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Crítica de Hache (episodios 1 y 2, Netflix)

Nadie puede poner en duda la ayuda que ha ofrecido Netflix para dar visibilidad a “otro tipo” de series españolas (otra cosa es que, luego, las mejores, se vean en Movistar+). Algunas de ellas han tenido, incluso, un éxito sin precedentes. Demonios, vivo en otro país y la gente de por aquí no deja de hablar de La casa de papel. Netflix lleva la batuta comercial y además parece imposible arrebatársela: si encuentra un filón lo estira todo lo que dé de sí. Y por eso, hete aquí otra serie de época (de la que Netflix nos ha permitido ver los primeros dos episodios), otro thriller dramático con mafias, heroína, prostitutas, asesinatos e intrigas en locales de lujo. 

Hache tiene lugar en la Barcelona de 1960, una Ciudad Condal a dos velocidades: la mugrienta clase alta, salpicada por chanchullos alejados de la legalidad, y la clase baja, de la que una chica (Adriana Ugarte) intenta escapar acercándose al malvadísimo dueño (Javier Rey) del Club Albatros. Por este local pasa la mayor chusma habida y por haber. Drogas, capos, mujeres usadas como moneda de cambio. Por supuesto, la chica acaba entrometida en todos los líos, un abanico de bondades reservado exclusivamente a los hombres, que se ven alterados por la suntuosa presencia y falta de tapujos (sic) de una mujer que no se contenta con ser mujer florero… si bien use su cuerpo para lo que toque. Bueno.

Trama y personajes compuestos a base de desfasados clichés que, en al menos los dos primeros episodios de la serie, no consiguen exponer motivos suficientes para seguir adelante: cierto es que esta clase de elementos suele ser siempre bienvenida con independencia de su originalidad (los EEUU de la ley seca vistos en Boardwalk Empire no eran ningún dechado de originalidad precisamente). Pero el problema en Hache reside en un gravísimo error de base, sempiterna némesis vista en toda producción similar tanto en la pequeña como en la gran pantalla (La sombra de la ley): no por etiquetarse de drama, el espectáculo debe sumir al espectador en una profunda, plomiza depresión. Y es que todo aquí se resuelve a base de griterío, violencia, ceño fruncido y lágrimas. Por Dios, ¡hasta los Peaky Blinders se permiten el lujo de sonreír de vez en cuando! Semejante exceso de oscuridad emocional, se acaba antojando extremadamente forzado, artificial. Se acaba, literalmente, harto de tanta gente enfadada pululando por pantalla porque sí. Y con estas, no hay trama noir que valga.

Tampoco ayudan las desigualdades interpretativas: Rey se pasa de frenada con su personaje, y roza el ridículo cuando le hacen hablar en italiano. Ugarte no acaba de convencer como femme fatale. Pero ellos son el mal menor en comparación a los secundarios, encabezados por un Eduardo Noriega que mil años después de haberse dado a la interpretación, sigue recitando como si leyera un obra de teatro. Todo, de nuevo, se antoja excesivo.

Por su parte, la puesta en escena también cae en errores habituales: la mayor parte de la acción sucede en interiores (para contener presupuestos, se entiende) acompañados de una anodina melodía de jazz, con bombas de humo funcionando a pleno pulmón para generar un fondo brumoso… que en realidad sólo sirven para impedir ver correctamente los decorados, e infunden una tonalidad opaca, grisácea. Flaco favor al esfuerzo de producción.

Y todo ello infunde una profunda pena, porque Hache ha estado muy cerca de lograrlo (y quién sabe, a lo mejor lo hace en los siguientes episodios). Su entramado policíaco resulta curioso, el hecho de ver una serie de mafias en la Barcelona de antaño tiene su gracia, y que vaya a tratarse (al menos de momento) de una miniserie acotada pone las cosas muy de cara. Pero la montaña que escalar es demasiado empinada, máxime sin tener claro lo que habrá en la cima.

Trailer de Hache (Netflix)

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2

En pocas palabras

Buenas intenciones pero muy tibios resultados en esta serie de mafiosos, clubes y prostitutas en la Barcelona de los 60. Demasiado drama y emociones forzadas echan por tierra un material de base que daba para más.

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4 comentarios en “Crítica de Hache (episodios 1 y 2, Netflix)”

  1. Tampoco se libran de introducir gazapos históricos en el primer capítulo, ya que muestran de fondo la central térmica de Sant Adrià del Besos cuando ésta fue construída a partir de 1971. Creo que no costaba tanto documentarse.

  2. Carlos Giacomelli

    no sé, esto es como cuando Movistar traduce los anuncios de sus series en catalán con corrector automático. Qué necesidad hay. Lo mismo esta serie. Si no te documentas y/o no puedes hacer frente al coste de la producción (lo mismo sale la central porque era el único sitio en el que podían rodar, yo qué sé)… y si tu serie pasa principalmente en interiores… pues no sé, no hagas tanto hncapié en la localización geográfica y temporal, ponlo más vago, o directamente haz un lugar imaginario. La trama será la misma. (o no, no lo sé, no voy a seguir viéndola me temo)

  3. Totalmente de acuerdo con la crítica y los comentarios.
    Quiero añadir a la colección de fallos el montaje desordenado y arrítmico, la cámara en mano y finalmente a Ingrid Rubio como un fallo en sí misma.
    Yo dejo de verla pues me aburre a morir. Que pena pues le tenía muchísimas ganas, mi ciudad, lumpen, años 60…qué podía salir mal?
    Pues todo 😢

    Saludos😊

  4. Carlos Giacomelli

    Sí, el montaje es como que va por un lado, el guion por el otro, y la banda sonora por otro más, y acaba quedando un batiburrillo asincopado… o directamente aburrido. Lo intenta, pero… Y de acuerdo contigo en cuanto a Ingrid Rubio, pero no más que Eduardo Noriega. Ese hombre debió haberse quedado en Tésis, que al menos lo hacía menos mal que Fele Martínez xD
    Un placer leerte, Yaiza!

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