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Crítica de Érase una vez en… Hollywood

Érase una vez en… Hollywood ha sido, y está siendo, un éxito de crítica y público. Ya se ha visto y se ha dicho todo de ella, arrancando la mayoría de comentarios con un la mejor película de Tarantino desde…. Pero en verdad, salvo en contadas ocasiones, siempre que el de Pulp Fiction estrena título, éste se lleva dicha etiqueta. Es difícil establecer un orden según la calidad de su filmografía, ya que cada nueva película es un nuevo evento cinematográfico, una nueva explosión de ideas, recursos, referencias, coqueteos y juegos con el espectador. Estímulos, en definitiva. Y todo quisqui se lanza a desgranarlos, haciendo que de un comienzo casi idéntico, sus comentarios, reseñas u opiniones, puedan ser al cabo, netamente distintas entre sí. Pero el caso es que de Érase una vez en… Hollywood ya se ha escrito hasta la saciedad. Y sí, puedo empezar igual: es una de las mejores películas de Tarantino. Y luego centrarme en los estímulos que a mí más me han flipado, y a los que sigo dando vueltas días después de haberlos visto. Vamos, que añadiré más leña al fuego sin descubrir necesariamente nada nuevo, y dando por hecho que todo interesado en la película ya la ha visto (se viene lluvia de spoilers) así que si no quieres seguir leyendo, ahí va el quid de la cuestión: ve a verla, que va a ser de las mejores del año.

¿Por qué? Pues porque como buen artista que es, Quentin Tarantino ha hecho todo un trabajo de orfebrería con una película que es toda una masterclass de cine. Una lección de cómo hilvanar todos y cada uno de los acontecimientos sobre los que se quiera escribir, para que el guión funcione a base de causa y consecuencia. Es increíble la aparente gratuidad con la que el director centra su interés en un detalle nimio, presenta a un personaje del que se diría que está ahí para fardar de reparto, y sin embargo su presencia sea fundamental para el devenir de la acción. Atención a esta concatenación de acontecimientos: Al Pacino habla con Leonardo DiCaprio y genera el conflicto de su personaje. Por culpa del mismo, dos horas de metraje más tarde, Brad Pitt verá cómo su vida debe cambiar de rumbo: recadero del protagonista de Titanic, deberá empezar a buscar trabajo. Un Brad Pitt al que antes hemos visto recoger a una chica que hacía autoestop, y que le daba un cigarrillo de ácido que guardaba en una caja. La misma caja que, en casa de DiCaprio y la última noche que pasaran juntos antes de que el contrato termine, abre para fumárselo. Por estar hasta arriba de ácido, genera cierto efecto de descolocación en el hippie que, minutos más tarde, le apunta con una pistola. El mismo hippie que había conocido, seis meses atrás, a la hora de dejar a la autoestopista del cigarrillo en su comuna. Y puedo seguir: la comuna que antes fue estudio de cine en el que Brad Pitt trabajó durante años, motivo por el que conoce al dueño (Bruce Dern), y que es a su vez motivo de enfrentamiento entre los hippies y el actor. En serio, la lección de guión es magistral.

Pero Érase una vez en… Hollywood es también una película tarantiniana con todo lo que ello implica. De hecho, es la más tarantiniana de todas al ser un homenaje la época de los 60/70, y al cine, a la magia del cine, en general. Oh, y a su cine, también. Es imposible no ver en la estructura y concatenación de acontecimientos, algo de Pulp Fiction; no reírle el guiño a Malditos bastardos con el fuego y los nazis, hay incluso algún pasaje que recordaría a Death Proof (de la que hasta él mismo parecía haberse olvidado). De la misma manera que no puede uno sino salivar de gusto con toda la trama centrada en la carrera de DiCaprio, con sus estudios de cine, sus planos en 4:3. Y esos delirantes encuentros con Steve McQueen o Bruce Lee… El director de Kill Bill ama el cine, nos lo viene diciendo en todas sus películas. Pero sus homenajes no son como los demás. Él no parte de un plano que copiar (salvo cuando es necesario por motivos obvios: el tráiler inicial de la serie de vaqueros). Y por eso, salen cosas como esta, que es magia: Brad Pitt protagonizando una escena de tensión (buscado a Bruce Dern) mientras suena de fondo, encajada a la perfección, la banda sonora de una película o serie de esa época ya que alguien ha subido el volumen. Es un detalle, ni siquiera somos conscientes de ello cuando, gradualmente, la música en cuestión se acaba colando en la escena.

Pero decía que en realidad Érase una vez en… Hollywood es un homenaje a la magia del cine, y es aquí donde Tarantino brilla. Si hay una página negra en la historia de Hollywood es la de finales de los 60, cuando entre crisis sociales y desbarajustes económicos (muchos fueron los estudios que las pasaron canutas), unos seguidores de Charles Manson entraron en casa de Polanski y Tate y liaron la de Dios. El espectador (la mayoría al menos) es consciente de ello, y el director juega con esta carta a la perfección. Siendo su película menos violenta, acaso la más cómica, queda siempre ahí, latente, el mal rollo por lo que todos sabemos que va a ocurrir. Y cuando se acerca el momento, Tarantino se descubre un maestro de la gestión de tempos, expectativas, y emociones. Primero, una inesperada voz en off hace acto de presencia (como en Los odiosos ocho) para explicar la cantidad de acontecimientos que se van dando en pantalla a ritmo de vértigo. Sin embargo, luego todo se detiene y vemos al grupo de hippies asesinos acercándose al lugar como si estuviera a kilómetros de distancia. El montaje pasa del cómico viaje de ácido de Pitt al grupo que camina por una calle oscura una y otra vez. Es eterno pero, claro, en el fondo nadie quiere que acabe porque nadie quiere que lleguen a su destino. Y sin embargo ahí está el Gran Homenaje Final de la película. Tarantino se sabe de memoria el más famoso claim del cine: en él todo es posible, esa es su magia. Y Érase una vez en… Hollywood eleva esa máxima hasta el paroxismo, con una conclusión que hace lo que la vida real no puede. Un… un what if…?, que no sé vosotros, pero a mí es que me entran ganas de tildarlo incluso de poético. Por eso es tan buena la película. Por eso es, hasta la fecha, sino la mejor película de Tarantino, la que mejor expone su credo cinematográfico.

Por eso hay que ver esta película más de una vez, y volver a creer en el cine. Bueno, y para pillar todos y cada uno de sus detalles. Oh, y además, DiCaprio y Brad Pitt están estupendos. Magia.

Trailer de Érase una vez en.. Hollywood

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
5

En pocas palabras

No sabemos si es la mejor película de Tarantino, ni si es la mejor película americana del año. Pero que se le acerque a ambas etiquetas, lo tenemos más claro que el agua.

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