Crítica de “Acantilado Rojo”, por John Blutarsky

Observando la trayectoria del realizador chino John Woo durante su dilatada aventura americana se puede extraer una conclusión clara: iba de mal en peor. No empezó mal, y ha dejado algunos buenos ejemplos de competente cine de acción (ahí está “Cara a cara”) pero sus últimos productos eran francamente flojos (léase “Paycheck”).
Así que su esperado retorno a China (donde parió las mucho más jugosas “The Killer” o “Hard Boiled”) sólo podía augurar cosas buenas. Lo que pocos se esperaban es que nos saliera con un producto tan elefantiásico como “Acantilado Rojo”. Sí, amigos, Woo ha vuelto a casa por la puerta grande: nada menos que con un fresco histórico bélico en dos partes, estrenadas en dos años consecutivos (2008 y 2009) y que juntas suman la friolera de cuatro horas treinta.
La mala noticia es que nosotros en pantalla grande sólo vamos a poder disfrutar de ello a medias. La versión que se comercializa en occidente mutila la estructura bipartida en una síntesis de dos horas largas, mucho más asequible para el gran público, pero que pierde el sentido y se pasa por el forro su condición de mastodón fílmico, que al fin y al cabo es lo que le da la gracia. El buen foie es para comérselo a mordisquitos. El foiegras de supermercado para atracarse a él. Por eso un pequeño canapé de degustación de paté La Piara resulta una ridiculez.


La historia de “Acantilado Rojo” es sencilla: tomando como partida los acontecimientos que desembocaron en la “Guerra del Acatilado Rojo”, al final de la Dinastía Han (siglo III), Woo nos cuenta toda la contienda bélica entre el canciller Cao Cao (Fengyi Zhang), señor de la guerra a cargo de las tierras del Norte, y los rebeldes del Sur que se oponían a la unificación y sumisión.
En este contexto, los dos bandos se preparan para el choque mientras sus actores principales planifican sus vidas, y en el centro de los cuales se encuentran, oponiéndose a Cao Cao, el virrey sureño Zhou Yu (Tony Leung) y su esposa Xiao Qiao (Chi-Ling Lin), para colmo, objeto de deseo de Cao Cao.
Poco más que contar, porque todo lo que envuelve esta historia está enfocado a la vertiente bélica de la película. Esto es un choque de dos bandos, y los preparativos de ambos son lo que se nos muestra. Más concretamente, los prolegómenos de una revolución armada, la de esos sureños irreductibles que se niegan a caer sin luchar.
Así que siendo la estructura argumental tan sencilla, aquí lo que cuenta es el aderezo: los ingredientes habituales están, y en cantidades generosas. En “Acantilado Rojo” hay personajes que defienden su honor, que se sacrifican valientemente por la causa. Hay heroísmo, alianzas y traiciones, venganza e intrigas políticas. Amores apasionados y tragedias humanas.

Como en las grandes historias de toda la vida. Porque esto es lo que es, una “gran historia” a la que no le importa caer de vez en cuando en el tópico sobado. “Acantilado Rojo” no es nada que no hayamos visto antes mil veces, y precisamente a eso juega.
Su carga aventurera tipo “El señor de los anillos”, combinada con ese toque softgore del cine oriental de espadachines le basta para emocionar y hacer vibrar al respetable. Es tan enormemente estruendosa y tan grandilocuente en su epicidad que al final uno no tiene más remedio que rendirse a la emoción (no sé, ¿casi infantil?) que transmiten las proezas de esa banda de action heroes de la China imperial.
Pero no todo es acción, porque si la parte épica del relato va a saco (nos hace comer tierra a palas), su vertiente más, digamos, lírica tampoco se queda corta. “Acantilado Rojo” pivota sobre esa dualidad. Combina momentos de emoción bélica con pasajes sosegados, casi poéticos, de una voluptuosidad visual que roza lo empachante: el tratamiento de la luz y de los efectos digitales, siempre buscando el preciosismo o el impacto visual tontea con lo impostado, pero evita el ridículo de manera brillante, aunque no sepamos muy bien cómo.
Y al final, quedan para el recuerdo escenas tan impresionantes como la de la caza del tigre (ausente en el “monatje occidental”, aish…), por fantasmagórica y brumosa, o la de la última batalla nocturna, por su pirotécnica belleza.
Para colmo, se permite colar una fuerte carga tradicional que incluye rituales, costumbres o un par de momentos musicales e incluso parece querer recordar en algunos momentos a las películas japonesas de samuráis de Kobayashi o Mizoguchi, a menudo con el “Ran” de Kurosawa entre ceja y ceja. O, barriendo más para (su) casa, algunos momentos del cine de Yimou. Y no sólo del último Yimou, ojo.
Pero no olvidemos que todo es un megaespectáculo, así que las grúas, los impresionantes planos aéreos (acojonantes los regimientos de barcos, las fortalezas asediadas, las tácticas de formación y ataque), un diseño de sonido potentísimo, muy cuidado, y los efectos digitales más o menos resultones están a la orden del día. 
El resultado se puede deducir. John Woo pasa con facilidad pasmosa de lo mínimo a lo máximo, de lo íntimo a lo enorme, y lo une todo de manera admirable en un conjunto cohesionado en el que, por cierto, no faltan las habituales obsesiones del realizador: ralentizados por doquier, artes marciales medio disimuladas, e incluso palomas blancas simbolizando pureza en un clima de violencia están ahí con el cartelito “marca de la casa” colgando. Pero por esta vez nada de ello desentona, al contrario, refuerza su carácter de poesía palomitera para las masas.
La bipolaridad del montaje ayuda. Woo sabe combinar la adrenalina (su aventura americana así lo atestigua) en una planificación muy picada que sin embargo nunca pierde el norte, con ese otro ritmo pausado, solemne. Ese que permite a los personajes respirar, pensar durante la calma tensa de entre batallas. Que se vayan desarrollando entre hostia y hostia y logren trascender el mero brochazo para que uno pueda sentirse identificado con su heroicidad y valentía.
 
