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Forza Horizon 5 critica

Crítica de Forza Horizon 5 (PC, familia XBox)

¿Qué le pediremos al sexto Forza Horizon, cuando aparezca dentro de unos años ya perfectamente incrustado en las virtudes tecnológicas propias de la generación de consolas que acaba de arrancar? Probablemente riesgo, innovación y sorpresa. Nuevas mecánicas y planteamientos jugables frescos, acorde todo ello con las capacidades de los nuevos hardwares. ¿Qué se le pide a uno, el actual, encuadrado en la intergeneracionalidad -está obligado a correr también en máquinas de hace siete años- y heredero directo de una obra maestra absoluta como fue Horizon 4? Justo lo que nos está dando: más de lo mismo. Eso es lo que le pedimos y eso es lo que nos ofrece. Por favor, MÁS.

Se cuentan literalmente con los dedos de una mano las novedades reales de Forza Horizon 5. La primera y más destacada, el mapa: más grande, más variado y más atractivo. Hemos saltado de la campiña inglesa a un México que, si acaso, puede recordar vagamente a la Australia de la tercera entrega. Se trata de un entorno surcado por varios biomas (playa, desierto, montañas, zonas boscosas, jungla, ciudad, pueblos) y que generan distintas dinámicas de conducción en virtud de esa libertad de mundo abierto tan posibilista y excitante. Este México es, en una palabra, radiante. Un paraje de ensueño inagotable, tratado con infinitos mimo y respeto, que recompensa su exploración con vistas majestuosas y ejercicios de conducción mesmerizantes: por entre los árboles, por la ladera de un volcán, a orilla de playa paradisíaca, bordeando pirámides aztecas, atravesando tormentas de arena a lo Fury Road o cruzando aeropuertos en ruinas y fiestas nocturnas. Todo en Forza, todo en esta quinta entrega, toca esas teclas del stendhalazo necesarias para experimentar sensaciones viscerales y siempre querer ver algo más.

Otra novedad: el progresivo desbloqueo de eventos, los clásicos festivales Horizon, que en esta ocasión van apareciendo más paulatinamente en el mapa y a los que se accede mediante una prueba de exhibición. Un despliegue de las actividades mucho más estructurado que nunca, una característica tradicionalmente impresa en el ADN de Forza y que en esta ocasión posibilita un progreso más ordenado, menos agobiante y más TOC-friendly para recién llegados. Llega cierto momento en que el mapa está trufado de iconos, cierto, pero en todo momento el juego pretende ser gozado con libertad y sin prisas, invitando al usuario a que opte por aquello que más le apetezca en cualquier momento, sean carreras, eventos especiales, las habituales pruebas de velocidad, salto o derrapes, el modo battle royale, el de creación de pruebas, la exploración en busca de coches abandonados o, simplemente, una conducción libre y sin trabas de ningún tipo. Chill.

Tercera novedad, acaso la más prosaica y evidente: su potencia tecnológica, capaz de fundir cualquier córnea desde el minuto uno. Hablaba de su carácter intergeneracional, pero lo cierto es que Forza sigue viéndose, más aún que su predecesor, como un peak gráfico. La dirección artística obviamente tiene su parte de mérito, pero en potencia bruta esto es lo nunca visto, especialmente moviéndose a 60 frames por segundo con una resolución 4K, un espectáculo visual que corta el aliento. Un nuevo flirteo con el fotorrealismo especialmente resultón en la iluminación dinámica, en los brillos y reflejos y en los efectos de partículas.

Y todo lo demás es… ¿repetición? Pues… más o menos. Pero afortunadamente Playground Games aún no ha rebasado el límite de la reiteración y puede permitirse explotar al máximo todo aquello que lleva funcionándole desde hace años. En este sentido el juego conserva lo bueno y lo mejor de la franquicia: su sentido arcade, conscientemente alejado de la finura y las exigencias de Forza Motorsport, menos complaciente y mucho más cercano al simulador. Su gusto por las sensaciones de flow imparable cuando se conduce. Sus físicas impecables y su feedback irresistible. Su sentido del espectáculo -quizá aquí un poco menos dado a las set pieces vuelaseseras- y del preciosismo paisajístico, marcado una vez más por el cambio de estaciones. Y, en general, su voluntad por agradar, por complacer en todo momento y por recompensar permanentemente, premiando casi todo lo que se pueda premiar, de adelantos ajustados a pódiums, de derrapes a saltos, de choques a destrozos del escenario.

Playground Games, en resumen, ha apostado una mano de ases imbatible. Si en Horizon 4 se marcaban con ella un poker, ¿por qué no iban ahora a poder añadir un joker para subir a repoker? ¿Alguien se lo puede discutir? Ya veremos cuando llegue la sexta entrega pero, de momento, ese alguien no pienso ser yo: después de tantas competiciones épicas, de tantos momentos de deliciosa libertad digital, de esas puestas de sol, de esas carreras contra -o hacia- las tormentas, de tantas delicias motoras, de tanto subidón, de tanto éxtasis audiovisual, sería estúpido e hipócrita por mi parte apelar al bajón. Ni loco, yo me quedo a vivir feliz en Forza Horizon 5 por lo menos hasta que llegue el siguiente.

Gameplay de Forza Horizon 5

Forza Horizon 5: más de lo mismo, por favor
  • Xavi Roldan
4.5

Por qué jugar al Forza Horizon 5

Un indisimulado continuismo es el único pero que puede ponérsele al actual emperador de los arcades de conducción. Todo lo demás es puro delirio, éxtasis sobre ruedas y un sentido de la bienvenida capaz de acoger incluso -o sobre todo- a quienes no les gusten los juegos de coches. Experiencia sublime.

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