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Crítica de Fast & Furious 9

Bueno, pues a lo tonto ya vamos por la novena. Décima, si se cuenta el spin off con The Rock y Jason Statham. Muchos, muchísimos minutos invertidos (las últimas entregas no son cortas precisamente) para la gestación de una saga que ya cuenta con su lore, sus propios rituales, sus mecánicas únicas y perfectamente engranadas. Para que funcionen única y exclusivamente en esta saga, esto es. Fast & Furious 9 (o F9, que ya no hace falta más) llega a las carteleras post-covid con sus 145 minutos y sus leyes propias de la física y la gravedad, la velocidad y la lógica; con sus reguetones, sus planos a cámara lenta y otros a 2x, y su reparto cada vez más apabullante: ¿que no tenemos a Dwayne Johnson para esta ocasión? Pues metemos a John Cena. ¿Que hay actores que ya no pueden salir por cómo ha ido desarrollándose la trama? Ya colaremos algún flashback. Y llamad a Charlize Theron o a Helen Mirren, a ver si suena la flauta. ¿Sí? Perfecto. Hasta Justin Lin, director de más de la mitad de la serie, se ha vuelto a poner a manos del guión y de la dirección.

Todo ello para dar forma a un nuevo encuentro de lo que es ya el mayor guilty pleasure de todos los tiempos, y a estas alturas de partido, tambiénel mayor crowd pleaser. Porque el público sabe a lo que va, y lo único que le exige a The Fast Saga es que siga cumpliendo en materia de gilipollismo trepidante. Cuanto más grande mejor, aunque el planeta ya se les quede pequeño: no sería de extrañar que Fast 10 ocurriera en la Luna y nosotros, sí, aplaudiríamos. Porque eso es lo que queremos: un espectáculo de pirotecnia vacía y épica cómica (cerca andamos ya del slapstick), que nos meta en el cuerpo ganas de aplaudir cada quince minutos ante una nueva salvajada para el raciocinio que implique coches túnin volando por los aires, gente metiéndose mamporros, y el último hit de J Balvin sonando de fondo. Ya, pero, oigan, es que en Fast & Furious 9 empiezan a meter unos flashbacks que claman al ciel… Brummmm, brummmm, perdona, ¿qué dices? Digo que este giro de guión ya pasa de castaño oscur…. Pum, blam, brummmmm. Calmadito, cerebro: aquí tienes tu sesión gratuita de endorfinas. Ni se te ocurra despertarte.

No, no hay que buscarle lógica alguna a una entrega que ya ni se molesta en justificar sus tremendas patilladas. Ahora resulta que a Dom le ha salido un hermano del que nunca se supo nada. Vale, metemos un flashback imposible, y arreando. ¿Sigue quedando cogido con pinzas? Pues metemos a un personaje que se haga eco de la subnormalidad de todo ello en clave de humor; nos reímos, pasamos por alto con total complicidad, y a otra cosa. Claro, es que la otra cosa sigue siendo el no va más.

Fast & Furious 9 vuelve a ser un hito de acción. De sus 145 minutos, al menos 100 se traducen en carreras y persecuciones de un lado a otro que no dan mucho tiempo (y menos mal) a que se desarrolle una trama que confirma, ya sin atisbo de duda, que estamos ante un Misión imposible para dummies. El guión que nos ocupa no hace, de hecho, sino repetir casi paso a paso el que J.J. Abrams y compañía idearon para recuperar a Misión: Imposible de donde la dejó John Woo. Un macguffin cuya explicación es, en el mejor de los casos, cuestionable, y del que sólo importa que si lo coge el malo, le dará poder total para hacer más bummm y pammm. Y a partir de aquí, excusa para arrejuntar a un grupo de protagonistas que garanticen una continuidad casi infinita a la saga, mientras siga amasando millones. Sólo que mientras Ethan Hunt y compañía parecen planificar mínimamente sus actos en base a cierta plausibilidad, aquí si hay que hacer que un coche se agarre de un hilo para hacer puénting (como suena), nadie se va a rasgar las vestiduras.

Es lo que hay, y es lo que queremos. A estas alturas dudo que haya neófitos que se acerquen a las salas a ver Fast & Furious 9. Quienes lo hacemos, vamos con conocimiento pleno de causa. Lo sabemos nosotros, lo saben Vin Diesel y compañía, y lo sabe Justin Lin. Y todos firmamos el contrato, que se traduce en un espectáculo tan hueco como absolutamente espectacular e hilarante, que pasa en un suspiro (salvo cuando hablan en vez de correr) y por cuya verosimilitud, credibilidad, o sentido, hemos pactado no preocuparnos lo más mínimo, lo ponía en el contrato. Cerebro apagado, emociones a todo gas. Y a disfrutar del gran, grandísimo espectáculo del verano, mientras esperamos la siguiente.

Trailer de Fast & Furious 9

Fast & Furious 9: más de lo mismo, y bienvenido sea
  • Carlos Giacomelli
3.5

Porque ir corriendo a ver Fast & Furious 9

Novena entrega de una saga que a estas alturas sabe perfectamente como dar a su público lo que de ella se espera. Mientras siga agrandando el «más grande todavía», seguiremos aplaudiendo su honesta predisposición a entretener por entretener.

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