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Crítica de Halloween Kills

Hace tres años, David Gordon Green, Danny McBride y Jeff Fradley, a quienes por muy variada que sea su filmografía, se los asocia a la comedia burra, tomaron una saga maltratada por el paso del tiempo y le consiguieron dar un soplo de aire fresco. La estrategia pasó por tomar La noche de Halloween original, el mítico Michael Myers de John Carpenter, y encasquetarle una secuela directa cuarenta años después (titulada también La noche de Halloween para que no nos perdiéramos). Y a tomar por saco el resto de secuelas y remakes que hubo entre ambas. La cosa cuajó lo suficiente bien como para que se diera luz verde a lo que acabará siendo una trilogía, cuya segunda parte se estrena ahora con el nombre de Halloween Kills y que vuelve a contar con los dos primeros tras las riendas (a los que se suma Scott Teems en detrimento de Fradley).

Arrancando exactamente donde se quedó la anterior, el asesino de la careta blanca sigue haciendo fechorías a costa de los habitantes de Haddonfield, con una Jamie Lee Curtis postrada en camilla, convaleciente, viendo como hija y nieta deben hacer frente al mal. El tono, el ritmo, el aspecto, la música, todo sigue una línea continuista: el original es respetado en fondo y forma con infinidad de guiños y por vía de un nuevo slasher canónico y a su vez autoconsciente, donde la autoparodia se traduce en excesos de gore desternillantes por su explicitud inversamente proporcional a su verosimilitud. Y en una trama cuyo desarrollo es posibilitado por decisiones de personajes/víctimas a quienes mejor no exigirles demasiadas explicaciones. Todo ello en busca de la complicidad de un espectador con quien, de nuevo, la película consigue establecer una comunicación sin roces.

Así pues, ¿repetición por repetición? ¿Continuismo de la fórmula que funcionó hace unos tres años, y ya está? Pues sí, pero no: resulta que el tema central de Halloween Kills es acabar con El Mal… pero cuesta determinar la definición del mismo. A la que el pueblo descubre que Myers sigue campando a sus anchas (e innovando en el salvajismo de sus asesinatos), decide tomar la justicia por su mano y darle caza. Eso sí, a lo white trash norteamericana. Hasta el punto de establecer un premonitorio paralelismo entre la turba redneck en cuestión, disfrazada (es Halloween, después de todo) y armada con palos y bates varios, asaltando un hospital y exigiendo venganza a grito pelao, con el asalto al Capitolio de este mismo año. De no ser porque el estreno de esta película estaba previsto para el año anterior, casi podría jurarse que Gordon Green se inspiró en tan esperpénticos momentos para rodar su, eh, ficción. Aunque lo más probable es que se haya fijado en Los Simpsons, que también sabe retratar a la sociedad sin cortarse un pelo.

Sea como sea, el caso es que Halloween Kills hace oficial, por fin, lo que todo slasher que se precie ha dado a entender desde siempre, de manera algo más velada: que el pueblo norteamericano necesitaba, una parte al menos, de unos minutos más de cocción. Lo critica duramente y, de hecho, casi todo el bloque central de la película está tan centrado en labores sociales, como para olvidarse del desarrollo de la trama, de lo que el ritmo del film se resiente. Hablando en plata, tampoco es que se trate de una denuncia social densa y chichuda, el concepto queda claro a los pocos minutos y se agradece, pero todo tiene un límite. No le habría ido mal pasar a otra cosa lo antes posible, que de tan masticadito, el discurso acaba haciéndose bola.

Suerte de la personalidad del asesino, a quien además David Gordon Green retrata con infinidad de planos y escenas que se convierten en iconos en sí mismos (Myers saliendo de la casa en llamas, en lo alto de las escaleras mirando la cabeza de una de sus víctimas…). Suerte de la decisión de sus responsables por pasarse de rosca con las muertes y el gore. Y suerte de, en general, la complicidad que efectivamente se ha establecido entre ambos lados de la pantalla. No sólo le perdonamos los minutos centrales, sino que le reímos con satisfacción todas y cada una de sus gracias, incluido su descabellado clímax final… y quedamos a la espera, claro, de ese Halloween Ends que ya debería estar en plena gestación.

Trailer de Halloween Kills

Halloween Kills: el mal está en el pueblo
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué ver Halloween Kills

Michael Myers sigue dejando su entrañable (literal) rastro de sangre en un Halloween Kills que continua la anterior entrega tan y como la dejó, no sólo en lo argumental, sino a nivel de sensaciones generales. Un bloque central en que pierde un poco el norte no ensucia demasiado el resultado de este slasher respetuoso con el género, a la par que autoparódico y pasado, pasadísimo, de rosca.

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