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Crítica de Di que sí

Carl Allen (Jim Carrey) es un hombre aburrido y despechado. Su vida se reduce en ir a trabajar y alquilar películas, hasta que un día se apunta a un programa de autoayuda que se basa en el principio de decir «sí» a cualquier cosa que le sea propuesta. La vida de Carl se transforma así en una inesperada y emocionante aventura, que le lleva a conocer a Allison (Zooey Deschanel), de la que se enamora perdidamente…

Es posible que si se analiza esta película desde un punto de vista meramente objetivo y desapasionado, centrándose, pongamos, en la dirección o la estructura del guión, el resultado sea simplemente mediocre, quedándose en una opción válida solamente para ver en una tarde ociosa o directamente en pantalla pequeña.
De hecho, bajo ese punto de vista debería criticársele tanto a Payton Reed (director) como a Nicholas Stoller (guionista) una falta absoluta de riesgo, filmando y escribiendo como si de un descafeinado encargo se tratara, y por tanto recurriendo a todos y cada uno de los lugares comunes de la comedia romántica, familiar y de superación personal, tanto a nivel artístico como argumental.

Sin embargo, y como siempre defenderá un servidor, el cine puede ser analizado también desde otra perspectiva, aquella que apela a los sentimientos. El cine como emoción. Y aunque en realidad lo que distingue a las obras maestras del resto de películas es la búsqueda de la total conjunción entre ambos prismas, no menos cierto es que hoy en día prácticamente nadie intenta siquiera el ademán de ponerse manos a la obra, por lo que dicha distinción se antoja necesaria para poder disfrutar mejor de cada film por lo que en realidad es.
Y sin lugar a dudas, «Di que Sí» es uno de los mejores ejemplos de la segunda opción.

Mucho más cercana a la vertiente apta de Jim Carrey que de su faceta gamberra (definitiva y desgraciadamente, parece que no regresarán los tiempos de «Ace Ventura»), la película supone una explosión de buenas vibraciones, poco más de 100 minutos de continuo y muy logrado humor al que se suma una trama emotiva y positiva pero poco empalagosa a excepción de su tramo final.
Al actor de «La Máscara», perfectamente comedido tanto en los momentos de delirio humorístico como en los más sentimentaloides, le acompaña un reparto absolutamente magnífico en su función de resultar entrañable, compuesto por la sugerente Zooey Deschanel, Bradley Cooper, Danny Masterson, Sasha Alexander y el omnipresente Terence Stamp entre otros.
Pero sin duda, la verdadera sorpresa la conforma la aparición del encantador neozelandés Rhys Darby, quien como jefe freaky de Carl (en busca de su amistad), repite el papel de «Flight of the Conchords» (serie no menos magnífica, de próximo estreno en televisiones españolas), confirmándose no sólo como lo mejor de la película, sino en más de una ocasión incluso como elemento necesario para revolucionar el ritmo de la misma. Sus fiestas temáticas caseras no tienen desperdicio.

Como es obvio, que sus personajes sean tan atractivos se debe, además de a la labor recital, a un guión al que sería injusto achacarle la antes citada falta de originalidad (centrada principalmente en una conclusión decepcionante) sin reconocerle algún que otro mérito.
Director de «Paso de ti» y escritor de «Dick y Jane. Ladrones de Risa» (así como de varios capítulos de la serie «Undeclared»), Nicholas Stoller demuestra pertenecer a ese cada vez mayor grupo de humoristas marca Apatow, dotando a su libreto de un humor en ocasiones de lo más socarrón (el episodio con la anciana vecina de Carl) pero sin llegar nunca al desagrado, y en otras más bien surrealista. Así, resulta muy difícil no acercar el personaje de Allison al que encarnó Catherine Keener en «Virgen a los 40», por su forma de madurar (con trabajos de lo más curiosos) y de ver la vida , o el propio protagonista al de Jason Segel en «Paso de ti».

Todo ello ayuda a componer una sorpresa realmente agradable para los paladares menos puntillosos (es decir, los que son capaces de restarle importancia a temas que aquí no vienen al caso), presentada de manera conservadora pero no por ello menos solvente por otro experto en comedias de corte similar (Reed es el firmante de «Separados» o «Abajo el Amor»).
Divertida, agradable, inofensiva y cautivadora, «Di que Sí» avanza sin problema alguno hasta llegar a su tramo final, que presenta una conclusión por debajo de lo esperado por su excesiva falta de progresismo y de interés, que aunque mucho más breve y apresurada que de costumbre (y por tanto apenas molesta) no logra esconder ciertas carencias que merman el resultado final.

Con todo, si se es consciente de los límites en los que se ubica el film, así como de su función, sus claras intenciones y su público objetivo, se puede disfrutar enormemente de una comedia sencillamente deliciosa y entrañable, que clama por el buen rollo general y que es capaz de animarle a uno el día. Y eso nunca está de más, ¿no?
7/10

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2 comentarios en “Crítica de Di que sí”

  1. la verdad es que sí. Sigue la tónica de «Mentiros Compulsivo» y demás, o sea, que no descubre la pólvora, pero deja muy buen rollo, y eso influye, no? ;) saludos!

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