cult of chucky

Crítica de Cult of Chucky

Que a estas alturas siga existiendo la saga del muñeco diabólico no es fruto de la casualidad. Don Mancini ha ido haciéndose con adeptos a cada paso que ha dado. A día de hoy, Chucky es ya un ídolo, o uno más en la familia. Y más importante aún, las películas que conforman la serie Chucky han hecho lo que han querido, nos han llevado por derroteros que no habríamos imaginado. Que me perdonen los Feebles, pero hemos visto a este muñeco matar a grandes y pequeños, mujeres y hombres; se h masturbado, hemos conocido a su novia, e incluso a su hijo. Y no recuerdo cuándo se cargaba a Britney Spears chocando su 4×4 (sip) contra el coche rosa chillón de la cantante. Surrealismo y mala leche, humor y sexo de látex, y en general un tipo, el muñeco de marras, francamente simpático. Bien, pues vuelve a la carga. Y con Cult of Chucky, la saga mantiene inamovibles su discurso, su juguetona personalidad, y en definitiva, su condición de intocable. Mancini y Chucky (voz de Brad Douriff, ya mítica) nos tienen encandilados.

Y eso que a esta última entrega se le empiezan a notar las costuras. De presupuesto aún menor a lo acostumbrado, la película tarda en arrancar mientras se centra en la figura de la víctima humana (debería sonar la historia de Nica), lo cual hace poco favor a las vergüenzas del film desde la dirección, el guión, o la puesta en escena en general. Poco alentador arranque de motores que poco a poco va subiendo decibelios: oh, un personaje especialmente idiota por aquí; oh, reaparición épica por allá; oh, esto empieza a coger una forma deliciosa.

Aunque sea a forma de patilladas y de justificaciones que incluso alteran los fundamentos de la propia historia original, este Cult of Chucky acaba virando hacia la dirección deseada, tornándose un demencial slasher divertido y socarrón, con giros, guiños, chistes y un muñeco asesino que ni se cansa, ni nos cansa. Pese a la existencia de una comunidad de feligreses bastante numerosa, no creo que haya ningún acérrimo defensor a quien puedan sentarle mal las profanaciones que, por otra parte, el propio Don Mancini se encarga de realizar (y quién mejor que él), por lo que sólo queda dejar prejuicios a la entrada del cine y disfrutar de una nueva aventura de CHucky. La más floja, quizá. Pero da igual, porque tiene carta blanca, al menos de momento.

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
2.5

En pocas palabras

Una nueva entrega que nadie pide, pero que mantiene el tipo consciente de su condición de subproducto. Mancini se salta a la torera alguno de los credos de la saga. ¿Sacrilegio? ¿Qué más da?

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