Para ello, un reparto de campanillas pone con notables resultados toda su carne en el asador y, para qué negarlo, da un pequeño empujón a la factura más elevada de la historia del cine chino.
Pero lo vale porque, ya digo, el resultado es realmente impresionante, casi abrumador y no apto para amantes de la sutileza y la contención.

En fin, como decía antes, es una auténtica lástima que aquí tengamos que conformarnos con la versión “asequible”, porque con ella todo el tinglado pierde parte de su razón de ser: viendo las dos partes de “Acantilado Rojo” a uno le asalta una especie de euforia, ajena a cualquier valoración sesuda y tiquismiquis de lo que se tiene delante y termina por importarle un pimiento todos los reproches que se le puedan hacer a la película: esto es épica pura, emoción al límite y un espectáculo de primer orden. Como un bestseller que engancha mediante triquiñuelas y golpes de efecto sobados. Pero a lo bestia.
Una película desmesurada y majestuosa. Grandiosa.

8/10

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7 comentarios
  1. Captain Dice:

    La vi ayer de preestreno y me pareció un petardo insufrible.

    Aburren las escenas de acción, aburren los diálogos, aburre la fotografía y aburre la música.

    Gracias a Dios que no han traído la versión de 4 horas y media.

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  2. KarlFM Dice:

    Hay personas que para no aburrirse en el cine deberían alistarse a los mariners. Sinceramente El Acantilado Rojo es una buena película que ha recibido criticas muy favorables en todos los medios profesionales y oficiales.

    saludos.-

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  3. Anónimo Dice:

    La peli es larga, no diré que no. Pero desde luego "aburrida" es lo último de que la calificaría.

    En fin, enrolarse en la marina me parece una buena solución para los que necesiten emociones más fuertes. Dicen que ahí "hay mucho ambiente"

    Saludos y gracias por el comment!

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  4. alejandro Dice:

    Hola me llamo Alejandro. y querria decir sobre la pelicula que le faltan un monton de cosas que aparecen en al menos el videojuego dynasty Warriors el libro no lo lei. pero hay algunas cosas como por ejemplo: al estratega de Liu Bei se llama Kong-Ming cuando su nombre real es Zhughe Liang. Tambien faltan un monton de oficiales que no aparecen en el film tanto de Cao Cao como Xiahou Dun etc, como de Sun Quan y Liu bei Zhou Tai y otros muchos. y que me dicen de las tres visitas de Liu Bei a Zhughe Liang?. La verdad es que esta bastante incompleta, pero aun asi es bastante buena.

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  5. Anónimo Dice:

    Bienvenido, Alejandro

    Probablemente falten un montón de cosas respecto al original, sí. Pero es lo que suele pasar con estas adaptaciones, que hay que sacrificar un montón de material para hacerlo encajar todo en un producto más o menos comercializable.

    ¡Y piensa que con esta les ha salido un mamotreto de más de cuatro horas!

    Y ten en cuenta también que la historia se aguanta por sí misma. Todos esos detalles que dices que se han dejado pueden ser muy importantes, pero la verdad es que la mayoría de los espectadores que la vean no habrán leído la obra original ni jugado al videojuego (entre ellos, yo) y aun así entenderán el argumento perfectamente…

    De todos modos, siempre es interesante conocer este tipo de curiosidades…

    ¡Gracias por participar y esperamos verte más por aquí!

    Saludos

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