holiday

Crítica de Holiday

Viene precedida de un halo de escándalo del que aquí nada explicaremos, puesto que se condiciona y de qué manera el visionado de una película que no parece querer jugar esa carta. Si bien no se corte un pelo, ojo. Isabella Eklöf quiere contar una historia que arranca desde un lugar que podemos reconocer. Un lugar cercano a la Sofia Coppola de Somewhere (o The Bling Ring), o al Harmony Korine de Spring Breakers: una chica llamativa, ganas de vida lujosa con tendencia al despiporre, una espiral difícil de contener… Pilares que nos suenan, a poco agradables además, que Eklöf construye de manera sumamente sosegada, adormeciendo voluntariamente al espectador como principal hipérbole de la nulidad absoluta de este tipo de vidas. Drogas, sexo, piscinas infinity. Y ninguneos. Y vejaciones. Y violencia. Balanza imposible de compensar con la que la directora juega a su antojo, adentrándonos de paso en esa espiral de desenfreno y cuyo devenir parece intuirse de todo menos halagüeño.

El problema: la directora y guionista nos inserta hasta la última consecuencia y sin concesiones. Peor aún: el mensaje crítico que esconde su Holiday parece que sí, pero en verdad no recorre la senda acostumbrada, escondiendo algún pasaje inesperado que obliga al espectador a masticar antes de tragar. El discurso está ahí, es evidente y no puede ser otro; pero la escala de grises por la que recorre la senda es brumosa como ella sola. De hecho, se ha querido comparar a la cineasta (de nuevo, a causa de una polémica que aquí no desvelaremos) con ciertos nombres, quedando en segundo lugar el que, a juicio de quien esto escribe, es más trascendental aún: más que unas vacaciones, esto son unos juegos divertidos. En el sentido de que, como ya hiciera Haneke cuando destrozara a todo el mundo allá por 1997, fuerza al espectador a tomar decisiones con las que no siempre vaya a estar de acuerdo.

Fundamental para el éxito, el semblante apenas inmutable de una entregada Victoria Carmen Sonne en el rol protagonista. Lo que la rodea parece que no vaya con ella, es normal el consumo de drogas, el abuso de poder (atención a cómo reacciona a una paliza que ve pero no ve), la circulación de ingentes cantidades de dinero. Pero aquí y allá, una sombra extra oscurece su rostro; o una sonrisa, en función de lo que la escena requiera. Miríada de poco perceptibles matices que oscurecen todo el aparentemente intranscendente metraje, y que culmina en un tercer acto de muy difícil digestión. Siempre, eso sí, desde una rigurosidad total por parte de una directora dura como una roca, pero consecuente y consciente de lo que se trae entre manos, y por tanto, incapaz de regodearse gratuitamente en ni una sola de sus escenas. Lo que no quita que el último plano pueda perseguir al espectador durante más tiempo del deseado.

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
4

En pocas palabras

Una película deliberadamente sosegada, para provocar una bajada de la guardia por parte del espectador de la que se aprovecha como quiere. Acaba cuajando en su crítica social, y removiendo alguna que otra tripa/conciencia.

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