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Crítica de Dogman

Definitivamente no parece estar entre los objetivos de Matteo Garrone hacer que su público se sienta reconfortado. Si bien su carrera ha visitado la realidad y la parodia en distintos grados e intensidades, siempre se ha enmarcado dentro de una corriente de cine europeo incómodo, sucio y desagradable. Alejado de la intelectualidad y de enfoques más sutiles pero quizá también algo más tramposos, lo suyo es una vía más bruta que, en ocasiones, lo ha conducido hasta lo grotesco. Es un poco el caso de esta Dogman, una película sincera en su fondo, pero abrupta en su forma. Una historia de un hombre apocado y discreto que, en realidad, termina mutando hacia un planteamiento más artificioso y unas conclusiones de discurso más agresivo.

Y es que Marcello es un tipo servicial, padre de una niña a la que ama, que en el fondo parece encajar mejor entre los perros a los que asea en su tienda que entre los humanos. Salvo, quizá, su propia hija y Simone, el exboxeador que hace las funciones de malas compañías y que lo acaba traicionando. Ahí sale a flote la auténtica naturaleza de Marcello. La de un hombre imbuido de un extraño carisma mezquino, que trapichea con coca y manipula desde su aparente fragilidad de gusano callejero y al final, gracias a un acto de brutalidad, se convierte en una especie de antihéroe que encuentra una redención oscura.

Así Garrone sitúa su foco de interés en un punto entre la sordidez grotesca y la parodia del subsuelo europeo criminal sucio y fangoso que él mismo ayudó a construir. Más una fábula que un retrato humano objetivo, más una película de género que un relato costumbrista social, Dogman estira los límites del drama y del thriller para confundirlos entre sí. Edifica una tensión incómoda, recurre a momentos de una violencia seca y elabora un fresco de lo criminal que roza el histrionismo. Pero en el que también cabe lo honesto, especialmente en momentos de una serena sencillez en los que el silencio impone su propio ritmo sensato e intimista. Un silencio que, claro, choca con una agresividad que empieza ya en la misma contrucción de los ambientes.

El realizador se mueve por entornos desoladores y a ratos asfixiantes de la periferia napolitana, una zona residencial marítima sembrada de edificios en absoluta decadencia. Construcciones muertas que encajan a la perfección con unos cielos plúmbeos que tamizan la luz hasta convertirla en un manto tenue. El director de fotografía Nicolaj Brüel trabaja un cromatismo frío, sucio y casi desagradable en su deshumanización. Ese lugar donde en ocasiones el umbral entre lo humano y lo animal se difumina, donde la violencia visceral se adueña de lo racional, debe transmitir un aura de paisaje emocional en el que los momentos de felicidad necesariamente terminan suponiendo un contraste.

Dogman es, en fin, una fábula burda y a ratos antipática, pero también una película decidida y poderosa. Probablemente la mejor de su director desde la celebrada Gomorra.

 

Trailer de Dogman

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
3.5

En pocas palabras

Matteo Garrone retoma el pulso en un retrato fibroso, descarnado y visualmente impactante que habla sobre humanos, perros y perros humanos.

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