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Crítica de Un día de lluvia en Nueva York

Woody Allen mantiene su idilio con las comedias románticas ligeras. Lejos quedan ya los grandes dramas, viajes del Imserso o peripecias argumentales; el de Match Point parece haberse relajado (cinematográficamente hablando, claro) al encontrar una suerte de burbuja cien por cien segura, cien por cien infalible. Un día de lluvia en Nueva York, ni que decir tiene, conserva intactos los tics habituales del director. Esto es: reparto de aúpa, música estupenda, largos planos secuencia plagados de diálogos, con amplio margen para la improvisación y la corrección de errores (fruto de la velocidad con la que rueda película tras película). Por supuesto, alter egos del director a diestro y siniestro no faltan a la fiesta, como tampoco el habitual canto de amor a la ciudad de Nueva York. Luego la trama puede tener un aspecto u otro, pero en esencia las piezas del puzle están ahí, y sabe montarlas ya de memoria.

En esta ocasión es una pareja de jóvenes tortolitos de las afueras, ella joven inocentuela y él cultivado y encantado de conocerse sólo en apariencia, que viajan a la gran manzana porque ella quiere entrevistar a un director de cine, y él le quiere descubrir la ciudad en la que vivió… dando esquinazo a sus padres en medida de lo posible. Ya veis las piezas que os decía, ¿no? Se establece en seguida una doble trama que los sigue por separado, ante la imposibilidad de reencontrarse por mil y un líos que entretienen y amenizan el discurso (también doble) de fondo: el de la fragilidad de una pareja, la falta de comunicación y la inseguridad de uno mismo para con el otro (y consigo mismo, claro) por un lado; y el de las luces de la ciudad, mágica ciudad en la que llueve aunque haga sol, y los claroscuros del mundillo del cine, por el otro. Algo así como una versión a la inversa del Amanecer de Murnau, si se quiere. Con un toque de Un final Made in Hollywood.

Los mecanismos funcionan, los diálogos brillan y los personajes se dibujan con gracia. El reparto está acertado (ahora es Timothée Chalamet el que hace de Allen tan bien como lo hizo antes, no sé, Jason Biggs por ejemplo), el ritmo no decae en ningún momento, y resulta sencillo empatizar con la pareja protagonista por más que de entrada no se guarde ningún parecido con ella. Vamos, que sí: Un día de lluvia en Nueva York es una película 100% Allen, con un porcentaje de acierto total entre sus fans. Pero debería andarse con ojo, el de Desmontando a Harry, con ese puzle que tan bien monta, ya que de tanto usarlo se va desgastando. Su última película es tan entretenida, distraída y ligera como la que más, pero se olvida al cabo de nada, y no será de extrañar que pasados unos meses, sea imposible diferenciarla de muchos, demasiados títulos de la última etapa de su carrera. Se lo compramos todo, claro está. Pero…

Trailer de Un día de lluvia en Nueva york

https://www.youtube.com/watch?v=IwRsgSN7iR8

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Otra comedia ligera de Woody Allen tan agradable y entretenida como formulaica y por tanto fácilmente olvidable. Está bien, de verdad, pero tiene un recorrido en la memoria francamente corto.

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