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Crítica de Friends: The Reunion (HBO)

Miradme. Este soy yo viniendo aquí a parecer un amargado y a aguar la fiesta que todo el mundo aparentemente está celebrando. La de esa reunión de Friends que ha armado HBO Max y que tantísimo lo está petando, que tantas lágrimas nostálgicas está arrancando y que tanto fanatismo old school está levantando. A mí, que fui un fan de los seis de Greenwich Village como el que más -por lo menos durante cinco temporadas estupendas-, qué queréis que os diga, la cosa me ha olido fuerte a acetona. Y me sorprende que no haya más gente que se haya percatado del montaje, de lo prefabricado de una reunión que se llevaba tanto tiempo pidiendo que quizá ya funcionaba más como meme que como un especial de casi dos horas de duración. Un especial que, permitidme la osadía, opino que tiene poco del espíritu Friends y todo de una especie de placebo emotivo-nostálgico de nulo interés quitando, quizá, el morboso.

Morbo. Empecemos por ahí. Entiendo que la reunión de estos cincuentones genere entre el público más chismoso las esperables reacciones respecto a lo mal que han envejecido algunos de ellos, la altísima factura que les han pasado las drogas a otros y los estragos terribles del bisturí en nosequienes. Son observaciones absurdas y chascarrillos cuñadiles, porque el fondo de la cuestión no es el paso de los años (que, obviamente, cae sobre todos nosotros) sino la fricción que se genera entre la vejez mal llevada de algunos y las pretensiones del producto. Los guionistas de esto deberían haber partido de la base de que no, casi ninguno de ellos sería capaz de recordar líneas o escenas concretas del guion. Deberían haber tenido en cuenta que la mitad de los seis amigos probablemente no estarían ahí si no hubiera un monstruoso cheque de por medio, y que celebrar un especial que por su carácter buenrollista inofensivo podría encajar a la perfección como una sección alargada del Tonight Show de Fallon quizá no es la idea de cómo pasar un buen fin de semana de casi ninguno de ellos.

Pero es que eso no es lo que quiere vender el especial. No, los creadores de Friends: The Reunion han construido una serie de narrativas forzadas que usan como esqueleto conceptual para sostener todo su tinglado. La central, la de que la amistad lo es todo, es lo más importante, un ente afectivo irrompible que no se agrieta por muchos años que transcurran. Y bien, podría estar de acuerdo en ello como concepto, pero es que el programa no sólo no deja de subrayarlo machacona e insistentemente sino que apenas lo demuestra con hechos. Sólo con palabras scripteadas, telegráficas y muy calculadas. Hay en todo esto una burbuja de impostación que si no se pincha es, por un lado, por un esfuerzo de edición volcado en dejar un producto pulidito y efectivo, y por otro por la simple fe del fan.

Pero esa, como digo, sólo es la narrativa vertebral. Todo el resto son presuntos sentimientos a flor de piel que en realidad evidencian la relativa profesionalidad de sus participantes (son puro acting), alguna reflexión sincera sobre la cara oscura de la fama que pronto termina abortada y en general una sucesión de ideas dudosamente pertinentes. Ideas, giros de guion que a la postre culminan en una pseudo-revelación, suerte de plot twist patillero, que está pensada para que el fan medio corra a las redes sociales a dar bombo a un concepto de escasa relevancia y nulo impacto real.

El resultado es una especie de programa de variedades, escrito con un ojo en Final Draft y el otro en Twitter, que va de lo ocasionalmente simpático y curioso (algunas escenas de archivo inéditas) a lo -casi siempre- esperpéntico y hortera. Está montado de manera inteligente, entretenida, alternando las distintas líneas argumentales, y es cierto que las intervenciones de los creadores Marta Kauffman, David Crane y Kevin S. Bright resultan medianamente interesantes. Y que algún que otro destello de emotividad sincera aflora aquí y allá. Pero la verdad no comprendo la relevancia de lo que puedan decir cuatro famosetes de brilli brilli sobre sus experiencias como fans de la serie. Ni la necesidad de insistir y vendernos como nueva una idea que ya sabemos desde hace 25 años: que Friends fue un fenómeno mundial. Ni por qué a nadie debería impresionarle el (limitado) esfuerzo de producción que supone el ejercicio kitsch de recrear como en un parque temático de cartón piedra el plató polivalente con los sets de los pisos de Monica y Rachel, de Chandler y Joey, o el Central Perk. Ni tampoco me cabe en la cabeza que a alguien le pueda atraer ese formato de reality TV donde un James Corden tan obsesionado como siempre con tocar las fibras de lo sentimental y las teclas de la comedia populista entreviste a los seis en un espacio que parece construido por el escenógrafo de The Bachelor. Semejantes mimbres hacen de este especial, pijo y maniqueo, un espectáculo de la lagrimilla nostálgica que olvida uno de los pilares que hicieron de Friends lo que fue en su momento: una comedia muy estándar e impersonal pero también muy brillante en su planteamiento y ejecución. Que absolutamente todo el mundo haya destacado lo mucho que ha llorado viendo Friends: The Reunion pero nadie afirme haberse reído con él (por lo menos de forma no irónica) no dice mucho del producto, me temo. Ni de nuestras propias exigencias televisivas cuando alguien se limita a servirnos un plato de nostalgia catódica recalentada en el micro.

Trailer de Friends: The Reunion

https://www.youtube.com/watch?v=HRXVQ77ehRQ
Friends: The Reunion. Esto no nos lo merecíamos.
  • Xavi Roldan
2

Por qué ver (o no) Friends: The Reunion

La esperada reunión de Friends se salda con un producto eficaz como tal, pero que resulta irritantemente amanerado, ensimismado, calculado y prefabricado. Lo que pudiera quedar de la antigua chispa de la serie original no se merecía esto.

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