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Crítica de Identidad borrada (Boy Erased)

Tras un sorprendente debut hace ya cuatro años, El regalo, Joel Edgerton pivota ligeramente su estrategia, para ir a parar al drama personal con crítica social. Sin por ello alejarse del todo del thriller. Un salto hacia adelante en madurez que hace de su nueva propuesta, Identidad borrada, un ejercicio iguamente estimulante, de lo más apreciable pese a su aparente corrección formal, o su drama sin nada de revolucionario. Por partes: Boy Erased (mejor que Identidad borrada) se centra en una de las tantas historias reales por las que aún tienen que pasar quienes se encuentran en medio de esa guerra cruzada entre la homosexualidad y la Iglesia. Un chico, demasiado joven para ello, tiene que pasar junto a otros compañeros, una estancia en un correccional católico que casi parece más una mili para gays que otra cosa. Talas vivencias, de Garrard Conley, son las que protagonizan la novela que ahora adapta y dirige (y co-protagoniza) Edgerton.

El reparto, el núcleo familiar compuesto por Lucas Hedges, Nicole Kidman y Russell Crowe, está sensacional, lo cual es obviamente la pieza clave para que funcione el invento. El hijo compone un dibujo sutil, creíble del enorme conflicto consigo mismo, de la misma manera que papá y mamá compensan sus roles evidentemente secundarios, con grandes dosis de carga emocional contenida. Y por su parte Edgerton se convierte en una especie de Diablo, siendo el capataz de dicho Centro de Corrección para Gays Católico Cristiano Apostólico. O sea, que bien; las bases están ahí y son suficientes para que la película funcione por sí misma. Pero lo que la hace ganar más entereza ya no es eso, ni la propuesta formal del director, convenientemente elegante, tan sutil como la evolución de sus personajes, y sumamente acertada a la hora de captar momentos íntimos. Identidad borrada destaca por la propia construcción del entramado, desde sus saltos temporales y sus elipsis, sus flashbacks y sus coqueteos con el thriller. Segunda vez que sale este término y, no, no me malinterpretéis: esto es un drama como la copa de un pino y en ningún momento se olvida de la importancia de su materia prima, que es la crítica (bastante demoledora) hacia la sociedad demasiado troglodita que aún nos rodea.

A lo que voy es a que el hecho de que se siga con un extra de interés por parte del espectador, se debe a que tanto se respira en ella de American Beauty o del cine de Xavier Dolan (no por nada presente en la película con un rol secundario), cómo de La chaqueta metálica o del propio El regalo. Batiburrillo de sensaciones que suman a la carga emocional, de por sí bastante intensa y eso que no se encuentra, en la película, concesión al melodrama barato. Al contrario, todo en ella es sumamente contenido (otra palabrita que vengo repitiendo en exceso, lo sé), permitiendo que los decibelios dramáticos suban por sí solos. Valiente a la par que consecuente decisión, que se mantiene hasta un final inevitablemente conmovedor… y sin embargo carente de cualquier twist, banda sonora excesiva o similar. Y es que a la postre, Identidad borrada es simplemente (!) un drama real e íntimo, sin heroicidades. Como tal se muestra, como tal se siente, y como tal triunfa.

Cambio de registro, salto hacia delante, y constatación de que la carrera de Joel Edgerton tras las cámaras tiene mucho potencial.

 

Joel Edgerton habla de Identidad borrada

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Sobrio, contenido pero no por ello menos intenso drama que sobresale por su reparto, pero también por el buen hacer de su director y guionista. No revoluciona, pero sí toca.

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