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Crítica de El desafío (The Walk)

Ya se ha demostrado otras veces (World Trade Center) que los homenajes norteamericanos a las torres gemelas, cuando no tienen mayor vocación que, justamente, ser un canto de amor a uno de los iconos más reconocibles de Nueva York, dejan mucho que desear como película. En el caso de El desafío, además, ese mal se multiplica como si se viera desde un caleidoscopio: por un lado, ya ha pasado mucho tiempo desde aquel fatídico 11-S; por el otro, ya vimos una muy recordada película centrada en el mismo argumento hace nada (el documental Man on Wire). Y además… dura casi dos horas (más, si sumamos títulos) con las que se rellena una espera eterna hasta el único argumento de la película, que es el cruce en cable de una a otra de las torres del World Trade Center. Esto es, en resumen, así: minuto 1: un francés (Joseph Gordon-Levitt) ve un boceto de lo que serán las dos torres, y decide que hará un número de funambulismo entre ellas. Minuto 90 (30 minutos antes del final): el francés se dispone a realizar el número. Todo lo demás, la paja habitual: historia de amor por aquí (con Charlotte Le Bon), de relación maestro-alumno por allá (Ben Kingsley),de superación personal a lo bigger than life… demasiado poco. Máxime cuando toda esta locura de metraje sirve para justificar tan sólo 15 minutejos de 3D de clímax francamente irritante (pájaro digital y banda sonora pretendidamente épica incluidos).

Sensación de timo, en definitiva, que no se disimula por mucho que Robert Zemeckis se esfuerce. El director de Forrest Gump propone un ejercicio de virtuosismo formal, con un montaje ágil y un surtido de temas musicales generacional… pero sólo adquiere cierta gracia cinematográfica (o así) cuando el pesado acento francés de su protagonista calla. Entonces, El desafío se convierte en Ocean’s Eleven, en Amélie, en Moulin Rouge, en Guy Ritchie. Excéntrico mejunje, pero hasta cierto punto enrocador y cercano justamente a eso: un producto que consigue arañar una suerte de entereza propia… cierta gracia, como pedíamos. Pero son pasajes muy escasos, y los diálogos y voces en off que ganan la partida en pos de su teórico desarrollo argumental, echan por tierra todo el trabajo. Se supone que debemos entender la complicación de la empresa, pero se nos presenta un héroe a quien casi todo le sale bien y a la primera, adiós a los conflictos, más allá de los forzados; del mismo modo, intenta hacernos empatizar, que nos contagiemos de su pasión por el equilibrismo o que, al menos, comprendamos el poder cautivador de este ejercicio. Y no, la verdad. Todo en este The Walk parece partir del excéntrico capricho de un soñador parisino y poco más. Y así, las moralejas evidentes, subrayadas, caen en saco roto, como lo hace cualquier atisbo de emoción que el film pudiera despertar (mal vamos si el único interés pasa por saber cómo tirará un cable de un edificio a otro).

Y para mayor desespero, la historia de amor empieza desde una posición más ridícula que entrañable (¿Mimos… En serio?) y tampoco es que consiga remontar el vuelo precisamente, quizá porque si un acento francés ya es irritante per se, dos (oh, sí, ella también) amenazan con colmar la paciencia del más tranquilo. Nada, un pastiche superficial y vacío… en realidad una intentona muy fallida de repetir por enésima vez la fórmula que más éxitos deparó a la carrera de Zemeckis (Gump, Náufrago) pero con una historia de mayores alturas, sí, pero menor densidad, profundidad, o drama. Es curioso, pero la historia real que nos ocupa se antoja mucho más irreal que la de Tom Hanks, y eso que que por ahí llegaba a aparecer el presidente Kennedy.

No sé, algo les pasa, se bloquean cuando en lugar de hacerlo de manera velada, hablan directa y abiertamente de las torres. Quizá, por mucho que pueda parecer lo contrario, aún no haya pasado el tiempo suficiente para que las heridas cicatricen. De acuerdo, nada más faltaría: que se tomen todo el tiempo de mundo si es necesario, pero que no sigan haciendo películas en el proceso. Todos lo agradeceremos, Zemeckis el primero.

 

Cómo se hizo El desafío (The Walk)

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2

En pocas palabras

Basar toda una película en una anécdota, sin tener nada más que aportar, es un desafío casi mayor que el que cumple el protagonista de esta insulsa, olvidable, multimillonaria chorrada.

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