Crítica de “Ajami”, por John Blutarsky

Atención a las credenciales. Primera: Ajami es un barrio empobrecido de la ciudad de Jaffa, ciudad israelí integrada en Tel Aviv, de carácter portuario (accede al Mediterráneo) y que tuvo en su momento una población eminentemente palestina. En Jaffa, y más concretamente en Ajami, sigue predominando la población árabe, y allí conviven judíos, cristianos y musulmanes.
Segunda: “Ajami” la película está dirigida al alimón por Yaron Shani y Scandar Copti, judío y palestino respectivamente.
Resultado: “Ajami” es un producto de diversos frentes culturales, una historia coral marcada por la convivencia, pacífica o violenta, de las distintas sensibilidades, integradas con acierto en un todo por ambos realizadores.
Una serie de personajes se arremolinan en torno al barrio de Ajami: Omar y Malek se ven metidos en el trapicheo de drogas por la pura necesidad económica. El primero pretende pagar al clan de beduinos que le protege de una cadena de ajustes de cuentas que amenaza su vida y la de los suyos. El segundo debe pagar el hospital a su madre enferma. Por su parte, Dando es un padre de familia y policía judío que ha perdido a su hermano a mano de combatientes palestinos.
Por allí corren también Nasri, el hermano pequeño de Omar en plena toma de conciencia de lo que puede ser una vida dura y salvaje, o Binj, un camello de poca monta que caerá de cuatro patas en un mundo que le sobrepasa.
Rodeándoles, mercachifles de la droga, clanes, mafias, venganzas y violencia a manta.

El contexto es duro, sí. Y alejado del enfoque tradicional antibelicista para aproximarse más bien a una especie de seco drama o de thriller fronterizo con un fondo muy cercano al nuestro: se puede rastrear en “Ajami” algo del primer Tarantino y un poco de “Ciudad de Dios”, un punto de thriller de los setenta y algo de los dramas mafiosos clásicos.
O sea que aquí no hay lugar para el exotismo. Las tradiciones, los hechos culturales y religiosos están al final al servicio de una trama criminal rasposa, contundente y presentada, para regocijo del respetable, de modo atractivo y efectivo: la narración de los hechos es fragmentada y anacrónica y juguetea constantemente con los puntos de vista, volviendo a los mismos sucesos en varias ocasiones para aportar nuevos datos o una nueva dimensión sobre los mismos. Un recurso que podría caer en el artificio narrativo, pero que al fin y al cabo le da a todo un carácter coral y de multiplicidad de interpretaciones que llevan todo al terreno del matiz, de la gama de grises. La realidad, que es muy compleja, mirad.

En este sentido, “Ajami” casi resulta tramposa, en algún momento sospechamos haber sido engañados, manipulados para entender una cosa cuando la realidad presentada en un segundo momento es muy distinta, pero lo magnético de su trama, y lo urgente de su carácter la disculpan de cualquier triquiñuela.
Porque gracias a un trabajo de montaje audaz su ritmo es endiablado sin venderse en ningún momento a los recursos fáciles de la acción más artificial. No, “Ajami” tiende más a la sequedad y la sobriedad formal de una especie de “Gomorra” hebraica, con sus estallidos de irracional violencia, cortante y dolorosa, de la de hostiaca estomacal inesperada. De la que no da concesiones y es injusta si debe serlo.
Y en este contexto emergen relaciones interpersonales de diverso pelaje. Desde las más reprochables, que pasan por extorsiones y abusos de poder (caciquismos, “apadrinamientos” dudosos, pago de tributos a punta de metralleta), hasta las más puras: Omar y su novia, judío y cristiana se las ven y se las desean para estar juntos. Siempre con el telón de fondo del tratamiento del dolor por parte de los familiares de las víctimas de esa violencia irracional que comentaba, y cuyo mejor ejemplo está en el enfrentamiento entre el árabe y el vendedor judío que se resuelve del modo más absurdo y terrible posible.
De modo que si bien decía que esto es un drama criminal de tomo y lomo, sí que se busca una interpretación mayor centrándose en las propias consecuencias de los actos violentos. Los realizadores pretenden no sólo sumir a sus personajes en ese contexto hostil, sino también llevar su decisión hasta el final, y evitan un relato de los hechos superficial y maniqueo. Y en este sentido, los distintos orígenes sociales y religiosos de la pareja de realizadores no hace sino jugar a su favor.

