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Crítica de El hijo (Brightburn)

Sobre el papel es justamente esto lo que hay que pedirle, exigirle más bien, al género de superhéroes: que vaya más allá, que tire de what if en lugar de encorsetarse en la enésima trama de presentación de personaje de turno. El hijo (empiezo a pensar que hay una relación directa entre lo anodino de una traducción y el resultado de la película en sí; esta, en verdad, se llama Brightburn) es una vuelta de tuerca al superhéroe por excelencia. Una más, esto es, a la que ya vimos en forma de cómic en Superman Rojo, por ejemplo. Si esas viñetas se planteaban qué hubiera pasado si la nave de Kal-El hubiese caído en terreno ruso en vez de norteamericano, la película de David Yarovesky se plantea la posibilidad de que el niño con superpoderes, en vez de ser más bueno que el pan y crecer y convertirse en el héroe que el mundo necesita… sea un desalmado hijoputa. Mola, ¿eh? Casi tanto como saber que escriben Brian y Mark Gunn, primos de James Gunn, quien produce la película. ¿Quién? El de Guardianes de la galaxia. El de Super. El de Slither. Sobre el papel, pues, estamos de enhorabuena: película oscura y cabrona como pocas en las que la humanidad, en vez de despreocuparse de todo gracias a la presencia del Salvador con los gallumbos por fuera, podría prepararse tranquilamente para su extinción. Eso: sobre el papel.

Tristemente, del dicho al hecho hay un trecho, y si bien El hijo se esfuerce de inicio por currarse su planteamiento, y apueste por la atmósfera y la creación de personajes por encima de cualquier otra cosa, poco a poco va encauzándose hacia el mero subproducto de terror con serial killer de turno. Y aunque esta nueva premisa pudiera seguir valiendo en teoría (¿Scream meets Superman? ¿Por qué no?), poco a poco el barco va yendo a la deriva, sin nadie que consiga gobernarlo. Queda un espectáculo gracioso de ver, ojo: al espectador se le consigue infundir cierto mal rollo en el cuerpo. Pero no acaba de cuajar cuando esa atmósfera inicial da paso poco a poco al susto más auditivo que visual. Y sobre todo, y ahí lo más grave, cuando este slasher hace lo que ningún slasher debería hacer y, sin embargo, la mayoría de ellos hacen: las víctimas se van tornando idiotas, sus decisiones totalmente carentes de sentido. Justamente ahora que tanto se habla de evolución y lógica de los arcos de los personajes y/o de sus actos (el estreno de esta película coincide en el tiempo con el linchamiento en redes del final de Juego de tronos), va El hijo y ofrece otro ejemplo de lo que no se debe hacer. No escuece tanto como la serie, claro, la película apenas dura 90 minutos; pero da tiempo para que el respetable acabe resoplando con desdén en más de una ocasión al preguntarse, ¿de verdad te vas a meter ahí?, ¿en serio vas a hacer eso?, o ¿por qué de repente te comportas así?

Tanto vale para una película que se torna engañosa cuando no sabe cómo resolver el entuerto en el que ella misma decide meterse. Es evidente que hablamos de una ficción increíble, pero cada propuesta artística responde a sus propias reglas, y en base a ellas debe erigirse cierta consecuencia que, en caso de pasarse por alto, es capaz de condenar al fracaso toda obra por loable que sea. Por poner un ejemplo: el truco de esconderse debajo de la cama, ¿de verdad puede pasarle por alto a un ser sobrehumano con rayos en los ojos? En un mundo ideal, en que la cintabconsiguiera aferrarnos por el pescuezo y no soltarnos hasta los títulos de crédito, no se nos daría pie a plantearnos semejantes dudas. Si lo hacemos, es porque jamás acabamos de interesarnos plenamente por lo que se nos cuenta ya que, ay, bien poco se tarda en descubrir que más allá de su premisa, El hijo no tiene absolutamente nada.

Acaso un detalle, en forma de cameo doble durante los títulos de crédito (un actor… y un detalle que sólo el ojo más despierto logrará encontrar en pantalla) logró sonsacar momentáneamente a quien esto escribe de la total apatía en la que se traduce el visionado de El hijo. ¿Acaso se está gestando un nuevo plan maestro en forma de enmascarados de tercera? Ojalá, claro que sí. Pero mucho habrá que reconducir las cosas para evitar las tibias, poco más que correctas sensaciones de este muy decepcionante reverso tenebroso del hombre de acero… Pena.

 

Trailer de El hijo (Brightburn)

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2.5

En pocas palabras

Pinta tan, tan bien, que al final es eso lo que la salva de la quema total: una premisa de lo más estimulante acaba deviniendo en un decepcionante thriller de terror digno de televisión.

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