jupiter's moon

Crítica de Jupiter’s Moon

El propio miembro del jurado Gary Sherman, después de otorgar a Jupiter’s Moon el premio en Sitges a la mejor película del año, decía que el cine tiene que hablar a la cabeza y al corazón. Y es verdad que, quizá, la nueva propuesta de Kornél Mundruczó (White God) sea la que más se haya esforzado por ello. No sin riesgo por su parte, decide centrar su eminentemente fantástica trama (sobre la aparición de un posible ángel en nuestro mundo) en una cuestión tan difícil como la de los refugiados. Sólo que también quiere realizar un retrato social, criticando de paso la economía húngara. Y señalar con el dedo las tensiones de corte racista, presentes desde antes de que tuviera lugar la crisis actual. Y también ataca a la religión. Y la suya es una película de acción tanto como un drama personal; un survival y una comedia negra. Con su película, el húngaro quiere emocionar y hacer reflexionar, entretener y asustar, divertir y ensombrecer ánimos. En definitiva: que sí, que es una película que ataca a razón y pasión; pero lo hace desde tantos frentes, que se acaban anulando entre sí.

Y es que muchos de los hilos que abreMundruczó, lógico, no se cierran. Pero no lo hacen por falta de tiempo, pues si bien su agotador largometraje se vaya hasta las dos horas completas de duración, para poder dejarlo todo atado debería haberse tratado de una miniserie, más bien. Muchos conceptos quedan deliberadamente difuminados para que sea el espectador quien se encargue de darles una forma más concreta, pero muchos otros ni siquiera tienen tiempo de cuajar antes de pasar al siguiente, viéndose resentido, no podía ser de otra manera, un ritmo que se torna desigual y renqueante, y que sólo funciona en su totalidad cuando Jupiter’s Moon se refugia en la forma más básica, reconocible, del cine: las aventuras, la acción. El entretenimiento.

Ninguna duda creo que pueda quedar ya en cuanto a las virtudes del cineasta detrás de una cámara, y es justamente en estos pasajes cuando se reafirma su talento: es impresionante la apertura del film, una set piece trepidante con largos planos, persecuciones multitudinarias, y final sorprendente. Como lo es una carrera automovilística rodada prácticamente en primera persona, cual videojuego. O la habitación giratoria. Pero cuando toca acercarse emocionalmente, Jupiter’s Moon no consigue elevar unas temperaturas que se mantienen gélidas, con las que el público no acaba de empatizar en ningún momento. Canibalizándose, claro: hay que hilar muy fino si se pretende desnudar emocionalmente al espectador, después de haberle sobrecargado de capas y más capas (y tan sesudas, para mayor inri).

Al final, la flamante ganadora de Sitges 2017 queda un poco en terreno de nadie (quizá de la misma manera que los refugiados a los que alude): plantea un sinfín de conceptos interesantes, y muchos de ellos se traducen en aciertos inapelables. Pero también se mantiene a una distancia excesiva de su platea, casi como si quien nos mirara desde un plano elevado no fuera el protagonista (que puede levitar y salir volando, en sentido literal, de cualquier situación peliaguda) sino el propio film. Un film único, estimulante, pero a la vez decepcionante por apático e irregular. Un film con más ínfulas que concreciones; más cerebral que emocional. O lo que es lo mismo, alcanzando solamente una de las dos metas que se había propuesta desde el principio.

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
3

En pocas palabras

Nobles intenciones y momentos memorables para una, por lo demás, irregular intentona de ciencia-ficción social. Jupiter’s Moon vence, pero no convence (del todo).

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