Para contarnos todo esto, Shani y Copti echan mano, como era de esperar y como demandaba la historia, de un look visual cercano al documental. La opción estética es tan seca como su contenido y su frialdad expositiva y realista va a tono con lo que se nos cuenta, con una fotografía dominada por tonos cálidos, lo que le da al conjunto un necesario aspecto árido, bochornoso, de un calor pegajoso.
La cámara al hombro, el seguimiento frenético de algunos personajes y la crudeza con la que se presentan los momentos más violentos ya forman parte del género, y lo que importa ya no es si se deciden aplicar o no dichos códigos. Sino más bien si a través de ellos se logra la credibilidad y se evita el artificio. Sí, en “Ajami” se consigue. Todo resulta creíble y poderosamente tangible. Se nos hacen vivir las calles del barrio casi como David Simon y Ed Burns nos hacían vivir aquellos projects de Baltimore en (nunca nos cansaremos de citarla) “The Wire”.
Y como en la serie de la HBO, en “Ajami” se ha utilizado un ramillete de actores no profesionales para meterlos en la piel de los personajes. Es más, la gran parte de los intérpretes proceden del propio barrio. A resultas de ello, las actuaciones son naturalistas, creíbles y, milagro, nada amateur.

Por ahí se le reprocha a la película que no se nos cuente las causas sociales de la depresión de Ajami, ni profundice en los motivos de los enfrentamientos religiosos, e incluso alguien le puede reprochar posicionamientos políticos más sutiles. Error, “Ajami” es un thriller cuyo carácter de denuncia corre por sus venas, pero que no conforma su cuerpo y no condiciona su narrativa, mucho más interesada en construir el pequeño gran retrato de la vida, de la tensión entre vecinos y el miedo hacia el que está al lado, en las calles puteadas de cualquier ciudad judía.
Y vaya si lo consigue.

8/10

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4 comentarios
  1. RH+ Dice:

    Me han dado ganas de ver la película, tiene muy buena pinta. Por cierto ¿cuánto dura?

    Otra cosilla, los creadores de The Wire son David Simon y Ed Burns, se te han bailado los nombres.

    Saludos

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  2. Anónimo Dice:

    ¡Hostia, vaya fallo más tonto!

    Mierda, mira que me da rabia…. Simon&Burns me parece uno de los mejores equipos creativos de la tele actual (no sólo "The Wire" me parece el mayor monumento de los últimos años, también "The Corner" y "Generation Kill" son colosales). En cualquier caso, muchísimas gracias por la observación, ya está cambiado!

    La peli dura un par de horas clavadas

    ¡Saludos y gracias por comentar!

    Responder
  3. RH+ Dice:

    ¡De nada hombre! Por cierto, es la primera vez que me animo a comentar y eso que llevo bastante tiempo leyendo vuestra página enhorabuena por ella y ojala sigais así mucho tiempo porque me encanta leer vuestras criticas.
    Supongo que igual que yo estaréis esperando la nueva serie de David Simon ¿no? Esa tal Treme pinta estupendamente aunque aún no se han visto demasiadas cosas de ella, estaría muy bien que la comentarais por aquí cuando le veais para ver que os parece… si no es mucho pedir jeje

    Saludos!

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  4. Anónimo Dice:

    ¿"Treme"? ¡Como agua de mayo la esperamos! ¿Bunk y Freemon de músicos de jazz en New Orleans? Por Dios que va a ser muy grande…

    Tanto como el resto de proyectos de HBO ("Boardwalk Empire", "The Pacific", "Luck", "Juego de Tronos"…) que, si nada se tuerce, va a tener un par de temporadas de auténtico infarto.

    "Si no es mucho pedir"… ¡Nada es mucho pedir! ;) Pero sí te digo que comentar "Treme" no creo que lo hagamos desde un principio, aunque igual sí hacemos balances cuando vayan terminando temporadas de distintas series. Si así hacemos, ¡por supuesto que caerá un pequeño análisis de "Treme"!

    En fin, que bienvenidí[email protected] a La Casa, muchas gracias de nuevo por tus comentarios, por leernos y por el piropillo, jejeje…

    ¡Y anímate a participar más, que a nosotros nos encanta! :D

    ¡Saludo grande!

    Responder

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