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Crítica de El último duelo

A finales de los 70, un tal Ridley Scott se daba a conocer con Los duelistas. En ella, dos soldados franceses se batían en duelo por cuestiones de honor propio. 45 años después, a sus 80 y pico primaveras, Scott estrena El último duelo y, de no ser porque ya se sabe de dos nuevos proyectos suyos, se podría pensar que el cineasta hubiese escogido esta propuesta como último gran show. Despedida y cierre de medio siglo de historia de cine plagado de éxitos y no tan éxitos, pero sobre todo, de obsesiones con un formato que ha hecho suyo y al que, como a él mismo, le pesan los años. Esa suerte de nuevo péplum, películas épico-aventurescas que parten de algún evento más o menos histórico para quemar billetes y minutos en escenas de grandes batallas y recreaciones de otras épocas. Además de su mencionado debut y de la que nos ocupa, se lo hemos visto hacer ya en Gladiator, El reino de los cielos, Robin Hood, y Éxodo: Dioses y reyes. Y todas ellas con un denominador común: se confunden entre sí. Ya sea por la parafernalia pirotécnica (las grúas, los primeros planos de espadas clavándose en sitios, la velocidad de obturación) o por los entramados, confusos y desfasados dramas en su mayoría, que además envejecen a doble velocidad.

Sonaba poético, decía, que El último duelo fuese su última película. Una nueva vuelta a este género desde la consciencia de que los tiempos han cambiado, el cine ha progresado y Scott ya no tiene cabida, quizá, pero al menos lo sabe y lo asume. Por eso supone una pequeña revolución, una constatación de lo que hay. Scott ve que hay un lenguaje nuevo en el cine que puede hablar, pero que no va con él, así que adiós muy buenas. Con guion de Matt Damon y Ben Affleck (junto a Nicole Holofcener), la película parte del libro de Eric Jager en el que se habla de una amistad que se destruye hasta el punto de acabar en un último duelo a muerte. Como buen broche circular pues, a vueltas con duelos por salvar honores. Primer cambio, por eso: el motivo esta vez es el honor de la mujer de uno de los dos, que afirma haber sido violada por el otro, quien a su vez lo niega. De manera que su película tarda poco en ir desprendiéndose de la testosterona habitual de esta clase de propuestas, para enarbolar un discurso acerca del papel de la mujer en la época (y no sólo, claro): florero en el mejor de los casos, macho-dependiente desde su condición de perpetua inferioridad. En teoría, pues, muy bien. Por primera vez en la ristra de películas antes citada, se le da relevancia al personaje femenino y en especial conforme progresa la cinta, hasta el punto de ser más memorable Jodie Comer que los propios Damon, Affleck, o Adam Driver.

Sin embargo, de sus nobles planteamientos al resultado final ha habido alguna pieza que no ha acabado de encajar y quizá sea ahí donde se vea que Ridley Scott pertenece al pasado. La sensación que da El último duelo es de no encontrar nunca su tono, y aunque a lo mejor se deba a la apertura de demasiados frentes, se diría que es por pecar de forzar en demasía un tipo de cine que no le sale natural. Porque si revoluciona en lo argumental, también lo hace en lo narrativo, apostando por una estructura en tres actos para otros tantos puntos de vista sobre los hechos. Sumamente original… para quien no haya visto Rashomon, de la que la que nos ocupa bebe tan descaradamente que parece un ejercicio de clase de guion. Vamos, que lo mismo se cuenta en tres ocasiones, repitiendo incluso escenas pero con detalles alterados, abriendo la veda así a un discurso sobre la importancia de preguntarnos, siempre, quién narra la historia. Lo dicho, guay e inusual, al menos, en la carrera de un cineasta de corte tan clásico. Y quizá por ello no acabe de cuajar del todo: interesa y mucho, hasta que uno se da cuenta de que la película dura más de dos horas y media; cuando se entiende el juego, no queda mucho más donde rascar (y sí mucho que cortar en la sala de montaje).

Pero sobre todo, si la pieza no encaja es porque esta nueva versión de Ridley Scott no reemplaza del todo a la otra, la desfasada del principio. Ambas personalidades se dan bien de golpes, y de tal careo resulta una película que por momentos quiere ser una cosa y luego otra, sin profundizar por ningún lado y generando desigualdades rítmicas para parar un tren. Cuando tocan escenas de acción, no dan la talla; y cuando dan paso al drama, se rebajan revoluciones en demasía.

Vuelvo a leer todo esto y me da la sensación de que está quedando una crítica muy negativa de una película que en verdad no es ni de lejos un despropósito. Tanto cambio de planteamiento sí hace de El último duelo una película más original y arriesgada que de costumbre, y si bien superficial (¿impostado?), su discurso es más que válido y queda impreso a fuego en el espectador. Su factura es impecable y el reparto está, todo él (sí, Ben Affleck incluido) perfecto. Se logra empatizar con cada uno de los puntos de vista cuando toca que se expongan, para luego cogerles rabia en caso de que las tornas cambien. Hasta el punto de que el espectador se encuentra ante una situación delicada, sin acabar de saber por quién apostar cuando llega la última set piece de acción (el enfrentamiento prometido) en que El último duelo lanza definitivamente el vuelo. Pero es que, claro, son minutos en que toma el control total el viejo Scott: ese al que nadie le puede negar que, si quiere, sabe lidiar con la épica de una pelea; después de todo, lo ha hecho tantas veces ya…

En fin, que cuenta con motivos de sobra para que su visionado sea satisfactorio. Pero ni engancha lo que debería, ni sorprende lo que se esperaba. Y es que a Scott le pasa un poco como al señor Burns cuando se las da de joven. No cuela. El bueno de Alien ha asomado la cabeza a los tiempos que corren, ha trasteado un poco con nuevas fórmulas, pero ya está. Una despedida lejos de ser perfecta pero acorde con su filmografía y su figura… Ah, calla, que ya hemos dicho que el tío sigue en activo. Pues no sé yo si hace falta…

Trailer de El último duelo

El último duelo: los tiempos cambian para todos
  • Carlos Giacomelli
3

Por qué ver El último duelo

Ridley Scott vuelve a sus espadas y batallas, pero intenta refrescar y revolucionar con una película más comprometida, y desde luego más original que cualquier otro ejemplo de su filmografía épica. Las intenciones son de diez, pero El último duelo se queda en una tierra de nadie emocional demasiado fría para lo que habría podido ser.

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