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Crítica de Drácula: La leyenda jamás contada (Dracula Untold)

Después de una primera intentona a sepultar en el desierto junto al videojuego de E.T. El extraterrestre, los monstruos clásicos vuelven a ver (a sufrir) cómo uno de los miembros de su equipo se rejuvenece. El legado de Yo, Frankenstein ha caído en manos de Drácula: La leyenda jamás contada, y como en la primera, se busca una redefinición del personaje desde sus orígenes. En la que nos ocupa se rebusca en la historia original de Vlad el empalador, por lo que al menos y a diferencia de la aberrante reinterpretación de la pobre Mary Shelley, se va hacia atrás en el tiempo y se intenta recrear cierta ambientación histórica. A partir de ahí, se tira de imaginación para humanizar al personaje en todo lo posible. ¿Que un tipo llamado «el empalador» le sirvió de inspiración a un escritor para imaginar un personaje temido por propios y extraños, extrapolado al cine normalmente en forma de villano máximo? Nada, that’s Hollywood: tocará humanizarlo para hacer de él un héroe, si acaso desgraciado, de empatía inmediata y por tanto comprensión total. Y de paso, que entre por la vista: Luke Evans será el protagonista. ¿Grave, tendencioso, falso y maniqueo? Bueno, lo mismo ha hecho Clint Eastwood ahora mismo con cierto francotirador. Es lo que tiene la magia del cine…

La fórmula agota, y uno se desespera cuando donde parece que vaya a haber un atisbo de perversa frescura (y la historia de Vlad se presta a una oscuridad –no confundir con la nolaniana– infinita), todo el potencial desaparece en pos de la misma senda de siempre. Que si personaje bueno que sufre, que si sacrificio para salvar a los suyos de un malo infinitamente peor… ¿Hablamos de Drácula, o de Jesucristo? La historia de siempre, pero ese, en verdad, debería ser un problema relativo habida cuenta de su previsibilidad. Que se trate de un revienta taquillas pensado para (casi) todos los públicos deja poco pie a innovaciones violentas, negativas, o de profundas cuestiones morales en todo caso. El problema radica en su absoluta imposibilidad por salirse de lo acartonado. Por hacer, pese a la nulidad de su esencia, un producto con entereza, ya sea en forma de situaciones llevadas al extremo (dentro de lo comercial) o, sobre todo, personajes con algo más de entereza. Lejos de ello, el debutante Gary Shore propone un espectáculo hueco, impersonal y muy poco épico pese a su despliegue digital, con el que toma dudosa forma el timorato guion de Matt Sazama y Burk Sharpless, probablemente, los mayores responsables del desaguisado.

Aunque algo de luz sí se intuye. La esperanza de Drácula: La leyenda jamás contada, se traduce en un film que por lo menos apuesta por el entretenimiento sin demasiadas pretensiones, pues la (por lo visto) obligada oscuridad nolaniana (ahora sí) parece ser tomada a pitorreo, y a ello se suma algún que otro giro hacia lo más trash de la serie B, puntualmente delicioso: ese Charles Dance en plan Nosferatu inicial, las pintas de Dominic Cooper, y por lo general un entramado muy de opereta que garantiza algún que otro momento de hilaridad, sumado a una exigencia cerebral nula para poder seguir el argumento. Vamos, que puede uno sentarse ante el monitor más preparado para pringarse con el aceite y la mantequilla de sus palomitas que para atender a la película, y sacar de provecho alguna que otra sonrisa con una película que desanima por su falta de punch, originalidad, épica y trascendencia, pero que al menos logra convertirse en un entretenimiento moderado.

4,5/10

Y en el Blu-Ray…
Una vez más, la Universal se desmarca con un Blu-Ray muy por encima de la propia película. Si bien la calidad de la imagen no sea la más espectacular hasta la fecha, los 1080 le sientan como anillo al dedo tanto en los momentos de mayor número de elementos en pantalla (y el film es bastante barroco cuando quiere), como en los pasajes con más tonos oscuros, en los que la calidad se mantiene inmutable. Se aprecia cierto grano aquí y allá (en algún caso es demasiado evidente), pero por lo general su aspecto es excelente. Por su parte, el audio es impecable en su master digital 5.1 inglés, desmarcándose de un doblaje castellano correctísimo, pero algo inferior en la reproducción de los efectos sonoros. Completa el conjunto un goloso material añadido, inesperado para la película de marcado perfil bajo como la que nos ocupa:

  • Inicio alternativo: Dos nuevos minutos de la película (no pasan de curiosidad), con comentarios opcionales.
  • Escenas inéditas: Seis escenas, un total de 13 minutos, y con la posibilidad de incluir audiocomentarios (no demasiado explicativos, avisamos).
  • Luke Evans : Creando una leyenda: Documental (o así) de unos 20 minutos centrados en el trabajo del actor para enfrascarse en el papel de Drácula.
  • Un día en la vida de Luke Evans: Cápsula de 10 minutos que resume lo anterior pero desde fuera, en tercera persona.
  • Drácula recontado y Matando a 1.000: elaboración de la batalla: Sendas cápsulas de 7 y 5 minutos respectivamente.
  • La tierra de Drácula: Mapa interactivo.

Además, incluye la opción de ver la película con audiocomentarios del director y del productor.

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