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Crítica de Free Guy

Pues resulta que ni sagas de coches, ni super héroes o heroínas, ni atracciones de Disneyworld. El espectáculo definitivo de este verano es un título nuevo, de claras referencias pero nada que adaptar de manera directa, ni continuar o «spinoffear». Free Guy es la sorpresa más gratificante del verano y me atrevería a decir que, a nivel comercial, del año. Perogrullada, claro: ¿Quién iba a dar duro alguno por una especie de videojuego paródico con Ryan Reynolds buscando ser un Deadpool sin máscara y sin decir tacos? Pues en la frente. Insisto: estamos probablemente ante el blockbuster del año.

Hay un par de trucos, claro. El primero de ellos, que uno de sus guionistas ha estado involucrado en varias películas de Marvel, así como en la hermana mayor de la que nos ocupa, Ready Player One (de la que Free Guy parece un «todo lo que quisimos hacer aquélla vez pero no nos atrevimos»). El segundo, que tras la cámara está Shawn Levy en su mejor versión, esto es, la que es capaz de sacarse de la chistera entretenimientos de nivel como Acero puro. Si algo demostró la de peleas de robots conducidos por Hugh Jackman, era una combinación exquisita entre emoción y épica, humanidad y acción, cosa que se repite en la que nos ocupa. Y finalmente, quizá el truco más importante de todos: en realidad, Ryan Reynolds mola mucho. Cae bien, sabe conectar a la perfección con el público, tiene una vis cómica más que válida… es el novio de América, vaya.

Todo ello genera sinergias necesarias para que Free Guy funcione desde sus cimientos. A partir de ellos, enarbola poco menos de dos horitas de entretenimiento total gracias a un balance sumamente medido entre acción, humor, y personajes. Tras su piradísimo plano secuencia inicial que parece demostrar que ya no existen límites de ningún tipo en lo audiovisual, Free Guy apenas levanta el pie del acelerador, pero consigue presentar a una serie de personajes, que tardan poco no sólo en hacerse entrañables, sino en descubrir un conflicto de mucho mayor calado de lo que cabría esperar (Reynolds, sí, pero también Jodie Comer, Joe Keery…). Resulta que tenemos un poco de crítica al universo empresarial por el que se mueve la industria del videojuego (aplicable a cualquier otro mercado, claro). Otro poco de reflexión sobre el infierno de violencia y destrucción en que se acaban tornando muchos juegos online. Y una moraleja sobre las aspiraciones de cada uno, un buenista «quien la sigue la consigue» que, la verdad, bienvenido es. Todo ello, en una divertidísima suerte de «Blade Runner Millennial» con un conscientemente ñoñísimo punto de partida con «chico se enamora de chica» de turno.

Puede que pasada la sorpresa inicial, tanta flipada visual acabe quemando algún cartucho de más, condicionando el final de un segundo acto en el que cinco, diez minutos menos de metraje no le hubieran sentado mal. Quizá, auch, hubiera bastado con recortar la mayoría de histrionismos de un Taika Waititi excesivamente pasado de vueltas (con diferencia, lo más flojo del asunto… auch again). O a lo mejor es que Free Guy está tomando, simplemente, algo de aire antes de encarar un tercer acto emocionante, divertido (esos cameos…) y espectacular a partes iguales. Claramente, no estaremos ante una película perfecta, ni falta que le hace para ser el divertimento veraniego más refrescante, entretenido y alucinante del año. Y nosotros que no dábamos ni un duro por ella…

Trailer de Free Guy

Free Guy: el divertimento del año
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué ver Free Guy

Ryan Reynolds confirma su vis cómica en el blockbuster del año, un Free Guy espectacular y divertido a partes iguales, que tiene tanto de Blade Runner como de La Lego película, de Los Vengadores como de una maratón de canales de Twitch. La gran sorpresa post-Covid es esta.

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