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Crítica de Dónde está Anne Frank

Tiene que ser el colmo para un director especializado en la animación, que los mejores minutos de su filmografía sean los que precisamente nada de dibujo tengan. Y es que no hay nada todavía, en la carrera reciente de Ari Folman, que mejore la primera mitad de El congreso. Ya fuera porque esto le picara en el orgullo, o por todo lo contrario (y asumiendo por consiguiente su, entre comillas, fracaso) el nuevo proyecto del director de Vals con Bashir ha tardado diez años en ver la luz. Acaso porque esperaba el proyecto definitivo… o bien porque Dónde está Anne Frank sea una propuesta tan ambiciosa, que las posibilidades de fracasar sin remisión estaban muy por encima de la media, y sonaba a punto de no retorno para el director. La enésima revisión de uno de los libros más vendidos de la historia de la humanidad, se traduce en una nueva intentona por parte de Folman, otra vez a las riendas del guion y la dirección, otra vez en terrenos de la animación. Bien, pues hay que decir, ya de entrada, que la combinación Diario + dibujos es acertada.

Afortunadamente, Folman no se limita a una plasmación literal de las memorias de Frank, sino que tira de ingenio y plantea su trama desde el punto de vista de Kitty, a quien la autora se dirige cuando escribe sus memorias, y que toma aquí forma física por arte de magia, en un Ámsterdam en el que la inmigración y consecuente deportación es un problema a la orden del día. Al tiempo que Kitty, ignorante de todo acontecimiento, va reconstruyendo la historia de Anne, va adquiriendo información sobre la situación de esas personas que tratan de escapar de la policía en las zonas menos frecuentadas de la ciudad, conscientes empero de que el cerco sobre ellas se estrecha. La metáfora salta a la vista, la moraleja está más clara que el agua, pero nada acusa en exceso lo manido de todo ello, y lo cierto es que el soplo de aire fresco que plantea el mencionado cambio de protagonismo, hace que la película funcione. Además, Folman está aquí más inspirado que nunca con un buen puñado de ideas visuales que remiten ora al The Wall de Pink Floyd, ora a los universos de Ghibli. Que colorean emociones, alternando momentos bucólicos con otros de pura pesadilla. Que convierten Ámsterdam en una ciudad cálida a veces, gélida cuando se ponen en evidencia sus vergüenzas. Un buen puñado de metáforas muy potentes rematan el apartado imaginativo de la película animada más brillante, en este sentido, de Folman.

El problema es que Dónde está Anne Frank se vea condicionada por las propias ambiciones de su responsable. Si en sus dos películas anteriores (a las que me refiero por ser las dos más representativas de su carrera, y por las que goza de fama internacional) ya se ponían en evidencia sus serios problemas de ritmos y tempos errados, no hay dos sin tres, y la que nos ocupa no es la excepción: un arranque original, una conclusión fresca y épica, emocionante por momentos… pero un valle central que se antoja inacabable. En él se repiten conceptos argumentales y visuales una y otra vez, por vía de un guion que, incapacitado para más, mastica y mastica para que una propuesta adulta, sutil y donde el juego de matices debía llevar la voz cantante, amenace con desconectar incluso al público más pequeño (a quien por otra parte dudo que vaya dirigida). Severo revés que rebaja sensaciones y de qué manera: una película que apuntaba a joya se queda en un doble check azul y poco más. Pero al menos nos regala, durante su titubeante recorrido, un buen puñado de pasajes para el recuerdo, envueltos para mayor inri en una exquisita banda sonora de Karen O y Ben Goldwasser (MGMT). Vamos, que bien merece ser disfrutada en pantalla grande y a todo volumen, pese a todo. Tal vez para la próxima, Folman debería ir pensando en delegar ciertas tareas que no se le han dado nunca todo lo bien que él quisiera.

Trailer de Dónde está Anne Frank

Dónde está Anne Frank: Ari Forman imagina mejor de lo que escribe
  • Carlos Giacomelli
3

Por qué ver Dónde está Anne Frank

El director de Vals con Bashir y El congreso busca el más difícil todavía adaptando el Diario de Ana Frank a su estilo animado. Y le sale una obra cuyo esfuerzo por huir de la norma se agradece y se traduce en una propuesta tan bella a nivel (audio)visual… como irregular en ritmo.

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En diciembre de 2006 me dio por arrancar mi vida online por vía de un blog: lacasadeloshorrores. Empezó como blog de cine de terror, pero poco a poco se fue abriendo a otros géneros, formatos y autores. Más de una década después, por aquí seguimos, porque al final, ver películas y series es lo que mejor sé hacer (jeh) y me gusta hablar de ello. Como normalmente se tiende a hablar más de fútbol o de prensa rosa, necesito mantener en activo esta web para seguir dando rienda suelta a mis opiniones. Esperando recibir feedback, claro. Una película: Jurassic Park Una serie: Perdidos

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