Crítica de Sexo fácil, películas tristes

Sexo fácil, películas tristes

Hay películas buenas, malas y muy malas. Y después, hay otra categoría todavía peor: la de

las películas olvidables. Ni te emocionan ni te cabrean, ni te hacen reír ni llorar ni maldecir

al que te la recomendó. Ni siquiera te ayudan a dormir. Apenas te sacan media sonrisa, un

cuarto de pensamiento, un décimo de emoción.

Sexo fácil, películas tristes, la ópera prima de Alejo Flah, guionista de la magnífica Vientos de

agua, entra dentro de esa categoría. Se trata de una comedia romántica meta: Víctor

(Quim Gutiérrez) y Marina (Marta Etura), los personajes protagonistas, son a la vez

creación de otro personaje; Pablo (Ernesto Alterio), un escritor cuya vida amorosa dista

mucho de ser cómica.

Al incluir al espectador en el proceso de escritura de la película, el director parece querer

demostrarnos lo poco original del género, lo previsible de sus inicios, giros y finales para así

contrastarlo con la “realidad” del escritor, donde nada fluye como en la ficción.

Aunque dicho contraste está muy bien logrado, hay un pequeño problema: una historia

previsible lo sigue siendo por mucho que nos adviertan de que lo es, y pese a varios toques

paródicos que funcionan gracias al buen hacer del reparto, la sorpresa se acaba rápido.

Desinteresados ya por la trama meta, aún nos queda el primer nivel de ficción. Sin embargo,

ni a este nivel es capaz el director de darnos algo original, inteligente o incluso divertido.

Mientras que la trama de Victor y Marina es una comedia romántica repleta de clichés

(intencionados o no), la parte de Pablo cae en el error de focalizar toda su atención en un

personaje por el que nos cuesta sentir empatía. La ausencia de cualquier tipo de interacción

entre ambas tramas o la falta de un conflicto central acaban de hacer de Sexo fácil, películas

tristes una película fallida.

Alejandro Flah ha querido hacer en Sexo fácil, películas tristes dos películas en una, pero ha

fallado en darnos algo memorable en ninguna de las dos, quedándose a medio camino entre

parodia inteligente y comedia romántica al uso. Algo así como un gin tonic mal mezclado.

5/10

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