Amélie a tantos espíritus romanticones a golpe de melaza de tarro tamaño king size.

Ahora se calza la apasionante (nos lo tenemos que creer) personalidad de Coco Chanel para el biopic de turno y los resultados son, una vez más, rutinarios, automáticos, encorsetados. Cansinos. Y van…

Porque he aquí otra de post-bélle époque con biografía como excusa, u otra historia de cenicienta vestida de reconstrucción histórica, como se prefiera. Y parece que, agarrados a ello, los creadores de esto (con la directora Anne Fontaine a la cabeza) no quieran renunciar a las constantes de la biografía al uso, sin quizá darse cuenta que ya un personaje carismático no justifica de por sí sólo una mierda. Que detrás tiene que haber algo más. ¿Pasión? ¿Originalidad? ¿Transgresión? Algo, lo que sea. Pero no, nada de eso hay en -el título en español se las trae- Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel.

Qué va, aquí todo el mundo pone demasiado poco de su parte y pretende que nosotros, almas cándidas en espectadores estúpidos, lo compremos.

Por un lado Fontaine, además de directora, adaptadora de la biografía de Edmonde Charles-Roux no quiere o no puede trascender los tópicos genéricos (ella lo querrá entender como temas universales, pero tratados así… son tópicos). Elementos de la recurrente historia de fierecilla domada, de descubrimiento y fascinación por un nuevo mundo de lujo y comodidad, de niña pobre que no abandona su carácter cuando se mezcla -braguetazo mediante- con la pompa repelente de la alta burguesía, con su justa medida de eduquemos a la pobre inculta al más puro estilo My Fair Lady.

Pues vale, Coco es una rebelde, ¿y? Una mujer fuerte. ¿Y? Sus correrías no nos importan, porque de momento no hemos podido ver nada que la distinga de cualquier otra criatura literaria en su posición. ¿Me decían que va a ser una figura clave de la moda de todos los tiempos? Supuestamente. Ya lo veremos.

La Fontaine-realizadora tampoco quiere destacar como directora de altura. Así que se limita a echar un ojo en vuelo rasante a esa sociedad que retrata, acomodada y superficial. Y la ridiculiza confrontándola a la lucidez de Coco, supuesto único foco de sentido común en todo el meollo.

Además, la directora se decanta por una realización sobria, elegante, abriendo el plano en la representación bucólica del garrapatismo campestre de los burgueses y parando atención al detalle de la recreación histórica en decorados, ambientes y vestuario. Una realización supuestamente personal, cuidada y bella.

Demasiados supuestos.

Pero aquí viene el más gordo: Coco es supuestamente una visionaria, una revolucionaria entregada a luchar contra las convenciones sociales, contra los roles y contra los principios sexistas de la sociedad. ¿Manden? Sí, viste raro y se diseña los trajes ella misma. Sí, todas la desprecian por vestir como un tío y sí, todos la miran con ojos de homosexuales reprimidos. Demasiado simple. ¿Por qué tenemos que creernos que se convirtió en la más influyente diseñadora de moda de la Historia y no se nos muestra apenas esa pretendida Pasión Por Lo Suyo? Flaco favor le hacen a un personaje que, supongo, rebosaba audacia y atrevimiento, que luchó contra viento y marea por hacerse oír y de paso hacer oír a todas las mujeres, por lo menos durante diez minutos, en un mundo eminentemente machista, represivo hacia todo aquél que no tuviera (tenga) pene.

A su favor, decir que el argumento se presenta sólido, y tiene claro a dónde va. Realmente no va a ningún lado, pero por lo menos se centra en Coco como heroína de la función y al rededor de eso va orbitando todo el rato, aunque, como decía, no tenga demasiado que decir.

Así que algún hallazgo ha de tener en su relato de la vida y milagros de la dichosa diseñadora: la relación que establece con su marido oficial logra escapar del estereotipo gracias a un original planteamiento del personaje. El tal Étienne está entre un calzonazos clase A, un involuntario represor, un imbécil miope y una buena persona que ha ido a caer a la compañía de una personalidad fuerte.

Eso y que Tautou hace un cierto esfuerzo por crear un personaje independiente y decidido. Y no lo hace mal, aún siendo incapaz de desprenderse de su perpetua cara de pescado hervido. Al final casi consigue que identifiquemos a actriz con personaje, y hay que agradecerle el detalle. Especialmente debería hacerlo Fontaine.

Nada, nada. Un par de destellos en un mar de rutina. No hay nada que hacer, el aburrimiento y el estancamiento se van comiendo los minutos de la película hasta desembocar en un final amanerado y con muy poca fuerza, precipitado y con un tempo muy mal llevado, que se distingue del resto de metraje por estar centrado ya en la Coco que todo el mundo conoce (la diseñadora) pero que resulta igual de soso. Lo cuál es más grave por tratarse del hipotético clímax de la historia, y ni un uso curioso de los espejos como elemento escenográfico salva la secuencia. Más bien la precipita tristemente a la repelencia visual.

Con todo esto, definitivamente Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel tiene muy poco de lo primero y definitivamente no va a hacer lo segundo.

Valiente medianía.

 

Vídeo de Coco Chanel (la de verdad)

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
2

En pocas palabras

Una película tan olvidable y aburrida como para pasar por alto sus burdos discursos maniqueístas y panfletarios.

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