a ghost story

Crítica de A Ghost Story

Pérdida. Sentimientos difíciles de entender, emociones a flor de piel y procesos de superación (o aceptación) largos y complejos, sobre los que toda forma de expresión artística lleva años hablando. Las cosas que se quedaron por decir, las vivencias que ya no podrán compartir… Si es difícil que asumamos la pérdida de un ser querido, cómo lo será para ese ser querido que nos acaba de dejar. A esa pregunta, nada más y nada menos, quiere dar respuesta A Ghost Story: cuando apenas estamos empezando a conocer a una pareja vulgar y corriente de los EEUU (todo lo vulgares y corrientes que puedan ser Rooney Mara y Casey Affleck, claro), se nos trunca el plan al fallecer él. De sopetón, como puede ocurrir en la vida misma; dejando el capítulo a medias. Ahora bien, en lugar de acompañarla a ella en el sentimiento, por una vez se nos hace seguir al muerto, necesitado de tanto o más apoyo. Porque esto funciona igual en las dos direcciones: tan imposible es que un vivo se comunique con un muerto, como a la inversa. Con el agravante de que el segundo se queda en un plano de la realidad cuya línea del tiempo brilla por su ausencia, y se dibuja más como si de una serie de recuerdos se tratara, que con el habitual proceder lineal del mundo de los vivos. Nada fácil.

No sé si puede sonar a risa o no mi intento de resumen argumental, pero voy a echar más leña al fuego para ponerlo más difícil todavía: el fantasma se limita a una sábana (con dos agujeros en los ojos) con la que se tapa completamente Affleck para pulular adelante y atrás por casa. En silencio de tumba. Parece un chiste de mal gusto, hablamos de un actor cuyo rostro se tapa por completo durante prácticamente todo el metraje. Y sin embargo, se trata de uno de los personajes más emocionantes, expresivos y multidimensionales que, desde luego, ha visto el género fantástico en años. Y el cine en general. Y es que la baza de A Ghost Story es deshacerse de prácticamente todo embellecimiento cinematográfico para desnudar, a su vez, al espectador. Dejarlo indefenso y descolocado, ante un inesperado torbellino emocional para que éste, cuando desate su virulencia, le impacte de lleno sin posibilidad de refugio. Desde luego, es evidente que la simplicidad es sólo aparente: en realidad hay un sutil pero enorme trabajo que va desde la decisión de rodar en un desfasado, añorado formato en 4:3 (acaso en alusión al plano de atemporalidad y recuerdos en el que vive el fantasma), a la de alargar hasta el paroxismo un plano demoledor con Rooney Mara comiendo, sola, ante los ojos de una sábana congelada; o al recurso, cuando toca, de una banda sonora tremebunda capitaneada por un tema de Dark Rooms y calculada al milímetro entre silencio y silencio no para conducir, sino para acompañar.

Todo suma en una obra de arte tan relamida y esforzada, como lograda y contundente: A Ghost Story podría haber sido el irritante reflejo de la personalidad modernilla e insufrible de su director y guionista (David Lowery, de nuevo reunido con su pareja fetiche después de la excelente En un lugar sin ley), pero se convierte en un drama cercano, sutil y creíble (¡!), porque ni engaña ni toma por tonto a nadie. Ningún plano, por exigente que sea, es gratuito. Tanto da que se trate de un montaje de escenas inconexas que muestren un abrupto paso del tiempo, como una cámara fija durante varios minutos retratando a un tío disfrazado con una sábana y sentado en un sofá, a oscuras. Y ojo, que tampoco resulta tramposa en su condición de película de fantasmas: con este film, Lowery abarca un sinfín de líneas argumentales que van mucho más allá del desmenuzamiento emocional de una pareja afectada por la muerte de uno de ellos, incluyendo explicaciones de lo que podría ser un más allá paranormal. Tanto tiene que ofrecer, en sus escasos 90 minutos de metraje y desde su aparente falta de acción, que resulta imposible apreciarla en su totalidad con un solo visionado. Prueba de ello es que al poco de iniciar la función, uno no puede evitar sentir cierta pena, totalmente injustificada a no ser, de nuevo, por la excelsa labor de planteamiento previo por la que ha pasado la creación de cada plano, cargado de mensajes subliminales, entrelineados, y ataques con cuchillo al subconsciente.

En definitiva, una película que llama con fuerza a la puerta de los Oscars, tanto como a la de los libros de historia del cine, decidida a dejar una gran marca en ellos.

 

 

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
  • John Blutarsky
4.3

En pocas palabras

Un género tan manido como las películas de fantasmas, encuentra en A Ghost Story el soplo de aire fresco que necesitaba. Un drama indie, pequeñito, sutil y emocionante que no deja indiferente.

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