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Crítica de El renacido (The Revenant)

Entre otras cosas, el mayor pero que los detractores (entre los que me incluyo) le reprochan a Birdman es su falta de alma, en el sentido de no ser una película sentida. Es tan cerebral, está tan estudiada, que por el camino se olvida del espectador, quien la puede ver, aplaudir en mayor o menor medida, pero difícilmente se verá expuesto a un revoltijo emocional. Traducción: Iñárritu se mira tanto su ombligo que pasa de los demás.

Como si nos hubiera oído. Hete aquí que para su siguiente trabajo, de miras igualmente altivas y pretenciosas aunque no lo parezca, hacia donde apunta principalmente es a las gónadas del respetable, consiguiendo hacer de su mastodóntico survival de casi 160 minutos, un viaje aprensivo y sumamente vívido. Con el corazón encogido se sigue este El renacido, western que de buenas a primeras, y fuera de cualquier discusión, confirma que Leonardo DiCaprio es uno de los grandes actores del momento.

Y es justamente ese corazón encogido el que nubla la vista, o la hace gorda, consiguiendo que esta sea la primera vez en la filmografía de Iñárritu en que los posibles errores de su propuesta no pidan a gritos ser estudiados con lupa ni mucho menos generen más enemistades entre crítica/público y mexicano, sino que se entiendan, se acepten, y digieran rápido en pos de seguir disfrutando con lo positivo del film. Que en este caso es un disfrute casi primitivo: seguir el desarrollo de su trama con expectación.Ni más, ni menos.

Para ello, claro, hace trampas. Iñárritu es consciente de no tener una gran trama, puesto que en una nueva muestra de sus nociones cinematográficas, propone un western sumamente clásico, adaptación de la novela de Michael Punke, y se ata las manos con un entramado ídem: un vaquero realiza un largo viaje en todos los sentidos en busca de venganza. Justo en los pasajes de puro desarrollo argumental o de personajes (lo de Tom Hardy o Donham Gleeson es para hacérselo mirar) es cuando El renacido muestra sus profundas carencias, máxime en un tercer acto atropellado y previsible. A nadie, director incluido, le interesa la trama porque todo el mundo se la sabe de pe a pa desde que John Ford y John Wayne acabaron de hacer del western un género a seguir masivamente. Y sin embargo, lo que decía: se sigue casi como si de una adicción se tratara. De eso va todo esto, ¿no? La clave de un buen director no es tanto colocar la cámara mejor que nadie, sino saber contar una historia, saber llegar al público.

Esas trampas con las que juega el de 21 gramos pasan por proponer una película absolutamente salvaje, violenta en todos los sentidos. Con su estilo manierista, deudor en este caso de un Terrence Malick que si la viera tendría más de un motivo para enfadarse, Iñárritu coloca al espectador en medio de las aprensivas luchas entre indios y vaqueros iniciales; alarga hasta el paroxismo la pelea entre DiCaprio y el oso pardo, que es la que deja al primero hecho unos zorros, y que da arranque al entramado principal de la película. Tiene que hacerlo así, para justificar después el descomunal renacer del protagonista, su progresiva fusión con la naturaleza. El viaje del personaje es geográfico, físico, anímico y psicológico. La naturaleza le es hostil y debe acabar convirtiéndose en aliada conforme va sanando sus tremebundas heridas. Para, después, obtener la venganza ansiada.

Un argumento mínimo, a la vista está, que podría quedar en un cortometraje y sin embargo se alarga hasta rebasar las dos horas y media de función. Porque la fusión hombre/naturaleza, físico/mente, y película/espectador debe trabajarse hasta el último detalle. La sumisión del público a la pantalla debe ser ciega… entre otras cosas porque sólo así hará la vista gorda ante los errores, traducidos en personajes planos, previsibilidad total del argumento así como de los destinos de cada uno de los personajes, y algunos saltos de fe chirriantes.

Y lo hace. Porque aquí no importa el qué, sino el cómo, y el director realiza una labor relamida, sí, excesiva, también, pero exquisita. Grandes planos secuencia en los que la respiración del espectador se detiene, preciosos encuadres que aprovechan la imponente belleza de la naturaleza que rodea a DiCaprio, a la que se describe como cálida amiga a veces y tremebunda enemiga otras; violencia explícita retratada con gélido pulso firme; hasta se atreve con momentos oníricos que descontextualizados podrían caer en la vergüenza ajena.

No es Iñárritu el único responsable del éxito. Cabe destacar y de qué manera la fotografía de Lubezki, la música compuesta por Carsten Nicolai y Ryûichi Sakamoto, y unos efectos especiales acojonantes. Pero sobre todo, ya lo decía al principio, la excelsa labor de un camaleónico Leonardo DiCaprio, gran aliado del mexicano para hacer de El renacido una suerte de pipa de la paz para sus detractores. Es imperfecta, como todas las películas del mundo; pero es que por vez primera no tiene detrás a alguien obsesionado con la perfección, sino a un cineasta con ganas de hacer vibrar al espectador. Ya era hora, Alejandro.

 

Trailer de El renacido

 

 

  • Carlos Giacomelli
  • Xavi Roldan
3.8

En pocas palabras

Nervios a flor de piel en un nuevo ejercicio de estilo de Iñárritu, esta vez menos protagonista que de costumbre y menos mal. La película sale ganando.

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4 comentarios en “Crítica de El renacido (The Revenant)”

  1. Tú crees? Nusé… De todas formas a pesar de la flojera del argumento me gustó mucho mucho y hasta ahora (me faltan Room y Brooklin por ver) me parece la mejor candidata para Mr. Oscar… :-D

    Nita

  2. Pues yo tambien muy de acuerdo Capi… impresionante visualmente, unos planos preciosos pero sobretodo Leonardo DiCaprio, sin el no se que hubiese sido de la pelicula!

    Saludos,

    Elasti

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