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Crítica de Danza macabra

Danza macabra

Hay varios títulos básicos en la cinematografía italiana, para adentrarse como Dios manda en el género de terror que tantas alegrías le ha dado a la industria transalpina. La mayoría se asocian a los nombres de siempre (Bava, Argento, Freda), pero no cabe duda de que uno de los fundamentales es este Danza macabra que nos trae en DVD la distribuidora 39 escalones, y que dirigió hasta en dos ocasiones (la segunda, autoremake, bajo el nombre de La horrible noche del baile de los muertos en 1971) Antonio Margheriti. Estrenada en 1964, de su argumento se ha hablado en miles de ocasiones; hasta cierta familia animada de color amarillo tiene un episodio de igual temática. Un intrépido reportero acepta la apuesta que le lanzan Lord Thomas Blackwood y Edgar Allan Poe. Tendrá que pasar una noche entera en el castillo del primero, aparentemente maldito puesto que nadie, nunca, ha conseguido superar la empresa con anterioridad. Mola.

Como mola que la película signifique una muestra más de esa relación de amor odio entre Barbara Steele y el género italiano, que facilitó emblemáticas citas como La máscara del demonio. Su presencia en Danza macabra, esa belleza extraña a la vez clásica, desconcertante y embriagadora, le otorga a esta última un plus de anacronismo gótico, puramente poeniano precisamente, que ya busca con tesón desde su fotografía en un blanco y negro sumamente expresionista. Y desde su puesta en escena neblinosa, llena de sombras que arrebatan las esquinas del sobrecargado castillo en que sucede la acción. Medidas imprescindibles para sumir al espectador en una de esas pesadillas que lejos de quedar en la inmediatez de un susto puntual (a lo que tampoco reniega, ojo), cala hasta los huesos.

En eso, Danza macabra cumple con puntillosa perfección. Generando envidias entre los gerifaltes de la Hammer y la salivación de los fans de los monstruos de la Universal, Margheriti va desplegando su juego paulatinamente, dosificando información y tensión para ir acrecentando sendos valores con absoluto control. De este modo, la película pasa a ser una alternancia de atmósferas, de silencios y de desasosegantes revelaciones, con pasajes de violencia inusitadamente elevada, sexo de no menos sorprendente explicitud y asesinatos sobrenaturales. Todo ello sazonado con cierta poética romántica, a la que se llega mediante una elaboración de personajes más profunda de lo habitual, con ecos de tragedia shakesperiana (!). Un compendio de valores, en definitiva, que hacen de la cinta uno de los ejemplos del (sub)género más dinámicos, compactos y de alta carga intensidad que se recuerdan.

Danza macabra

En resumen, Danza macabra significa una grandísima traslación a imágenes de los universos de Edgar Allan Poe (si bien no corresponda a ninguna adaptación en concreto de sus historias); una cita ineludible para los amantes del género en su versión clásica y según el gusto gótico italiano; y en general, un feliz (re)descubrimiento para cinéfilos abiertos a diversas expresiones del séptimo arte. Por algún extraño motivo, la de Margheriti no ha trascendido tanto como otras propuestas de corte similar, quizás de mayor pedigrí pero en ocasiones de calidad netamente inferior a la que ahora nos ocupa, que de paso, se gana sin ningún problema incluso la etiqueta de película avanzada a su tiempo. Y eso sí que mola. Ocasión de lujo para darle los mimos que se merece.

 

Y en el DVD…
Danza macabra se redescubre mediante un DVD, editado por 39 escalones, que respeta y de qué manera la cinta, depurándola de cualquier impureza y destacando por su imagen nítida y bien definida a la que, si acaso, se le puede echar en cara cierto apagamiento de las tonalidades negras. El único audio seleccionable es la versión original italiana, en un Dolby 2.0 que permite, dentro de los límites del estéreo, disfrutar sin problemas de su marciana banda sonora y los malrollistas efectos de sonido. En definitiva, edición básica pero francamente válida.
El apartado de los extras incluye un larguísimo cortometraje (casi 15 minutos) titulado La última víctima, dirigido por un esforzado Ángel Gómez Hernández, con la presencia de nuestra scream queen Macarena Gómez, y con final sorpresa incluido. Más interesante debería ser la presentación de la película de Margheriti a cargo de Ángel Gómez Rivero, especialista en el género, si bien se trate de cinco minutos en los que no se comente nada especialmente trascendente para quien ya haya visto la película…

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