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Crítica de First Man – El primer hombre

Que Steven Spielberg produzca a través de Dreamworks esta obra tan afín a su propia cosmogonía cinematográfica sólo refuerza una idea respecto a su director Damien Chazelle: que es ese nombre que Hollywood necesita para regalarse prestigio sin renunciar a una marca autoral. Dicho de otra manera, la niña bonita de la crítica que sabe llevarse a un bolsillo al público mientras se llena el otro de premios. Ocurrió con Whiplash. También con La La Land. Y debería repetirse la jugada con First Man – El primer hombre, donde el riesgo comercial podría ser aún menor, pero el jaque a los principios creativos mayor. El reto: convertir una historia puramente norteamericana basada en un material ajeno (el libro de James R. Hansen que documenta la llegada a la Luna) y centrada en un personaje relevante en la Historia de la humanidad -Neil Armstrong- en material de prestigio. Hacer un biopic que parezca menos eso que un proyecto personal.

Es por eso que sobre el papel la película no cuenta nada nuevo, o nada que no hayamos visto en un puñado de ficciones centradas en la carrera espacial. Pero Chazelle no es un chico de los recados, y sabe hacerlo de manera atractiva, reenfocando algunas de las cuestiones colaterales que parecían ya asumidas en el proceso de la conquista del cosmos. Asoma en la película un sentimiento de pesadumbre que habría nacido como cara B de la carrera espacial, un reverso de la moneda que no suele tratarse en el cine: la explotación de un fervor nacionalista fomentado por la guerra fría, las víctimas mortales cobradas en simulacros fallidos o viajes siniestrados, los presupuestos disparados, destinados antes a la explotación aeroespacial que al bienestar de los ciudadanos. Chazelle expone estas cuestiones espinosas mientras al mismo tiempo disminuye la carga patriótica de los logros de los personajes.

A partir de este enfoque más desnudo, riguroso y a su manera radical Chazelle relata una lucha personal; la de un tipo que debe sobreponerse a una tragedia familiar, un personaje situado entre la pasión, la obsesión y la abnegación. Por eso el realizador huye de la épica maximalista y del triunfalismo y se centra más en la persona que va dentro de la cápsula que en el poderío tecnológico. No muestra grandes planos monumentales con las maniobras espaciales del Apollo XI sino más bien el interior de cabinas que deben soportar viajes que hasta aquel momento parecían una auténtica chaladura. De este modo los logros de Armstrong apelan obviamente a la Historia, pero nacen de su propia construcción como personaje individual. Y es así hasta un punto quizá incluso excesivo: por algún motivo los dos acompañantes de la expedición son relegados a un papel casi bufonesco (Aldrin) o prácticamente inexistente (Collins).

Para acercarse de manera tan íntima a la cuestión humana el realizador hace uso de una fotografía granulosa y recurre a las cámaras en mano, que remiten a una especie de cinéma vérité de la época, a la crudeza documental. De este modo el director acerca muchísimo más la historia que está contando y puede articular un juego entre lo cotidiano y lo sobrecogedor. Que a una escena de apabullante traqueteo mecánico la siga de inmediato una de insondable silencio lunar no hace más que subrayar este contraste, colocando en un mismo plano lo pequeño y lo cósmico, lo mecánico y lo humano, lo cotidiano y lo extraordinario. La partitura de Justin Hurwitz también ahonda en este posicionamiento (resulta exuberante sin ser opulenta) y remite de paso a ciertos milestones de la cinematografía cósmica más personal, desde 2001 hasta Interstellar.

Con todo First Man no es perfecta, ni mucho menos. Le sobra metraje, redunda en alguna escena y abusa de un montaje quizá demasiado tupido. Y además está excesivamente enamorada de su protagonista, un Ryan Gosling que cumple, pero ya está tan aclimatado en su patentado hieratismo de héroe lacónico que parece haber olvidado el resto de recursos interpretativos. Tanto es así que el guión descuida algunos personajes, como los citados compañeros de misión o, más preocupante, Janet, la esposa interpretada por Claire Foy, reducida a sufridora comparsa, simple Penélope enfocada a la catarsis emocional del personaje masculino.

Pero lo malo acaba diluido gracias al posicionamiento radicalmente autoral del realizador, que le lleva a planificar cada encuadre, cada sensación visceral, cada silencio, con minuciosa intencionalidad para lograr que todo ello fluya de manera natural. El resultado es un tanto irregular, sí, pero termina hipnotizando y trascendiendo una hipotética condición de producto acomodado y esquemático. Y es así porque Chazelle, con o sin excesos, sabe convertir más de dos horas de metraje en aquello en lo que tantas veces el cine de consumo más o menos masivo aspira a convertirse y tan pocas lo consigue: un espectáculo verdaderamente emocionante y trascendente.

 

Detrás de las cámaras de FIrst Man

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
3.5

En pocas palabras

El tercer largometraje de Damien Chazelle sigue confirmando su posicionamiento de autor: deconstruir géneros con tendencia a la altisonancia para extraer de ellos la máxima emoción posible.

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1 comentario
  1. SSR Dice:

    Yo defiendo la interpretación de Gosling. Su “patentado hieratismo de héroe lacónico” en este caso quedaba perfecto. Sentí un montón de emociones y de pensamientos silenciosos detrás de su careto contenido y sus ojitos de mono. Me conmovió el personaje, y su interpretación mesurada y inexpresiva me cuadraba superbien. Cierto que la peli está centrada en un 90% en él y que la esposa de Claire Foy o el resto de la tripulación están poco cuidados. Pero creo que está tan personalizada para substraerla de la gesta americana y llevarla al logro común de la humanidad, etc., que cada espectador sienta un poco como propio ese primer paso lunar.
    Eso sí, un poco larga, para mí sobra metraje en el pre-viaje, training, presentación personaje, y en cambio me faltó un poco al final. Pero me ha gustado mucho, a nivel visual, sensorial, sonido, ritmo… Yo estaba pillada, me han llevado a la luna y de vuelta. En una fucking lata.

    Alerta Spoiler: Lo de la pulserita me rompió la cabeza. Contaminando la luna? Se lo han inventado? Real? Post googlearlo-en-cuánto-llegué-a-casa…, no está confirmado pero parece ser que sí (Armstrong’s son dixit). Lagrimilla. En el cine no lloré. Eso mola de la peli, será órbita Spielberg, que lo es, pero no es moña Spielberg. Todo el drama se explica con sobriedad (apoyada también en el hieratismo de Gosling). La llega a hacer Steve y me dejo dos paquetes de kleenex. Pesa más la locura del descubrimiento, del logro, que no el drama de las pérdidas. Mola.

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